jueves, 31 de enero de 2019

("la luuuú..., la luuuú..., la luuuú...") La llegada de la Luz a Maspalomas.


Por Pedro José Franco López.

 

Esta columna es la segunda entrega de los "Apuntes" con los que contribuimos a la obra literaria "Hágase la Luz", del escritor e investigador galdense Ángel Ruiz Quesada.



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Es en 1961, a partir del mes de marzo, cuando podemos disfrutar por primera vez de la luz eléctrica en Maspalomas y fue cuando se inauguró el pequeño "Poblado de San Fernando", que, con sucesivas ampliaciones, se ha convertido hoy en día en todo un pueblo, casi contrarrestando protagonismo al topónimo: "Maspalomas".

Hasta ese día, sólo disponían de luz, algunos privilegiados que tenían motor particular: el mayordomo del Conde, que daba también iluminación a los alrededores de su domicilio,  en lo que se llamaba el "Camino del Conde", hoy: C/. Alcalde Marcial Franco. Se cuenta que existía otro motor en el núcleo de población de "El Charco", muy posiblemente el mismo del Faro de Maspalomas y, más tarde, a principio de los años 60 del s.XX, cuando la NASA instala en Maspalomas la Estación de seguimiento de los Proyectos "Mercury", "Gémini" y, poco después "Apolo", ésta suministra electricidad a las viviendas de sus alrededores.
 

Pero la luz pública (propiamente dicha- se hizo esperar algunos años más, y llama poderosamente la atención que aquel pueblecito (el Poblado de San Fernando), de aspecto modernista, diseñado por la prestigiosa mano del nunca suficientemente reconocido arquitecto Manuel de la Peña, no tuvo inicialmente previsto la iluminación eléctrica y, durante unos cinco años hubo que hacer uso de las tradicionales velas, quinqués o luces de carburo.

Y, si de día tenía un aspecto alegre y vanguardista, por la noche aparentaba lúgubre con sus calles cubiertas de gruesos granos de picón que, por supuesto, contrastaban en gran manera con las viviendas del resto del pueblo maspalomero, salpicado de viviendas de arquitectura tradicional canaria; -tejados a dos aguas- y generosos patios enlajados.
 
En las afueras del Poblado se instaló un motor que daba luz desde el atardecer hasta medianoche y, cuando se procedió a abrir mil y una ranuras, se instaló el cableado y las luminarias y, definitivamente se iluminaron el interior y las calles de este entrañable núcleo urbano, aquello fué una algarabía total.... los chiquillos no paraban de correr gritando: ("la luuuú..., la luuuú..., la luuuú...")


Y los vecinos se concentraban en los domicilios de los que tenían televisión, (dos o tres en todo el pueblo), y en las noches veraniegas se organizaban en las aceras multitudinarios Juegos de Lotería.

A partir de este momento es cuando el pequeño Poblado de San Fernando se convierte en el punto de encuentro y concentración de todos los vecinos de Maspalomas y, de las cercanas cuarterías de aparceros.

Quede dicho que a partir de este instante también, el Poblado de San Fernando pasa a ser el centro neurálgico de toda la zona de costa del municipio de San Bartolomé de Tirajana, coexistiendo en torno a su plaza central, (hermosamente empedrada con canto rodado de colores, que formaban figuras geométricas): la Oficina Municipal –que por primera vez se descentraliza de Tunte-; La Tienda de aceite y vinagre; el Correo; La Farmacia y la Casa del Guarda Jurado. Todo ello, además de: la Iglesia y la Escuela que también hacían de Casa de la Cultura o lugar de encuentro y ocio de los jóvenes.


Así tenemos, en el Poblado de San Fernando: el centro del poder político, social y religioso de casi toda la zona de costa del municipio de San Bartolomé de Tirajana.

A este respecto: mil anécdotas que contar que forman parte de la apasionante historiografía de un pequeño Pueblo, en el que hoy conviven en feliz armonía, una sociedad multicultural: abierta, tolerante, acogedora y solidaria.