martes, 22 de agosto de 2017

REFLEXIONES SOBRE SAN BARTOLOMÉ, PATRÓN DE TUNTE Y DEL MUNICIPIO TIRAJANERO

Por Pedro José Franco López

La “derrota de San Bartolomé”, de la que se cumple el 538 aniversario, convierte a Tunte en uno de los escenarios más importantes de la conquista de Gran Canaria.

Se entrecruzan y acumulan muchos aspectos a tener en cuenta al momento de escribir por estas fechas una columna sobre San Bartolomé y, en la medida de lo posible trataremos de no obviar ninguno de ellos, por lo que trataremos de la obra y vida del propio santo; de la iglesia primitiva levantada en su nombre; del 538 aniversario de la “Derrota de San Bartolomé” y de los orígenes y autoría de la imagen que se venera en su templo parroquial.

Hecho histórico aborigen y castellano.

Para empezar digamos que la iglesia suele ser el monumento arquitectónico más importante de cada pueblo y en ellas se centran su historia y cultura: además, en su entorno se construyen las casas, se perfilan plazas y alamedas, se delinean calles y avenidas. La de San Bartolomé de Tirajana –Tunte- se construye terminada la conquista y se le dedica a San Bartolomé en recuerdo a la llamada “derrota de San Bartolomé”, de la que se cumple el 538 aniversario: (1479/2017).

Aquella batalla que tuvo lugar entre castellanos y aborígenes, convierte a Tunte en uno de los escenarios más importantes de la conquista de Gran Canaria, pues aquí fue dónde se desarrollaron los últimos episodios.

Nos paramos un poco a contar la versión que nos deja de este hecho Pedro Agustín del Castillo en su “Descripción histórica y geográfica de las Islas Canarias, 1737)”, que cuenta lo siguiente en cuanto a la incursión por tierras tirajaneras que hizo el conquistador capitán Pedro Fernández Cabrón, acompañado por el prelado Juan de Frías:

“…Hisose a la vela Pedro Cabrón, a los Puertos de Maspaloma y Arganegín, hechando gente en ello; y, solicitando penetrar a Tirajana, halló a aquellos naturales tan promptos, que se encontró con el “Faycán” de aquella Comarca; que sin aver menester más gente que otras, acometió a Pedro Cabrón. Que poco baquiano en aquellos terrenos y asperesas, a los primeros abanses se encontró con una de las muchas piedras que arrojaban los “Canarios” que le descompuso lo voca, dexóndole com mui pocos dientes; y presissando volverse a los navíos, que logró con mucha pérdida de los suyos, tubo a buena fortuna ponerse a salvo y volverse al Puerto del Real de Las Palmas…”

Se cuentan muchas historias al respecto; unas con rigor histórico y otras que han pasado de padres a hijos y han perdurado en el tiempo como aquella que nos dice que, cuando los castellanos se introdujeron en la caldera de Tirajana, fueron duramente atacados por los nativos, siendo consecuencia de ello que sus fuerzas se vieron mermadas. De éstas, algo más de ochenta supervivientes fueron hechos prisioneros y condenados al fuego votivo del Beñesmen, pero la intervención de una anciana aborigen hizo que no se verificara el sacrificio. Esto acontecía la noche del 24 de agosto de 1479, día en el que el santoral celebra la festividad de San Bartolomé apóstol y mártir, por lo que en gratitud al santo, prometieron elevar una ermita en su honor.

La Iglesia de Tunte.


Según Santiago Cazorla León, esta derrota tuvo lugar en el camino de Risco Blanco, dónde habían destruido el “templo aborigen”. Terminada la conquista se levanta la primitiva Iglesia de San Bartolomé en Tunte, posiblemente hecha de piedras y barro que, a menudo tenía que ser reparada y en la que casi no cabían fieles y, con un gran problema, las misas eran de cuando en cuando, pues no tenían asignado sacerdote.

El 27 de noviembre de 1534 los vecinos de Tunte se dirigen al Cabildo Catedral pidiendo ayuda y en diciembre de ese mismo año les da ocho doblas de oro cada año, para ayudar a pagar los servicios de un cura que ellos mismos elegirían.

