domingo, 25 de diciembre de 2016

MASPALOMAS Y EL TABLERO: EL SABOR DE LA NAVIDAD EN LOS AÑOS SESENTA DEL SIGLO PASADO.

MASPALOMAS Y EL TABLERO: LAS "COMEDIAS" DE NAVIDAD
EN BLANCO Y NEGRO.

Este Artícuulo/Reportaje fue publicado en el periódico "La Provincia/Diario Las Palmas", el viernes, día 23 de diciembre de 2016 (antevíspera de Navidad.
Por Pedro José Franco López


En los años 60, el Belén Viviente de Maspalomas aglutinaba en cada representación a la casi totalidad de los jóvenes del pueblo.

Los ensayos, en el interior de la propia Iglesia de San Fernando, era la gran diversión de los jóvenes de octubre a diciembre.

Como no podía ser de otra manera, en estas fechas forzamos la memoria de los maspalomeros de antaño para poner en valor, a la vez que sean de dominio público, aquellas obras de teatro navideñas que se celebraban en Maspalomas finalizando la década de los sesenta del siglo pasado (el próximo año se cumplirán cincuenta años de aquella primera experiencia). Ahora se llaman “Belenes Vivientes”, en el mundo del teatro clásico se les denomina “Autos Sacramentales”, pero por aquella época las llamábamos “Comedias de Navidad”; con el nombre específico, en Maspalomas, de “Divino Acontecimiento”.
 
A decir verdad, los verdaderos inicios fueron por el año 1.962, de la mano de Goyita González Valerón, una maestra que impartía su magisterio en Maspalomas y se implicaba en el quehacer socio-cultural de los jóvenes y años después, impulsado por el párroco Manuel Montesdeoca, se retoma la iniciativa, convirtiéndose los jóvenes maspalomeros en unos de los auténticos pioneros de los "belenes vivientes" grancanarios. 

En la Maspalomas de 1.967 se llegan a congregar hasta más de un centenar de “actores”, lo que quiere decir que, teniendo en cuenta la población  maspalomera de la época, era la práctica totalidad de la población juvenil y bastantes mayores que se sumaban para dar vida a María, José, Astrólogos, Ángeles, Herodes, Profetas, Reyes Magos, Pajes, pasando por el mismo Lucifer a veces y, las imprescindibles posaderas y pastores; éstos últimos recitando poesías y cánticos que proponían los maestros en la Escuela; los ensayos tenían lugar en el interior de la propia Iglesia de San Fernando, de octubre a diciembre de cada año, convirtiéndose para estos efectos en una especie de club juvenil, con los parabienes del párroco don Manuel Montesdeoca. 

Como la experiencia y referentes eran nulos, los textos eran extraídos de Libros de Misa y el resto pura invención colectiva; el lugar de las representaciones era el patio de recreo, anexo a la Escuela y la propia Iglesia del Poblado de San Fernando y como escenario de las distintas secuencias, una sucesión de montículos y pasillos fabricados con cajas de tomates, que nos prestaban los encargados de zona de los exportadores: Míster Pilcher y Juliano Bonny; hasta 10 camiones de cajas llegaron a necesitarse en alguna ocasión. 


Los papeles se repartían  al azar y según peticiones; puestos a repartir, el de coordinador y director, le tocó al que suscribe que, pecando de atrevido, le indicaba a Josefita López, cómo debían ser los trajes que debían lucir cada uno de los personajes. El “taller de costura” era el inmenso patio de lajas de su casa de labranza y los “costureros” eran los propios “actores”, todos ellos coordinados por mi madre, que hacía un hueco en sus clases de costura. 


Los “actores” del Belén Viviente que hacían de Reyes Magos, tenían asumido que el día de Reyes debían asistir, con el vestuario a Misa, la “presidían” en un lugar privilegiado y, hacían el besapiés al Niño Jesús, como todos los asistentes. 


Como época en que los trabajos de aparcería estaban en pleno apogeo era bastante numeroso el grupo de vecinos que se congregaba a contemplar estos Belenes Vivientes, tal es así que en más de una ocasión, el párroco (Don Manuel) celebraba la Misa del Gallo en el exterior de la Iglesia, en la mismísima cueva que hacía de Portal de Belén, junto a la Virgen María, San José, el Niño, los Reyes Magos y sus Pajes. 

