lunes, 14 de septiembre de 2020

(15, de 27): ALDEA BLANCA.

 

SBT / 1980/2020:
QUE CUARENTA AÑOS NO ES NADA
(Entrada 15, de 27)

ALDEA BLANCA.
Erigida con tesón

Por Pedro José Franco López.
Roque Nublo de Gran Canaria/2020
Premio "Raíces/SBT" 2019

Texto de los años 80 del s.XX (era analógica), que visibilizamos, subiéndolo a la "nube" digital, para su conocimiento y comparativa con la actualidad.

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Como perdida entre llanuras permanentemente soleadas, áridas y cruzadas por acequias y separaciones de cultivos de tomateros, cuyos rastrojos deglutan ganados de cabras, emerge Aldea Blanca, como núcleo de vida que se abre paso en medio de tierras caldeadas sin más telón de fondo que una casi nula arboleda y las lejanas montañas de la cuenca de Tirajana.

Aldea Blanca es un pueblo que se abre paso en la margen derecha del curso del barranco de Tirajana, cuyo ancho cauce forma el limite costero con el municipio de Santa Lucía, dónde se encuentra Doctoral y Vecindario. Algunas casas antiguas, y sobretodo, un gran número de viviendas terreras cuadradas, conforman este pago peculiar dónde la tenacidad y el trabajo del hombre han sido capaces de inyectar movimiento y vida. La anchura del barranco es el mejor exponente del amplio caudal de antaño, hoy dilatado pedregal agujereado por más de una veintena de pozos que intentan arrancar una veta de agua del subsuelo.

Abundan aquí los cultivos de tomateros plantados en la boca del barranco y en las laderas de suave ascensión de la zona, constituyendo la principal riqueza y colorido del lugar. El nombre del pueblo viene dado por una antigua tradición: la quema de cal que, aparte de ser un sustento, permitía tener las casas del lugar permanentemente blancas en medio de la aridez del paisaje. Hoy, la imagen casi bíblica de aquel pastor de cabras ha desaparecido, para mostrarnos la cara de esporádicas incursiones pastoriles de los ya escasos ganados caprinos. La construcción, la hostelería y la aparcería en los terrenos circundantes, propiedad del Condado, son las actividades de relieve entre los aldeanos, uno de los pueblos más antiguos de la isla.

LA ALDEA Y DON BERNARDO.

Tras rebasar una carretera que bordea el barranco y que recientemente fue modificada por su peligrosidad, llegamos al núcleo de casas de Aldea Blanca, hoy más prolija en viviendas de cemento. Una calle y la sombreada y acogedora plaza del pueblo, que agradece el paisaje árido, gris y blanquecino, recuerdan la obra del sacerdote don Bernardo Domínguez, luchador incansable del bienestar de sus habitantes, cuyos restos descansan en la iglesia del barrio agradecido, como recuerda una placa.


En Aldea Blanca se hace máxima la idea de que el amor crece ante las dificultades o que la dificultad engendra los más fuertes amores. Han existido y existen en el lugar familias generosas que han contribuido a la consolidación del pago y a mantener su dinámica frente a la aridez. Como personaje popular sobresale Dominguito, el abuelo de Canarias, viva estampa de la canariedad prolongada a base de gofio y otros elementos naturales, dónde no ha estado ausente la lucha por la supervivencia.

En la actualidad viven en la aldea Blanca 714 personas, de las que 373 son hombres y 341 mujeres. el pago se ha visto beneficiado en los últimos años por importantes obras, aún cuando todavía no se han entregado las viviendas sociales que debía concluir el Gobierno autónomo. El barrio tiene un magnifico colegio público, una remozada plaza, casa de la cultura campo de fútbol, nuevo trazado de la carretera de acceso y en proyecto una carretera, ya trazada, que lo comunicará con Tunte, para convertir el pago en un importante lugar por el que pasar con mayor frecuencia y advertir el tesón de sus habitantes.

Basado en textos cedidos gentilmente para este Blog, 
por el Periodista Juan Francisco Naranjo Macías.

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 Fotos de: E. Moreno; A. Oliveri; 
J. Franco;A.Suárez; E. Ponce y O.T.