miércoles, 29 de mayo de 2019

A LA ESPERA DEL PATRÓN


SAN FERNANDO: EL HOMBRE, EL REY, EL SANTO.



Todas las crónicas coinciden en que, en igual medida, era temido y admirado por sus enemigos, a los que trataba caballerosamente.


Por Pedro José Franco López
Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.


La Biografía de Fernando III, el Santo, Rey de Castilla y León (San Fernando) y, por proximidad evidente, patrón de Maspalomas; supone no sólo el conocimiento de una vida apasionante y misteriosa en la que se unen los más elevados pensamientos de espiritualidad con las aventuras guerreras más feroces, sino también la encarnación en su persona de las instituciones más características de la Edad Media: la Caballería, la Monarquía, la Guerra y los grandes hechos de armas: el amor ardiente y profundo, el Arte, la Santidad…

Como Rey, consiguió reunir definitivamente las coronas de Castilla y León. El reino de Castilla lo heredó en vida de su madre Berenguela y, accedió al trono de León porque Teresa de Portugal así lo dispuso, aunque sus dos hijas fueras legítimas herederas y a pesar de que su padre, Alfonso IX de León, invadiera las tierras de Castilla para conquistarlas, logró por procedimientos que todavía sorprenden no enfrentarse a él. Y con los miembros de la Casa Lara, que buscaron incansablemente su muerte y la de su madre, ejerció como Rey con una capacidad de perdón tal vez única en la historia de España. Además, todas las crónicas coinciden en que era admirado y temido por sus enemigos, a los que trataba caballerosamente.

Entrando en el terreno de la Santidad, nos dice mucho el que, por su talante conciliador, como Rey, como esposo y padre, como guerrero y cortesano galante, consiguió que, en vida, el pueblo le denominara con el apodo de “el Santo”, cuatrocientos años antes que el pontificado aceptara incluirlo en el catálogo de los santos de la Iglesia Católica.

Son impresionantes las crónicas de la época (en castellano antiguo), cuando describen y detallan los momentos previos a su muerte, y es que al saber próximo su fin, postrado sobre un montón de cenizas, pide que le despojen de todos sus atributos reales, que le quiten las ricas vestiduras que tenía, que quede simplemente con un pobre sallo y además una soga al cuello, como símbolo de humildad.

Momentos antes de fallecer, Fernando III no tiene más que gestos de perdón, de humillación y de contrición. Desde un punto de vista humano, además del de cristiano, no hay nada más impresionante, más profundo, más real, que el exclamar, como él hizo: ... "Desnudo salí del vientre de mi madre, que era la tierra, desnudo me ofresco della. E, Señor, rresçibe la mi anima entre la compaña de los tus siervos"...


Dejó dicho que no se le hiciera estatua yacente en su tumba; pero en su sepulcro grabaron un epitafio impresionante que redactó su hijo (el Rey Alfonso X, el Sabio), en cuatro losas de alabastro y, en latín, castellano, árabe y hebreo y todavía están a un flanco y otro del altar sobre el que reposa la urna de plata, con el cuerpo incorrupto del Santo, en castellano antiguo dice así:.

“Aquí yace el muy honrado Don Fernando, señor de Castiella é de Toledo, é de León, é de Galicia, é de Sevilla, é de Córdoba, é de Murcia, é de Jaén: el que conquistó toda España. El más leal, é el más verdadero, é el más franco,  é el más esforzado, é el más apuesto, é el más granado, é el más sofrido, é el homildoso, é el que más temie a Dios, é el que más le facía servicio, é el que quebrantó é destruyó á todos sus enemigos, é el que alzó é ondró a todos sus amigos, é conquistó la Cibdad de Sevilla, que es cabeza de toda España é passos hi en el prostimero día de Mayo, en la era de mil CC et noventa años”.

En las cuatro lápidas, la fecha del fallecimiento ha generado muchas confusiones y es que en cada una se pone la fecha acorde al calendario latino, castellano, hebreo o árabe.

LA IMAGEN DE “SAN FERNANDO -EL CHICO-”, EL DE MASPALOMAS.

Cuatro son las imágenes de San Fernando que se han venerado en Maspalomas. A saber: dos en la Ermita antigua, porque la conocida como San Fernando -el chico-, solían tenerla en su poder los condes, otra en la Iglesia del Poblado y la cuarta, del artista Paz Vélez, que está en el Templo Parroquial.

Deducimos porque, hasta ahora no hay documentación que lo confirme o desmienta, y arriesgándome mucho-muchísimo, que la advocación de Maspalomas a San Fernando viene a consecuencia del deseo de hacer coincidir la advocación de la Ermita con la de su propio nombre, cuando Fernando Bruno del Castillo Ruiz de Vergara, se une en matrimonio con Luisa Antonia Amoreto del Castillo y a esta pareja el Rey Carlos III, les concede el Título de “Condes de la Vega Grande de Guadalupe”.