En las distintas ediciones, se alternaban los personajes y el que fue San José pudo llegar a ser Rey y que el que hizo de Herodes, pudo llegar a ser apuntador y la que atendía una posada en el 67, pudo llegar a ser el mismísimo demonio en el 68. 

Con el tiempo, la vestimenta y accesorios se  fueron aumentando y complementando; tanto es así que en el verano del 68 se recaudaba dinero para sufragar gastos a la salida de las Misas, que era cuando los turistas de Las Palmas llenaban el templo y la plaza de San Fernando. 


Como no se recaudaba lo suficiente, un grupo de jóvenes, fuimos a la casa del Conde de la Vega Grande, para pedirle colaboración y éste nos dio una tarjeta para ir al Kilo de San Bernardo a comprar telas, complementos y artilugios de atrezo de toda clase. 


También se celebraban Belenes Vivientes en el pueblo de El Tablero, coordinado y dirigido por el entusiasta Juan Vega; además, se dio la circunstancia que, en 1970 el Párroco y un grupo de jóvenes solicitó  que fuéramos los de Maspalomas a escenificar "Divino Acontecimiento" al Tablero, pero, pensándolo mejor, se decidió hacer un reparto de papeles entre jóvenes de los dos pueblos. 

Así tuvimos que si San José era maspalomero, la Virgen era del Tablero; que si Herodes era de Maspalomas, su mujer y esclavos deberían ser del Tablero y que los Reyes de Oriente y sus pajes, deberían ser chicos de los dos pueblos también. 

 

El resultado de esta iniciativa que, aún hoy en día se comenta entre varios corrillos, tuvo un resultado muy feliz y causó muchísima expectación el que jóvenes de dos pueblos con una fama (supuestamente) de rivales y mal avenidos (como todo vecino que se precie), se unieran en un gesto de buena vecindad durante dos meses para escenificar un Belén Viviente en el interior del templo parroquial de la Santísima Trinidad. 

La convivencia durante casi dos meses, mientras duraron los ensayos, fue fantástica y, una experiencia muy válida para repetir hoy en día, afrontando juntos los jóvenes de dos pueblos vecinos iniciativas de cualquier rama de las artes, el deporte, la solidaridad o la cultura en general. 

No podemos dejar de reseñar en esta columna aquella Obra de Teatro de espíritu navideño representada en 1.979, llamada: "Algo para contar en Navidad", de gran éxito y aceptación, por lo innovador que resultaba la modalidad de "Teatro, dentro de Teatro"; y es que,  mientras el histérico director repasaba el último ensayo, le traen a una indigente inmigrante encontrada en la calle a punto de parir y lo hace en lo que iba a ser la cueva del Belén, echando una mano algunos actores entremezclados en el público. Mensaje totalmente válido para hoy, que hace treinta y siete años era toda una premonición de los aconteceres mundiales de hoy en día. Y, memorables también aquellas representaciones de las que casi se cumple el medio siglo de historia. 

Desde los años 80 y hasta la actualidad, surgieron varias iniciativas respecto a la actividad teatral navideña, entre ellas la de aquel grupo de teatro que formara Sito Rivero y que representó: "La Historia de la Salvación"; últimamente y, en años alternos, hemos podido disfrutar de una especie de macro Auto Sacramental llamado “De Belén vino la Luz”, que coordina y dirige el entusiasta Adán Verde Ojeda, a la vez que es autor de la letra y compleja escenografía; se basa, principalmente en el trabajo y desarrollo comunitario de colectivos de mayores y jóvenes, así como también de carácter solidario, ya que participan ONGs radicadas en Maspalomas y resto del municipio de San Bartolomé de Tirajana, aunque para este año, que sepamos, no está prevista ninguna representación. 

Un encomiable gesto sería rescatar esta propuesta de Adán Verde y, en 2017, unirse los pueblos del Tablero y Maspalomas a fin de conmemorar el cincuenta aniversario de aquellas pioneras "comedias" de Navidad, con representaciones en cada uno de los pueblos, por supuesto, con la participación e implicación de las instituciones y las dos Parroquias. Dicho queda.




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