Por Pedro J. Franco López
Artículo publicado en el periódico "La Provincia" el domingo, día 21 de febrero de 2016.
Demanda la creación de
un Centro de Acogida de Adultos discapacitados
|
"Me gusta portarme bien
con los que se portan bien conmigo y siento que la gente me quiere, soy muy
feliz".
Antes de continuar, aclaramos que, indistintamente,
vamos a utilizar en esta columna dos términos: "Discapacidad"
que es cómo le gusta al protagonista de esta historia y cómo actualmente lo
recoge la Organización Mundial de la Salud y "Diversidad Funcional",
término alternativo que ha empezado a utilizarse en España, por iniciativa de
los propios afectados.
Al leer esta columna, a muchos se les vendrá a la
mente tantas y tantas personas con alguna que otra diversidad funcional y todos
y cada uno de ellos con historias y anécdotas interesantes que contar. Pero
esta es la columna prometida a Dani que, desde hace algún tiempo nos
manifestaba las ganas y la necesidad que sentía por decir algo, por comunicar y
transmitir algo y, sobre todo, para agradecer tanto y a tantas personas.
En
muchas ocasiones tendemos a pensar que las personas con alguna diversidad
funcional tienen que llevar una vida oscura y triste, y aunque como en todo, no
se puede generalizar, hay casos en que te encuentras con personas que ya
quisiéramos tener su valentía y coraje para afrontar el día a día de la vida; y
sin darnos cuenta, tenemos el mejor libro de autoayuda justo al lado, en el mismo barrio, como vecino.
Tal es el caso de Daniel González Francés, que vive
en San Fernando de Maspalomas; este año cumple sus 40 agostos y una sucesión de
contratiempos al momento de nacer, hicieron que padezca una parálisis cerebral,
con un ochenta y cinco por ciento de discapacidad. Y podemos afirmar, sin temor
a equivocarnos que Dani goza del cariño y afecto de todos sus vecinos y al
preguntarle el porqué de este cariño y popularidad, el afirma que: "quizá sea porque me gusta portarme
bien con los que se portan bien conmigo y siento que la gente me quiere, soy
muy feliz".
Es por eso que no va a ser el centro de atención de esta columna la
problemática de una diversidad funcional o discapacitado; en el caso de Dani
hay otros elementos que superan con creces a éstos y son: su optimismo, su
positivismo y es que hasta su corretear saltarín por las calles contagia a
todos alegría y ganas de vivir, llegando a la conclusión que estamos ante una
de esas personas que, al tener una funcionalidad diversa, se les desarrollan
otras facultades, otros sentidos y sentimientos que al resto de los mortales se
nos está negado o no estamos abiertos a exteriorizar.
La actitud positiva hacia todo y todos con los que
convive, hace que Dani sea una persona muy agradecida; sobre todo con Gloria
Francés, su madre "es lo más grande que tengo", dice; y es que a partir
de sus dieciséis años, descubre en su madre a una mujer que, sóla, resurge con
fuerza, saca adelante a sus cuatro hijos e inculca a todos (especialmente a
Dani), la lucha, el tesón y el afán de superación que han de tener para
afrontar adversidades y "barreras" personales.
Dani
estudió en San Juan de Dios, de los 5 a los 18 años; terminó la EGB y cuando
salió estuvo un año en el Centro de Educación Especial "Enrique Jorge",
de El Tablero; lugar que además de no gustarle mucho, acabaron por decirle que
no era lugar para él. No se lo dijeron con las mismas palabras, pero su destino
estaba previsto que fuera interactuar y participar plenamente,
con igualdad, en la sociedad que le tocó vivir.
Precisamente del Centro San Juan de
Dios guarda los mejores recuerdos de su vida y sus mejores amigos: José Antonio
Espinosa y Ángel Ojeda, ambos con distrofia muscular y que ya no están entre
nosotros. Allí fue dónde se formó como persona y, de esa época tiene mucho que
agradecer también a su abuela paterna.
Y agradece también a sus hermanos
el que le cuiden y mimen tanto; aunque incondicional del Barça, es un forofo de
la U.D.Las Palmas y agradece también a su hermano Fredy que le lleve a algunos
partidos. Precisamente Fredy es el que le anima a continuar con el deporte de
la natación y, le obliga de alguna manera a bajar los kilos de más que coge,
porque, según parece, es algo glotón y raterillo de la nevera y el caldero.
Al mismo tiempo que lleva muy mal
los contratiempos por los que está atravesando el Centro San Juan de Dios, quiere
dejar de manifiesto que es una gran pena el que esté en esta situación por
intereses políticos
y económicos; y aprovecha para felicitar a esta Orden Hospitalaria por el
reconocimiento que se le otorga al concedérsele el Premio
Princesa de Asturias de la Concordia 2015.
Entre tantas, hay una anécdota de Dani relacionada
con el Centro San Juan de Dios y es que hace ya unos años, saltaron todas las
alarmas, porque desapareció de Maspalomas y nadie sabía dónde estaba y fué que,
por su propia cuenta, cogió la guagua y se plantó en el Centro, en Las Palmas
de Gran Canaria, porque quiso ver y saludar a todos sus compañeros y amigos;
desde allí, llamaron a la familia para decirles dónde estaba Dani.
Nadador, casi de competición de
élite, cuando le vemos por la calle va o viene de la piscina de San Fernando,
allí se hace sus 600/800 mts. diarios y tiene a orgullo decir que ha
participado en dos ocasiones en la Travesía a nado Maspalomas-Canaragua, en la
modalidad de 1.000 mts., prueba incluida por la Federación Española de Natación
en la Copa de España de Aguas Abiertas.
Nos cuenta que
en las pasadas Elecciones recibió la notificación de que estaba nombrado como
suplente de Presidente de Mesa, resulta que presenta el certificado de "persona
con discapacidad", no porque no pudiera hacerlo, sino porque, a su
entender, iba a ralentizar un poco el proceso. Eso sí, fue a primerísima hora
al Colegio Electoral y fue el primero que votó.
Queremos hurgar
un poco y preguntamos a Dani si tiene algún miedo, que si se ve mayor y
desamparado; nos manifiesta que no, porque tiene hermanos
y "ellos
cuidarían de mí, seguro". Pero al mismo tiempo nos dice que sus
hermanos trabajan, que no le gustaría ser una carga para nadie y aprovecha para
hacer una reivindicación: que debería crearse un Centro de Acogida de adultos
discapacitados.
A la pregunta de si se ha enamorado
alguna vez, nos manifiesta que "nunca he estado enamorado, me gusta ir a mi
aire". Y, de cómo lo tratan en la calle, nos dice: "lo mejor es descubrir que la gente
me quiere, me respeta como soy y me tratan como uno más.; aunque también reconoce que lo peor
que lleva es oír la palabra "pobrecito", con lo feliz
que él se siente.
Le encantan los Carnavales, los amigos se lo disputan para salir de
juerga y, a los chicos y chicas que están en su situación les recomienda: "que
nunca se rindan; que somos como los
demás; que se muevan y hagan cosas, porque todos cabemos en esta sociedad".
|






