Texto de los años 80 del s.XX (era analógica), que visibilizamos, subiéndolo a la "nube" digital, para su conocimiento y comparativa con la actualidad.
En torno al casco de la Villa hoy se concentra una población que no llega al millar de habitantes, exactamente 893 personas, de las que 469 son mujeres y 424 son hombres. La tasa de natalidad es decreciente y el abandono del campo cada vez más acentuado. antes del "boom" turístico, la mayor actividad del municipio, en términos económicos, políticos y sociales se concentraba en torno al núcleo de Tunte; hoy se desarrolla a la par con la zona costera.
POBLACIÓN ARRIBA, TRABAJO ABAJO.
Los índices demográficos inherentes al casco de la Villa demuestran que en términos cuantitativos y proporcionales, la población, con sus variantes, poco menos se ha mantenido en los mismos niveles. Pero, sin embargo, hoy el trabajo bien remunerado está en la zona costera-turística. La mayor parte de la población trabajadora se dedica al sector servicios, especialmente hostelería y construcción; el 50% menos que antes trabaja en la agricultura y los niveles de vida son los normales de una comunidad rural, acaso aquí respaldados por los ingresos que genera el turismo. También Tunte, como elemento de la sugestiva Caldera de Tirajana es un buen destino turístico, cada día mejor incrementado, ofreciendo otras alternativas diferentes a la costa.
El índice general de mortalidad representa un 1% con mortalidad infantil nula, prácticamente, y nacimientos decrecientes. En cuanto a matrimonios, se mantiene el promedio, con incremento de las nupcias civiles, "la gente de la hostelería no quiere saber nada de curas".
LA AGRICULTURA SE VA QUEDANDO SIN MANOS.
Como el contexto general de la zona alta del municipio de San Bartolomé de Tirajana, Tunte el casco de la Villa, destaca por su excelente y cualificada producción de albaricoques; así como por los agrios, los pocos cereales, el millo y los almendros, y algunas papas. Como puede deducirse, productos muy diferentes a los del litoral. Es la zona y la comarca que mayor producción de albaricoques registra en todo el Archipiélago Canario, por lo que no estaría de más plantearse la posibilidad de Cooperativas e Industrias afines. Se calcula en más de 50.000 el número de frutales de albaricoques existentes; la papa se exporta cuando el año se da bien y el millo se utiliza para consumo local y el trigo para forrajes.
No obstante y pese a la escasez del agua y su coste, la agricultura tirajanera es buena, casi excelente, aunque se vea afectada por una constante pérdida de mano de obra. A esto hay que añadir que sólo algo más de un 25% de los agricultores se acogen a los préstamos y créditos oficiales. El censo agrario del municipio es de 1.534 personas y se han dado de baja muchos de estos agricultores y empresarios del sector. Los agricultores natos que trabajan por cuenta propia son 98 y la gran mayoría son empleados. La ganadería también adolece de parecida necesidad y la importación de reses está haciendo estragos entre los ganaderos escasos que todavía quedan.
UN PUEBLO BIEN DOTADO.
Una hábil y eficaz política municipal realizada en los últimos años -todo hay que reconocerlo-, junto con el fenómeno económico y social, han incidido en su desarrollo. La mayoría de los vecinos consultados para elaborar este informe coinciden al señalar que "en los últimos años, con el equipo de Gobierno de Agrupación de Vecinos, que preside Francisco Araña del Toro, el pueblo ha conseguido importantes mejoras".
Los vecinos cuentan con un magnífico Hogar del Pensionista, Casa de la Cultura en homenaje a Pancho Guerra, un Parador-Mirador, Polideportivo, Grupos Escolares, Escuela-Hogar, puesto de la Cruz Roja, Ambulancia, Centro Médico Rural, Lavaderos públicos, y otros servicios que conforman su notable infraestructura.
UNA VETA PARA EL ESTUDIO SOCIAL
En la actualidad, la Villa capitalina de San Bartolomé de Tirajana, el Tunte aborigen, ofrece un magnífico campo para el estudio social. Muchos aspectos de la historia de la canariedad se fraguaron en esta zona de la Caldera de Tirajana. La tradición y el tipismo son legados que se mantienen casi intactos, así como la conservación natural de sus rincones y paisajes, llenos de encantos y de contrastes. Además, su desarrollo y evolución van paralelos a la experiencia social, y los perfiles humanos, moldeados por la sencillez y la hospitalidad, el sacrificio y la identificación con la tierra, constituyen uno de los mejores exponentes de la idiosincrasia isleña.
Basado en textos cedidos gentilmente para este Blog, por el Periodista Juan Francisco Naranjo Macías.
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