jueves, 6 de septiembre de 2018

(4 de 17).- XX ANIVERSARIO DEL LIBRO "MASPALOMAS ANTIER".


Por Pedro José Franco López.

 

DÍA DE PLAYA

 

La paradisíacas Playas de Maspalomas eran entonces un espacio virgen para el esparcimiento y para pasar el día de descanso. Podemos imaginarnos hoy el disfrute de los grupos de maspalomeros que iban de excursión a estas playas hermosas, inmensas y enteramente solitarias.

El día de playa tenía mucho más el sentido de una excursión dominguera que el carácter lúdico que hoy tenemos del disfrute del mar. Era, sobre todo, un día de esparcimiento y de alegría, de descanso y de comunicación vecinal. Es decir, predominaba enteramente el carácter de convivencia familiar y de vecindad de los escasos habitantes que por entonces moraban en Maspalomas.

Había que ir a caballo o en burro, a través de la carretera de La Charca, a la Playa de Maspalomas o la pista de tierra de la Cantina de "Los Artiles" en Playa del Inglés y, con el permiso previo del mayordomo del Conde. Más tarde, se iba en moto o en la furgoneta que llevaba a toda la familia.

A partir de aquí comenzaba la fiesta. Era un día de excursión de la familia o de los grupos de amigos. Una tienda de lona, instalada junto a la orilla, protegía de los rayos del sol y permitía contar con los elementos domésticos que proporcionaban las mínimas comodidades.

Las familias de campesinos de Maspalomas que accedían a las inmensas superficies de la playa gozaban de ésta en una privilegiada soledad. No había turistas, ni otros visitantes. Las mujeres mantenían su vestimenta habitual, que no se distinguía entre el estar en la orilla del mar o el vivir tierra adentro.

Nadie iba a tomar el sol, sino a pasar un día de ocio y diversión. Ya soportaban demasiado los intensos rayos del sol en sus tareas de labranza a lo largo de la semana.