Por Pedro José Franco López
"El Miano" (variante de la palabra "médano"), era una enorme duna que había frente mismo al Poblado de San Fernando, aislada totalmente del campo dunar, dónde el chiquillerío del pueblo se divertía y daba interminables volteretas desde la cima a la base. Era una gran diversión.
Si todo se hace con el rigor que marca la tradición, las cenizas que se imponen en la Santa Misa del miércoles siguiente al fin del Carnaval, son el producto de quemar los restos de las palmas bendecidas durante el Domingo de Ramos del año anterior.
Las ramas se
queman en un polvo fino y se
mezclan con agua bendita o aceite de crisma para crear una pasta ligera.
La norma es que el sacerdote haga, con las cenizas, la señal de la Cruz en la frente de los fieles, pero este año 2021, las reglas se han alterado adaptándose a las medidas de seguridad sanitarias establecidas en este tiempo de pandemia y, el sacerdote se dirigirá a los presentes diciendo una sola vez y, para todos los fieles, la fórmula: "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás".
Después, el sacerdote se limpiará las manos y se pondrá la mascarilla para proteger la nariz y la boca.
Posteriormente, impondrá la ceniza a cuantos se acercan a él o, si es oportuno, se acercará a los fieles que estén de pie, permaneciendo en su lugar: tomará la ceniza y la dejará caer sobre la cabeza de cada uno, sin decir nada".