SAN FERNANDO: EL HOMBRE, EL REY, EL SANTO
Todas
las crónicas coinciden en que, en igual medida, era temido y admirado por sus
enemigos, a los que trataba caballerosamente.
Por Pedro José Franco Lópe
Roque Nublo de Gran Canaria/2020
Premio "RAÍCES-SBT/2019"
La Biografía de Fernando III, el Santo, Rey de Castilla y León (San Fernando) y, por proximidad evidente, patrón de Maspalomas; supone no sólo el conocimiento de una vida apasionante y misteriosa en la que se unen los más elevados pensamientos de espiritualidad con las aventuras guerreras más feroces, sino también la encarnación en su persona de las instituciones más características de la Edad Media: la Caballería, la Monarquía, la Guerra y los grandes hechos de armas: el amor ardiente y profundo, el Arte, la Santidad…
Como Rey, consiguió reunir definitivamente las coronas de
Castilla y León. El reino de Castilla lo heredó en vida de su madre Berenguela
y, accedió al trono de León porque Teresa de Portugal así lo dispuso, aunque
sus dos hijas fueras legítimas herederas y a pesar de que su padre, Alfonso IX
de León, invadiera las tierras de Castilla para conquistarlas, logró por
procedimientos que todavía sorprenden no enfrentarse a él. Y con los miembros
de la Casa Lara, que buscaron incansablemente su muerte y la de su madre,
ejerció como Rey con una capacidad de perdón tal vez única en la historia de
España. Además, todas las crónicas coinciden en que era admirado y temido por
sus enemigos, a los que trataba caballerosamente.
Entrando en el terreno de la Santidad, nos dice mucho el que, por su talante conciliador,
como Rey, como esposo y padre, como guerrero y cortesano galante, consiguió
que, en vida, el pueblo le denominara con el apodo de “el Santo”, cuatrocientos
años antes que el pontificado aceptara incluirlo en el catálogo de los santos
de la Iglesia Católica.
Son
impresionantes las crónicas de la época (en castellano antiguo), cuando describen
y detallan los momentos previos a su muerte, y es que al saber próximo su fin,
postrado sobre un montón de cenizas, pide que le despojen de todos sus
atributos reales, que le quiten las ricas vestiduras que tenía, que quede
simplemente con un pobre sallo y además una soga al cuello, como símbolo de
humildad.
Momentos
antes de fallecer, Fernando III no tiene más que gestos de perdón, de
humillación y de contrición. Desde un punto de vista humano, además del de
cristiano, no hay nada más impresionante, más profundo, más real, que el
exclamar, como él hizo: ... "Desnudo salí del vientre de mi
madre, que era la tierra, desnudo me ofresco della. E, Señor, rresçibe la mi
anima entre la compaña de los tus siervos"...
Dejó dicho que no se le hiciera estatua yacente en su tumba; pero en su sepulcro grabaron un epitafio impresionante que redactó su hijo (el Rey Alfonso X, el Sabio), en cuatro losas de alabastro y, en latín, castellano, árabe y hebreo y todavía están a un flanco y otro del altar sobre el que reposa la urna de plata, con el cuerpo incorrupto del Santo, en castellano antiguo dice así:.
“Aquí yace el muy honrado Don
Fernando, señor de Castiella é de Toledo, é de León, é de Galicia, é de
Sevilla, é de Córdoba, é de Murcia, é de Jaén: el que conquistó toda España. El
más leal, é el más verdadero, é el más franco,
é el más esforzado, é el más apuesto, é el más granado, é el más
sofrido, é el homildoso, é el que más temie a Dios, é el que más le facía servicio,
é el que quebrantó é destruyó á todos sus enemigos, é el que alzó é ondró a
todos sus amigos, é conquistó la Cibdad de Sevilla, que es cabeza de toda
España é passos hi en el prostimero día de Mayo, en la era de mil CC et noventa
años”.
En las cuatro lápidas, la fecha
del fallecimiento ha generado muchas confusiones y es que en cada una se pone
la fecha acorde al calendario latino, castellano, hebreo o árabe.