La imagen que, desde tiempos inmemoriales se veneraba en Maspalomas y que actualmente goza de todo el fervor popular es la conocida como San Fernando -el chico-, en atención a su pequeño tamaño, unos 23 cms., recibía culto en la ermita levantada junto a la residencia de la Casa Condal en Maspalomas y ahora en el Templo Parroquial. De autor anónimo (casi seguro valenciano), es de madera policromada y, pese a que en algún momento se le dató en el siglo XV, parece más bien una obra del siglo XVII.

La policromía y estofados originales, según opiniones expertas, la convierten en una de las obras más interesantes del Patrimonio Artístico canario. Y es que, con ligeros variantes, parece derivar del modelo original de la Catedral de Sevilla y, nosotros aportamos que también se asemeja al San Fernando de la Catedral de Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria.

Tanto es así que cuando se organiza la Magna Exposición “La Huella y la Senda”, considerada  como la muestra de arte más importante organizada hasta ahora en Canarias y que estaba compuesta por piezas de escultura, pintura, orfebrería, documentos y ornamentos sagrados procedentes de todo el Archipiélago, del resto de España y de Europa, los comisarios de la Exposición deciden que la imagen de San Fernando, el de Maspalomas, tenía que estar entre ellas, como así fue.

A San Fernando se le suele representar de muy distintas maneras; en el caso que nos ocupa, aparece ataviado con armadura militar, calzas completas y espuelas, cubriéndose los hombros con el manto real y como muestra de su labor como conquistador porta la espada, símbolo de la guerra y de la justicia.

Los otros dos atributos que le son comunes, la corona y la esfera, indican su origen regio, y su condición de gobernante. La corona es uno de los símbolos más importantes, ya que era la manera de honrar al hombre, y es un símbolo de autoridad y distinción real. Por lo que a la esfera respecta es la insignia de poder máximo y simboliza su dominio sobre el imperio. El San Fernando de Maspalomas, a diferencia de las restantes imágenes antes mencionadas, entabla con ésta (con la esfera del mundo) un mudo diálogo, en concentrada y serena meditación espiritual. Apostillamos que la interpretación artística en este caso fue un puro presagio porque, indudablemente, está mucho más acorde a los tiempos interculturales que respiramos hoy en día. 

MASPALOMAS: ¡¡¡QUE VIENEN LAS FIESTAS!!!!.


En el Programa de 1965, ya figuraba un texto en inglés.

 

Por Pedro José Franco López




En estos momento de "boom" turístico en los que se baten records cada mes, se nos viene a la memoria aquel entrañable programa del año 1.965, que constaba de tan sólo una cuartilla de color azul.

Pero, eso, sí con un párrafo en inglés. Curiosamente, a tan sólo un año de inaugurarse las primeras instalaciones turísticas en San Agustín y siete meses antes de inaugurarse el primer hotel, el Folías, ya el programa venía con un texto en inglés: “May 30 th a nice holiday in Maspalomas for the day of San Fernando”; escueto, pero un gran referente hoy en día, pués desde ya se vislumbraba la vocación hospitalaria y turística del pueblo de Maspalomas y su gente.

Hay que decir que, en Maspalomas, se celebraban fiestas desde tiempos inmemoriales. Según informantes ya desaparecidos, consistían tan sólo en sacar los santos a la Era, frente a la Ermita de San Fernando y poco más; alguna carrera pedestre entre los mayores del lugar y, según comentan vecinos del pueblo de Berriel, llegaron a ver Luchadas frente la Ermita y, sin más terrero que el propio empedrado de la era. Por supuesto, ni hablar de tirar voladores en las inmediaciones de la era y la gañanía, por peligro de incendio en los pastos y cosechas de la labranza.

En aquellas fiestas, los actos eran de lo más sencillos y elementales, se programaban en tan sólo dos días, el 29 y 30 de mayo: Rosario cantado, Misa armonizada, Carreras de Cintas en bicicleta, Carreras pedestres, un partido de Fútbol y una velada de Boxeo.

Ya en 1967, se puso una pica en Flandes y se innovó con dos actos: Engalanamiento y embanderado de calles y Paseo y Música. Lo del “paseo y música” era al mismo tiempo una fuente de ingresos para la organización, pues, por cada “disco dedicado” que encargaras, tenías que aportar cinco duros; la dedicatoria y la canción llegaba a todos los rincones del pueblo mediante un amplificador, un tendido de cables y bocinas instaladas en puntos estratégicos y, por llegar, nos llegaba también a través de las bocinas, la Diana Floreada el día de la Fiesta principal.
 