La actual Iglesia Parroquial de San Bartolomé como tal, se comienza a construir en 1680 y en 1692 se termina de techar. Durante el tiempo ha sido sometida a sucesivas reformas que le dan la esbeltez de hoy en día en que preside solemnemente el propio pueblo y la vida local y ganándose por derecho propio la categoría de Bien de Interés Cultural.

El santo apóstol.

San Bartolomé; que fue uno de los doce apóstoles de Jesús, es venerado en la Iglesia católica, en la ortodoxa e incluso en las Iglesias no calcedónicas (Iglesias orientales que sólo aceptan los tres primeros Concilios del Vaticano).

Su martirio y muerte se atribuyen a Astiages, rey de Armenia que mandó llamarlo y le ordenó que adorara a sus ídolos. Ante la negativa de Bartolomé, el rey ordenó que fuera desollado vivo en su presencia hasta que renunciase a su Dios o muriese. Fue tan larga su agonía que, al día siguiente al ver que no hubiera muerto, ordenó que se le degollase. En la Capilla Sixtina, Miguel Ángel le representa con la piel en su mano y en la misma, un autorretrato suyo.

Bartolomé Cairasco de Figueroa (LPGC 8 de octubre de 1538-1610), poeta, dramaturgo y músico canario, en la página 244 de la “Tercera Parte del Templo Militante” hace una bella y trágica referencia al martirio de San Bartolomé, dice así, en castellano antiguo:

Fue el martirio cruel tan importuno,
Que no puede acabarse en sólo un día,
Que, como cuero y carne todo es uno,
Quitarse fácilmente no podía;
Deténgase en lugar tan oportuno
A contemplar un poco el alma pía
Del pérfido tirano la inclemencia
Y del sagrado apóstol la paciencia.

En fin, toda la piel del pié a la frente,
Se le quitó como si fuera un manto;
Y viéndole con vida al día siguiente,
No sin piedad el Pueblo, horror y espanto,
Mandóle degollar el insolente.
Y el alma bella de su albergo santo,
Viendo tiempo y lugar por la herida,
Salió a gozar de la perpetua vida.

Celebrase su fiesta en Roma en veinte
Y cinco días del mes de Agosto, y fuera
A veynte y quatro, que la diligente
Yglesia lo ordenó de esta manera.
La causa como dice docta gente,
Fue dilatarse así pena tan fiera,
Y celebrando Roma el degollarle,
Celebran los demás el deffollarle

 La imagen de San Bartolomé

De la primera imagen de San Bartolomé no se tiene conocimiento, pero se deduce que podría ser una “imagen de bulto” –de las de vestir-, ya que existen inventarios de túnicas y capas para el ropaje de las procesiones, como es el caso de la Virgen del Pino, por ejemplo.

La gente de Tunte da por sentado que la nueva imagen de San Bartolomé obedeció a la gubia de Luján Pérez (1756/1815), aunque ninguno de los historiadores que han estudiado a este imaginero la incluye en el catálogo de su producción. No es desacertada la suposición pues, según expertos, el estilo y la impronta de Luján Pérez (que por aquel entonces contaba con 27 años) se hacen presentes en la talla; si no fuera así, de seguro que debió ser algún aventajado discípulo del artista.

La esbelta imagen que, como patrón de Tunte y del municipio tirajanero preside la hornacina central del retablo mayor de la Iglesia Parroquial de San Bartolomé de Tirajana –Tunte-, está tallada en madera y policromada, luce sus atributos oficiales: el Libro de las Sagradas Escrituras y el cuchillo en referencia al que se usó para desollarle.

Para terminar, el nombre “Bartolomé” que procede del patronímico arameo, viene a significar etimológicamente: (Bar/Hijo y Tolomé/Cultivador y Luchador), viene a decir mucho también de la impronta, la idiosincrasia y personalidad de la gente tirajanera. 




TUNTE, EL HOMENAJE A LOS CARBONEROS, RINDE TRIBUTO A UN OFICIO INGRATO Y FURTIVO.


Ø Los antiguos carboneros se reunían en La Laguna para descansar, poco antes de entrar al pueblo con su preciado cargamento.

Ø Es una manera lúdica de rendir homenaje al oficio tradicional del Carbonero y a los que lo practicaron con tanto esfuerzo y sacrificio para sacar adelante a su familia
 

Por Pedro José Franco López.

Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.




