viernes, 10 de abril de 2020

(16 de 17).- LA FIESTA.


Por Pedro José Franco López.

 

LA FIESTA

 




Como en otras localidades de la isla, la Fiesta siempre tuvo en Maspalomas un profundo sabor popular, asentado en el folklore musical, en las festividades religiosas y en las distintas manifestaciones de esparcimiento y comunicación social del pueblo.

Se veneraba la imagen de San Isidro, como patrón de las labores agrícolas, que era a lo que se dedicaba el pueblo maspalomero y, que, frente a la era, protegía las cosechas que cultivaban los medianeros. También se rendía culto a una pequeña imagen de San Fernando, que por deseo de un conde del mismo nombre se instituyó como patrón religioso de Maspalomas.

Fiesta humilde y modesta, como fue todo en Maspalomas. Arcos de hojas de palmeras decorando la ermita y el santo desfilando a hombros de los fieles, sin otra ornamentación. Por la noche, los voladores encendían los cielos, lanzados con sumo cuidado para evitar que pudiera arder la cosecha de la era y los graneros cercanos al Alprende.

No faltaba: el "Toro de Fuegos" y en las "Carrera de Cintas" los jóvenes participantes ponían todo su empeño y destreza, y las madrinas su belleza y apoyo incondicional. Especial encanto tenía para la chiquillería la Suelta de Globos de papel; esto era desde el corral de estaba junto a la Casa de Mariquita García.

A ellas siempre concurría un pregonero singular, el célebre Pepe "Caña Dulce", que se desplazaba desde su barrio de San José, de Las Palmas de Gran Canaria.

Y, por supuesto, principal atractivo eran los juegos y deportes tradicionales: las Peleas de Gallos, las Peleas de Carneros, y la Lucha Canaria. Un extraordinario luchador, José Rodríguez, el “Faro de Maspalomas”, además de ser invencible en el terrero de lucha, asombraba y deleitaba a todos con sus increíbles exhibiciones del levantamiento a pulso del arado.

(15 de 17).- EL CULTO.


Por Pedro José Franco López.

 

EL CULTO



La misa de cada tercer domingo, los bautizos y las bodas, en un pueblo tan aislado como era Maspalomas, se convertían además de en rituales religiosos, en auténticos acontecimientos sociales. La misa de un destacado día festivo era la ocasión propicia y esperada para estrenar el vestido comprado o confeccionado con tanta ilusión.

La Ermita, de pequeñas dimensiones, atestada por la vecindad y las magistrales evoluciones del abanico de Carmita Hierro, que salvaba de una linotipia segura al Monaguillo de turno.

Tiempo atrás se hicieron "las Misiones" evangelizadoras, con sermones aterradores, que dirigía “El Padrito” a los habitantes de la aldea de Maspalomas, en donde se veneraba una imagen de San Isidro y otra de San Fernando. Un conde de este último nombre tuvo la iniciativa de promoverlo como patrón religioso de la localidad.

A principios de los años sesenta se abrió al culto una nueva iglesia, desde entonces escenario de los principales acontecimientos religiosos, además de los Sociales y Culturales. Y, en el marco de los recuerdos gráficos, sobresalen las hermosas fotos de los niños en su Primera Comunión, hermosa expresión de una espontánea y elegante inocencia.