Por Pedro José Franco López
Técnico en Patrimonio Histórico y
Cultural.
La
“derrota de San Bartolomé”, de la que se cumple el 537 aniversario, convierte a
Tunte en uno de los escenarios más importantes de la conquista de Gran Canaria.
Se
entrecruzan y acumulan muchos aspectos a tener en cuenta al momento de escribir
por estas fechas una columna sobre San Bartolomé y, en la medida de lo posible
trataremos de no obviar ninguno de ellos, por lo que trataremos de la obra y
vida del propio santo; de la iglesia primitiva levantada en su nombre; del 537
aniversario de la “Derrota de San Bartolomé” y de los orígenes y autoría de la
imagen que se venera en su templo parroquial.
Hecho histórico
aborigen y castellano.
Para
empezar digamos que la iglesia suele ser el monumento arquitectónico más
importante de cada pueblo y en ellas se centran su historia y cultura: además,
en su entorno se construyen las casas, se perfilan plazas y alamedas, se
delinean calles y avenidas. La de San Bartolomé de Tirajana –Tunte- se
construye terminada la conquista y se le dedica a San Bartolomé en recuerdo a la
llamada “derrota de San Bartolomé”, de la que se cumple el 537 aniversario:
(1479/2016).
Aquella
batalla que tuvo lugar entre castellanos y aborígenes, convierte a Tunte en uno
de los escenarios más importantes de la conquista de Gran Canaria, pues aquí
fue dónde se desarrollaron los últimos episodios.
Nos paramos un poco a contar la versión
que nos deja de este hecho Pedro Agustín del Castillo en su “Descripción
histórica y geográfica de las Islas Canarias, 1737)”, que cuenta lo siguiente en cuanto a la
incursión por tierras tirajaneras que hizo el conquistador capitán Pedro
Fernández Cabrón, acompañado por el prelado Juan de Frías:
“…Hisose a la
vela Pedro Cabrón, a los Puertos de Maspaloma y Arganegín, hechando gente en
ello; y, solicitando penetrar a Tirajana, halló a
aquellos naturales tan promptos, que se encontró con el “Faycán” de aquella
Comarca; que sin aver menester más gente que otras, acometió a Pedro Cabrón.
Que poco baquiano en aquellos terrenos y asperesas, a los primeros abanses se
encontró con una de las muchas piedras que arrojaban los “Canarios” que le descompuso lo voca, dexóndole com mui pocos dientes; y
presissando volverse a los navíos, que logró con mucha pérdida de los suyos,
tubo a buena fortuna ponerse a salvo y volverse al Puerto del Real de Las
Palmas…”
Se
cuentan muchas historias al respecto; unas con rigor histórico y otras que han
pasado de padres a hijos y han perdurado en el tiempo como aquella que nos dice
que, cuando los castellanos se introdujeron en la caldera de Tirajana, fueron
duramente atacados por los nativos, siendo consecuencia de ello que sus fuerzas
se vieron mermadas. De éstas, algo más de ochenta supervivientes fueron hechos
prisioneros y condenados al fuego votivo del Beñesmen, pero la intervención de
una anciana aborigen hizo que no se verificara el sacrificio. Esto acontecía la
noche del 24 de agosto de 1479, día en el que el santoral celebra la festividad
de San Bartolomé apóstol y mártir, por lo que en gratitud al santo, prometieron
elevar una ermita en su honor.
La Iglesia de
Tunte.
Según
Santiago Cazorla León, esta derrota tuvo lugar en el camino de Risco Blanco,
dónde habían destruido el “templo aborigen”. Terminada la conquista se levanta
la primitiva Iglesia de San Bartolomé en Tunte, posiblemente hecha de piedras y
barro que, a menudo tenía que ser reparada y en la que casi no cabían fieles y,
con un gran problema, las misas eran de cuando en cuando, pues no tenían
asignado sacerdote.
El
27 de noviembre de 1534 los vecinos de Tunte se dirigen al Cabildo Catedral
pidiendo ayuda y en diciembre de ese mismo año les da ocho doblas de oro cada
año, para ayudar a pagar los servicios de un cura que ellos mismos elegirían.
La
actual Iglesia Parroquial de San Bartolomé como tal, se comienza a construir en
1680 y en 1692 se termina de techar. Durante el tiempo ha sido sometida a
sucesivas reformas que le dan la esbeltez de hoy en día en que preside
solemnemente el propio pueblo y la vida local y ganándose por derecho propio la
categoría de Bien de Interés Cultural.