A partir de la inauguración del Poblado de San Fernando y del auge de la aparcería, la fiesta adquiere otra dimensión…, pues coincidía con el fín de la zafra y, servían de despedida de los aparceros, que volvían a sus pueblos de origen a pasar el verano.

Ya en estas fiestas de la “era moderna”, cómo se celebraban lejos de la Era y, todo hay que decirlo, la cosecha no era como para subirse por las paredes, nos podíamos permitir el lujo de exhibiciones pirotécnicas y, como las patrocinaba el Condado de la Vega Grande, su encargado, José Antonio Borrego, con la factura del fueguista en la mano, contaba los voladores –uno a uno-, por ver si le cuadraba.

Al ser San Fernando, (en otros tiempos), patrón de la Juventud española en general y, de la nacional-sindicalista en particular; en Maspalomas se daban cita cada 30 de mayo organizaciones de la OJE de casi toda la isla, además de las del propio pueblo de Maspalomas. Se organizaban desfiles ante el santo después de la Procesión y, en la puerta de la Iglesia, tenía lugar la entrega de diplomas, condecoraciones y la solemne Renovación de Promesas. Incluso la Diana Floreada por el pueblo llegó a hacerse con Bandas de Cornetas y Tambores.

Bueno, con el tiempo y obvias evoluciones se van quedando por camino eventos que se descolgaban por sí solos y que no se echan a menos y otros que aún añoramos todos, por contar los más sencillos: Los “Papagüebos” y el Toro de fuego.


En cuanto se reúnen un grupo de maspalomeros de la época, inevitable comentar de cuando extendíamos las “tongas” de picón que dejaba el camión, por las calles del poblado de San Fernando; todo sea dicho, para fastidio de las chicas que, con los pedruscos del picón se le pelaban los tacones de los zapatos. (Algunas llegaban a la Iglesia con cholas y los zapatos en una bolsa).


Atrás queda por ejemplo: las famosas Tiradas de soga entre Maspalomas y el Tablero y, el secretismo que existía entre los dos pueblos por ver qué equipo se hacía con los barqueros más fornidos de Las Burras, para que les hiciera de refuerzo en el equipo. ¿El premio? Una caja de botellines de cerveza.

Ya se borran en el recuerdo las populares Peleas de Carneros, que se eliminan de la programación a partir de cuándo dos carneros prefirieron hacerse el amor y no la guerra. Y las Peleas de Gallos, organizadas por un aficionado acérrimo: Salvadorito, guarda jurado de las fincas del conde.

Y las Carreras de Caballos que, para asombro de los lugareños, invadían el pueblo multitud de aficionados de la ciudad de Telde. Espectaculares las Tiradas al Plato, que llegaron a congregar en alguna ocasión hasta ciento cincuenta escopetas, por lo que llegó a plantearse a la construcción de un campo de tiro; incluso con propuestas de una espaciosa zona entre El Lomo de Maspalomas y la Degollada de la Yegua.


Era de prestigio insular el Torneo de fútbol de San Fernando que nace por principio de los años 70 y el trofeo en disputa era donado por el cura del pueblo: Don Manuel Montesdeoca Hernández. Y, pioneras en su género y modalidad, las “24 horas de Fútbol-Sala”, por las que desfilaron los mejores equipos de la isla grancanaria.

No podemos terminar esta columna sin nombrar a aquellos a los que se les debe, en gran manera, la organización de aquellas fiestas de principio de la década de los sesenta: Antoñito Pérez, Alfredito Sánchez; Rafael Rodríguez Perera; Antonio Miranda Pérez; Enrique Rodríguez (Enrique Falange); Juan Sánchez; Juan Franco López; Roberto Quiroga; Pepe Alemán; Maestro Lorenzo; etc.

Y los que cogieron el testigo años después: Antonio Martín Falcón; Juana Delgado Pérez; Sebastián Ravelo Gutiérrez; Pino y Chana Franco; Carmelo Fabelo; Juan D. Afonso; Gerardo Perera; Francisco Santiago León y tantos y tantos otros.

Terminamos fardando de algo que se consideraba insólito por aquellas épocas e incluso en las fechas de hoy en día. En Maspalomas, aún en fechas contemporáneas con el Antiguo Régimen, la presidencia de las Fiestas era elegida mediante votación popular. Tanto es así que se llegó a insertar anuncios publicitarios en prensa escrita -de los de pago- comunicando al pueblo la reunión que iba a tener lugar, con el siguiente orden del día: 1º: dar cuenta del Estado de cuentas de las Fiestas del año anterior. Y, 2º: elegir al Presidente y Comisión de Fiestas del próximo año.

Mucho hay que hablar y tratar sobre el tema; cincuenta y tres años da para mucho y, de la época reciente, la de la era digital, tiempo habrá de contarla.