Por
Pedro José Franco López
Roque
Nublo de Gran Canaria/2020
La "Cantina de Los Artiles", construída en 1.953, que estaba
ubicada justo dónde el derribado Edificio de Viajes Insular y, para más señas,
a poca distancia del principio, de la Avda. de Gáldar, estaba regentado por los
hermanos Marcial y Francisco Artiles Romano.
Marcial y Francisco eran
hijos de Juanito Artiles -el corcobao- y de Mercedita Romano; Marcial atendía
la tienda de Aceite y Vinagre y Francisco, principalmente, atendía la Cantina o
Bar.
Como podemos ver en las
fotos, la Cantina era bastante larga, por lo que estaba bastante diferenciada
la zona de Tienda, y la zona de Cantina o Bar; zonas que, incluso, estaban divididas por mamparas de madera y
cortinas y, distintas puertas de acceso desde el exterior.
En la Cantina de los
Artiles, sí que se podían saborear toda clase de licores: Ron, Vino
(blanco, abocao y dulce), Botellines de Cerveza Y "coñales): Terry, Veterano o soberano (malla blanca o malla
amarilla). De tapa: Chochos, Queso, aceitunas y pan bizcochado y, alguna tapa
de cocina.
Al ser paso
obligado de toda la chiquillería del pueblo y alrededores, camino de la Escuela
Nacional, que estaba justo dónde hoy el Hotel Buanaventura Playa, la Tienda de
"Los Artiles" estaba suministrada de toda clase de chucherías. como:
Pastillas "Koki", Chicles "Bazooka", toda clase de cuentos
infantiles (de Hadas, Princesas y Pistoleros); hasta los más solicitados:
"El Jabato" ó "Capitán Trueno", más tarde vendrían las
"Hazañas Bélicas".
Cuando
decíamos que El Cafetín de madera era parte esencial en la vida cotidiana del
Pueblo, es porque allí mismo era dónde hacía larga parada el "Coche de Hora"
al atardecer, y se congregaban varios vecinos; primero porque era la gran curiosidad del día y otra, porque el chófer traía los encargos que le hacían algunos vecinos,
para su adquisición en la capital.
Además,
también allí mismo, al otro lado de la carretera es dónde partía hacia Playa
del Inglés una pista de tierra, cerrada por una cadena -con candado-, y los que
deseaban acceder a Playa del Inglés, en coche, tenían que pedir la llave al Mayordomo del
Conde; y no es que estuviera el acceso a la playa prohibido, se podía ir
caminando, en moto, en bicicleta o en burro, como lo hacían los mayores del
pueblo.
Sobre la tan traída y llevada "llave
de la cadena" era, sencillamente, porque el propietario de los terrenos
quería controlar quién entraba y salía de "sus" terrenos, para que no
le estropearan las tierras y las plantaciones de árboles frutales. (cosa que,
en aquellos tiempos, resultaba obvio y razonable).












