viernes, 21 de julio de 2017

TUNTE: ENTRE SANTIAGO “EL CHICO” Y SANTIAGO “EL MAYOR”.

Por Pedro José Franco López


En julio de 1864, se justificaban los motivos del traslado de Santiago “El del Pinar” ó Santiago “El Chico”, a la Iglesia de San Bartolomé de Tirajana (Tunte).




Fue el 27 de septiembre de 1.849, cuando el Obispo Buenaventura Codina ordenó el traslado de la imagen de Santiago “El del Pinar” desde su originaria Ermita, hasta la Iglesia de San Bartolomé, en Tunte; catorce años después, en respuesta a un escrito firmado por los vecinos de El Pinar, en el que solicitaban la devolución de la imagen, el Obispo Joaquín Lluch Garriga, sucesor de Buenaventura Codina, rubrica un Informe en el que argumentaba y justificaba los motivos que llevaron a ordenar aquel traslado y que, entre otros, eran los siguientes:

 “…Teniendo noticias de que casi a las puertas de la ermita se cometían las acciones más impuras; que hasta dentro del sagrado recinto se proferían palabras escandalosas, y que en la misma sacristía se entregaban algunos malvados a la destructora pasión de los juegos de azar; (sirviendo para esto alguna vez el mismo dinero de las limosnas, que extraían de la caja del santo con el mayor cinismo); resolvió quitar de una vez para siempre la causa ocasional de tamaños desórdenes, mandando a demoler la casa contigua a la ermita y trasladar la venerada efigie a la parroquia de este pueblo dejando a la ermita del apóstol Santiago, entredicha y cerrada pues, año tras año, aquello tenía más de bacanal que de fiesta religiosa” (Informe del Obispo Lluch, del 1-7-1864. (Carpeta de documentos de la parroquia de San Bartolomé. Archivo Diocesano de Las Palmas de Gran Canaria).

Y es que era tal la afluencia de peregrinos al Pinar que, a mediados del s.XIX surgía un conflicto entre Gáldar y Tunte, en el que el ayuntamiento galdense le reclamaba al Obispado de Canarias 300 pesos de las limosnas que se recogían en Santiago de Tunte, ya que hubieran menguado considerablemente las rentas de su Parroquia, “…pues los romeros llevados más por un espíritu de novedad, que por devoción, han vuelto la espalda a Santiago de Gáldar y se han encaminado a Santiago del Pinar con sus romerías y cuantiosas limosnas”.
Tenemos que remontar a mediados del s. XV como época en que nace la advocación, que coincide con el momento en que unos marinos oriundos de Galicia navegaban frente a la costa del Sur de Gran Canaria y fueron sobrecogidos por una tormenta que inesperadamente desencadena, interrumpiendo lo que hasta entonces había sido una feliz travesía. Los embates que el bravo oleaje produjo en la embarcación dio lugar a un naufragio, y la angustiosa situación que padecieron les hizo encomendarse al apóstol, arrodillándose ante una imagen que del mismo veneraban.

A cambio de la salvación se comprometieron a erigir una ermita en la primera tierra firme en que desembarcasen; el milagro se verificó, desembarcan por Arguineguín y con la imagen de Santiago al hombro emprenden el viaje de la promesa; suben por los Lomos de Pedro Afonso o Hueso Bermeja; cruzan por las silenciosas “Playas de Chira”, se encaraman por los Canalizos y, finalmente, descansan en El Lomito de Santiago, en el Valle de la Plata. Y allí, construyendo una emita, dejan la imagen de Santiago y emprenden el viaje de retorno. Tanta fuerza adquirió esta leyenda al cabo del tiempo que, incluso llegó a denominarse a la imagen “Santiago, el de la Leyenda”.

Tal como se suele hacer con Ntra. Sra. del Pino, que baja con cierta frecuencia a la capital de la isla, por diferentes motivos; los escritos dejan constancia que de forma espaciada y por razones concretas, “Santiago el del Pinar” bajaba hasta el pueblo de Tunte; así señalan que el 16 de abril de 1841 lo hace a petición del alcalde y con autorización del Obispo Judas José Romo, para rezarle a favor de las lluvias.  Otra tuvo lugar en marzo de 1845, también por falta de agua y la petición la hizo el alcalde Gregorio de Matos.

 Santiago “el del Pinar” ó Santiago “El Chico”. Siglo XV

Sobre la escultura, efigie ó imagen de Santiago “El del Pinar”, hay que señalar que es de rudimentaria factura y que, como ya hemos indicado está fechada en el s.XV.  El inexorable paso del tiempo hizo mella en esta talla y fue intervenida por varios restauradores unas veces con más éxito que otras y, casi siempre, por indicación de los propios peregrinos que continuamente manifestaban su descontento por el deterioro que presentaba, preguntándose por el fin de sus donativos.

Recientemente, en 1988, se acomete la última restauración de la imagen debida a José Paz Vélez; según su informe la policromía se encontraba en un estado deplorable, fruto de los sucesivos retoques a los que había sido sometida. En algunas partes de sus manos faltaba la encarnadura y la madera presentaba profundas grietas.
 
A partir de 1903 esta imagen comienza a ser denominada “Santiago el Chico” para diferenciarla de otra de mayor tamaño que llega ese año a la parroquia de San Bartolomé previo encargo del sacerdote Pedro Hernández. Aunque no se llegó a realizar, el ya citado obispo Buenaventura

Codina había ordenado en 1851 la elaboración de otra imagen, especificando que debería representar a Santiago Peregrino, modelo iconográfico que surge en el s.XII como consecuencia de las peregrinaciones a Compostela y que figura al apóstol de pié, apoyado en un bordón, portando la típica calabaza y cubriéndose con un sombrero con veneras incrustadas.

Como hemos indicado, esta orden no fue cumplimentada, pues a la Junta Parroquial le inspiraba más devoción la imagen montada a caballo, por lo que, medio siglo después esta nueva obra repite la iconografía de su precedente.

Santiago “El Mayor”. (1903)

La imagen de “Santiago el Mayor”, como se le conoce popularmente, fue realizada por Francisco Villa en madera recubierta por escayola, se encuentra ubicada en el fondo de la nave derecha del templo ante un retablo de estilo neogótico tallado en madera de cedro por el maestro galdense Juan Betancort.

Los costos del conjunto escultórico ascendieron a 4.350,80 pesetas, cantidad en la que quedaban incluidos los gastos de embalaje y flete desde Barcelona. Por su parte, las del retablo se cifran en 2.350 pesetas. Diez años después, la nueva imagen se vio enriquecida por un elegante trono realizado en plata, que fue adquirido a la empresa de ornamentos religiosos Burillo, con sede en Valencia. Fue financiado a merced de donaciones particulares, completándose el resto de su importe total, que ascendía a 3.500 pesetas, con las limosnas del apóstol.

Así como la imagen de Santiago “El Chico” protagoniza la Romería, el acto más popular y entrañable de las Fiestas Patronales de Tunte; es Santiago “El Mayor” el que preside la solemne función y Procesión religiosa del 25 de julio de cada año.


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