Con una gran fiesta denominada “Día del Carbonero”, también conocida por “La Bajá del Carbonero”, es la manera en que la gente de Tunte homenajea a este noble oficio tradicional y a los que lo practicaron, de manera furtiva, hace ya más de medio siglo; como ya es costumbre, este año también se hace coincidir este evento con la víspera del 24 de agosto, festividad de San Bartolomé, compatrono del municipio.

Los antiguos carboneros se reunían en La Laguna para descansar, poco antes de entrar al pueblo con su preciado cargamento. Allí se les ha homenajeado dedicándoles la “Plaza del Carbonero” y, desde ahí mismo, el miércoles 23 de agosto, será desde dónde arranque una comitiva, sobretodo de  niños y jóvenes, ataviados con las ropas más viejas del cuarto trastero y con las caras tiznadas de carbón y, visto los días de calor que nos está tocando vivir, de seguro que también se teñirán las manos, los pies y, toda aquella carne que las buenas maneras permiten dejar a la vista; acompañados de Charanga y Papagüevos, el jolgorio terminará en la plaza del pueblo, dónde llegarán casi limpios de hollín, pues los vecinos se habrán encargado de rociarles baldes y manguerazos de agua desde las azoteas y balcones.

Es una manera lúdica de rendir homenaje al oficio tradicional del Carbonero y a los que lo practicaron con tanto esfuerzo y sacrificio para sacar adelante a su familia, en aquellos años de posguerra y, para colmo de males, dando con sus maltrechos cuerpos en el cuartelillo o la mismísima cárcel, muchos de ellos.

Esta fiesta, a poquito que se ponga en valor y le cuiden algún que otro detalle y se le dote de ciertos condimentos, está llamada a convertirse en el transcurrir del tiempo en todo un gran evento al estilo de “La Rama” en Agaete o “El Charco” en La Aldea. No es exagerar, si tenemos en cuenta que la “Bajá del Carbonero” cuenta con el perfil propio para ello y que, todo gran evento de hoy en día, tuvo sus inicios, más o menos, de la misma manera.

Para empezar, habría que intentar consolidarla cada año más y no contrarrestar ningún logro obtenido; lo decimos porque esta fiesta ya tuvo un precedente en que días antes de la bajada, se organizaba “La Subida de la Leña a la Hoya del Carbón” -Plaza del Carbonero- y que ha desaparecido.

Por poner un ejemplo, al igual que otras celebraciones análogas, la organización y autoridades, pudieran ir creando precedentes, participando en la Bajada ataviados con la vestimenta característica del oficio carbonero; tal como lo hicieron hace unos sesenta años: José Tejera Pino, José Tejera Rodríguez (Pepe el negro), Lisandro Hernández Díaz, Pedro Mejías Ascario, Julián Trujillo Rodríguez, Antonio Ferrer Monzón, Manuel Suárez López, Manuel Montesdeoca López, Manuel y José Suárez López, José Herrera Santana, José Hernández Hormiga, Francisco y Pedro Mejías Arbelo, Antonio Trujillo Rodríguez, José Morales Hidalgo, Santiago López Araña, Antonio y Vicente Santana Medina y Teodoro Pérez Pérez, Domingo Guerra, José Arbelo (el del Sequero) y tantos otros que ejercieron este trabajo en la primera mitad del pasado siglo XX.

En el asesoramiento de la vestimenta adecuada, tendría mucho que decir el grupo de mujeres que, ataviadas con vestimenta antigua asisten a cada evento festivo de Tunte y, que a estas alturas, ya estarán preparando los atarecos para su cita anual en la Romería del Pino. Otro ejemplo también sería el de teatralizar el personaje de “Lolita la de la huerta” que, según dicen, colocaba una sábana encima de la piedra rajá, para avisar a los carboneros de que venía la Guardia Civil.

Para confeccionar esta modesta columna hemos recurrido a los trabajos de investigación de Yuri Millares, con relatos de los maestros del carbón: Nardo Jiménez y Juan Sarmiento que aparecen en las revistas “Ruta Archipiélago” y “Pellagofio”; también nos ha ayudado el trabajo que aparece en el Programa de las Fiestas de San Bartolomé Tunte-2008, dónde podemos ver los nombres de hasta 18 carboneros y las fotos de ocho de ellos, con su año de nacimiento (todos entre finales del s.XIX y primeros años del s.XX).

