jueves, 20 de septiembre de 2018

(11 de 17).- XX ANIVERSARIO DEL LIBRO "MASPALOMAS ANTIER".


Por Pedro José Franco López.

 

LOS TENDERETES: LA VIDA SOCIAL



De entre los Tenderetes y Fiestas de los años 50 y 60 del s.XX, predominaban, como muestran las fotos, los que se hacían en la playa, el “Bosque”, bajo el “Árbol Bonito” o, incluso, en el "Patio interior del Faro", en los que nunca faltaban el timple y la guitarra.

También estaban las celebraciones de bodas, a las que todo el pueblo estaba invitado, un momento especial para inmortalizar en las fotos los grupos de familiares y amigos.

Después vinieron las «reuniones», en casas particulares que, al igual que a la antigua usanza, se apartaban muebles y aparecía una "espléndida" pista de baile; alrededor de un modesto tocadiscos y, como siempre, el patoso, que no ligaba, hacía de "DJ".
Uno de los documentos gráficos importante que ilustran este capítulo, aparece un grupo de personas en animado jolgorio en el "Árbol Bonito" y, en el dorso puede leerse: “La Peña de Maspalomas”, fechada en los años cincuenta.

Nos da cuenta de que los maspalomeros tenían lugares que muchos aun rememoran y añoran, para la convivencia y el esparcimiento: “La Prensa” era sitio que había que frecuentar asiduamente por quien quisiera estar al día de los últimos acontecimientos. “La Pared”, que bordeaba y limitaba prácticamente el perímetro del pueblo, era el punto de referencia de situación para todo. Junto a ellos no pueden olvidarse el cine de lata “Tripita Seca”, espacio de encuentro de los jóvenes en dónde el acomodador imponía el orden y el silencio amparado en una vara de caña; mención aparte merece “El Paseo” de la juventud (en edad de noviazgo), los domingos por la tarde, a lo largo de un tramo de la carretera y que propició tantos noviazgos y matrimonios, que aún hoy en día viven y rememoran muchas anécdotas.

Destacar también: “La Tienda y Patio de Juanito Artiles”, “La Fonda”, “La Cantina”, el “Bar de Antonio Franco” y, especialmente la "Tienda de Agustín Rivero y Pino Rodríguez", que por tener cinco -5- hijos, se convertía en punto de encuentro de la chiquillería y juventud de un pueblo que, antes del Poblado de San Fernando, tenía tan sólo unas cien viviendas.