El santo
apóstol.
San
Bartolomé; que fue uno de los doce apóstoles de Jesús, es venerado en la
Iglesia católica, en la ortodoxa e incluso en las Iglesias no calcedónicas (
Iglesias orientales que sólo aceptan los tres primeros Concilios del Vaticano).
Su martirio y muerte se atribuyen a
Astiages, rey de Armenia que mandó llamarlo y le ordenó que adorara a sus
ídolos. Ante la negativa de Bartolomé, el rey ordenó que fuera desollado vivo
en su presencia hasta que renunciase a su Dios o muriese. Fue tan larga su
agonía que, al día siguiente al ver que no hubiera muerto, ordenó que se le
degollase. En la Capilla Sixtina, Miguel Ángel le representa con la piel en su
mano y en la misma, un autorretrato suyo.
Bartolomé Cairasco
de Figueroa
(LPGC 8 de octubre de 1538-1610), poeta, dramaturgo y músico canario, en
la página 244 de la “Tercera Parte del Templo Militante” hace una bella y
trágica referencia al martirio de San Bartolomé, dice así, en castellano
antiguo:
Fue el martirio cruel tan importuno,
Que no puede acabarse en sólo un día,
Que, como cuero y carne todo es uno,
Quitarse fácilmente no podía;
Deténgase en lugar tan oportuno
A contemplar un poco el alma pía
Del pérfido tirano la inclemencia
Y del sagrado apóstol la paciencia.
En fin, toda la piel del pié a la frente,
Se le quitó como si fuera un manto;
Y viéndole con vida al día siguiente,
No sin piedad el Pueblo, horror y espanto,
Mandóle degollar el insolente.
Y el alma bella de su albergo santo,
Viendo tiempo y lugar por la herida,
Salió a gozar de la perpetua vida.
Celebrase su fiesta en Roma en veinte
Y cinco días del mes de Agosto, y fuera
A veynte y quatro, que la diligente
Yglesia lo ordenó de esta manera.
La causa como dice docta gente,
Fue dilatarse así pena tan fiera,
Y celebrando Roma el degollarle,
Celebran los demás el deffollarle.
La imagen de San
Bartolomé
De
la primera imagen de San Bartolomé no se tiene conocimiento, pero se deduce que
podría ser una “imagen de bulto” –de las de vestir-, ya que existen inventarios
de túnicas y capas para el ropaje de las procesiones, como es el caso de la
Virgen del Pino, por ejemplo.
La
gente de Tunte da por sentado que la nueva imagen de San Bartolomé obedeció a
la gubia de Luján Pérez (1756/1815), aunque ninguno de los historiadores que
han estudiado a este imaginero la incluye en el catálogo de su producción. No
es desacertada la suposición pues, según expertos, el estilo y la impronta de
Luján Pérez (que por aquel entonces contaba con 27 años) se hacen presentes en
la talla; si no fuera así, de seguro que debió ser algún aventajado discípulo
del artista.
La
esbelta imagen que, como patrón de Tunte y del municipio tirajanero preside la
hornacina central del retablo mayor de la Iglesia Parroquial de San Bartolomé
de Tirajana –Tunte-, está tallada en madera y policromada, luce sus atributos
oficiales: el Libro de las Sagradas Escrituras y el cuchillo en referencia al
que se usó para desollarle.
Para terminar, el nombre “Bartolomé”
que procede del patronímico arameo y que etimológicamente significa: (Bar/Hijo y Tolomé/Cultivador
y Luchador), viene a decir mucho también de la impronta, la
idiosincrasia y personalidad de la gente tirajanera.
Según Santiago Cazorla León, esta derrota tuvo lugar en el camino de Risco Blanco, dónde habían destruido el “templo aborigen”. Terminada la conquista se levanta la primitiva Iglesia de San Bartolomé en Tunte, posiblemente hecha de piedras y barro que, a menudo tenía que ser reparada y en la que casi no cabían fieles y, con un gran problema, las misas eran de cuando en cuando, pues no tenían asignado sacerdote.
De la primera imagen de San Bartolomé no se tiene conocimiento, pero se deduce que podría ser una “imagen de bulto” –de las de vestir-, ya que existen inventarios de túnicas y capas para el ropaje de las procesiones, como es el caso de la Virgen del Pino, por ejemplo.