Existe una jerga específica y toda una cultura muy larga de contar en torno a este oficio; por ejemplo, como dice Nardo Jiménez: “El fuego allá dentro no camina como llama, sino un fuego lento, como el gas; por eso la construcción de las hoyas debían tener la orientación de mar a cumbre, porque por el día el aire corre para arriba y, por la noche al contrario”.

Valiosa también las aportaciones de Bernardino Guerra González, conocido por Tino que, por ejemplo, nos habla de los sacrificios de los carboneros de entonces que además del esfuerzo que conllevaba el oficio, lo tenían que hacer a escondidas de los Guardas forestales y de la Guardia Civil, pues estaba totalmente prohibido cortar leña y hacer carbón. Y pone especial hincapié en cómo se fabricaba el horno dónde se quemaban las maderas de las cumbres tirajaneras.

Primero se cortaban los pinos, se pelaban y los troceaban antes de introducirlos en “La Hoya”. La “hoya tendida” era un hueco de un metro de profundidad y 3 ó 4 metros de diámetro; una vez llena de troncos, se cubría con tierra cernida, para que no quedaran grietas por ningún lado. A continuación se prendía con un trozo de carbón ardiendo y se cubrían todos los posibles coladeros de aire, aunque, estratégicamente, se podía dejar algún que otro “machinal”: “No le dejo más que humee un poquito”. Finalmente y, con toda la paciencia del mundo, esperar entre tres y cinco días a que ardiera la hoya; como dice Nardo Jiménez: “El fuego allá dentro camina lento”.

Las hoyas las preparaban en terreno semillano y en “fonducos”, para que no les diera el aire y, sobretodo, para que no estuvieran a la vista de los agentes forestales. Cuando más tenían que estar al acecho era en el momento de cortar, trocear y trasladar los pinos hasta la hoya (muchos fueron denunciados y encarcelados); el trabajo de la quema era de noche y no había peligro que les descubriesen, “el humo de noche no se ve y de día es como si fuera vapor”.

Cuando terminaban de prender los troncos, se desbarataba la hoya, se extendía el carbón y se le daban brochazos de agua para enfriarlo antes de meterlos en sacos: “ensaquilarlos” como algunos decían. Finalmente, se traían al pueblo para venderlos, bien a cambio de dinero o por sacos de papas; el reparto por los pueblos de los alrededores se hacía en burras y, para vender en Telde o Las Palmas, se aprovechaba alguna camioneta.

Aunque en Tunte ya nadie ejerce esta actividad, la perpetuidad de la actividad parece garantizada. La asociación "Chamarusco Carboneros de la Cumbre”, se creó en el año 2004 y surgió a raíz de una serie de iniciativas de la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria.

Este grupo de carboneros, entre los que hay algunos del Término Municipal de San Bartolomé de Tirajana, ha logrado la creación de una marca comercial “Carbón de la Cumbre”, la cual se encuentra registrada en la oficina española de patentes y marcas como producto procedente de las cumbres de Gran Canaria y reseñando que es un producto y un oficio forestal tradicional de Gran Canaria que se viene realizando desde tiempo inmemorial y que, al mismo tiempo, destaca por unas prácticas sostenibles y ecológicas.

BERNARDINO
GUERRA GONZÁLEZ -TINO-

De los de Tunte de toda la vida, es un incondicional de la cultura popular, del folklore y de las tradiciones canarias. No hay romería que se precie dónde no esté su Carreta que capitanea su hijo Ismael Guerra.

Para esta columna y para la “Bajada del Carbonero Tunte-2015”, Tino se arranca por poesías y ha creado una con métrica y rima muy “sui géneris”, pero poesía al fin y al cabo. Es como sigue:




POESÍA AL CARBONERO

Por los pinares de Tunte
bajaban los carboneros
con la mirada adelante,
mirando para los pueblos
y cambiaban el carbón
por: papas, carne, ajos o huevos.

En la Degollada de Rosiana
se paraban al acecho
a que pasara Manuel Reyes
y Talavera en sus bestias.

Bajaban por Pilancones
El Ventoso y las Tederas,
Subían por Gitagana, Arteara y Fataga
Camino del Lomo Vera.

En las “hoyas de carbón”
se tiznaban con el hollín
y parecían unos esclavo
que venían de otro país.

Así termina la historia
de los pobres carboneros,
que muchos dieron la vida
Por el hambre y la miseria de su pueblo.