La
misa de cada tercer domingo, los bautizos y las bodas, en un pueblo tan aislado
como era Maspalomas, se convertían además de en rituales religiosos, en
auténticos acontecimientos sociales. La misa de un destacado día festivo era la
ocasión propicia y esperada para estrenar el vestido comprado o confeccionado
con tanta ilusión.
La
Ermita, de pequeñas dimensiones, atestada por la vecindad y las magistrales
evoluciones del abanico de Carmita Hierro, que salvaba de una linotipia segura
al Monaguillo de turno.
Tiempo
atrás se hicieron "las Misiones" evangelizadoras, con sermones
aterradores, que dirigía “El Padrito” a los habitantes de la aldea de Maspalomas,
en donde se veneraba una imagen de San Isidro y otra de San Fernando. Un conde
de este último nombre tuvo la iniciativa de promoverlo como patrón religioso de
la localidad.
A
principios de los años sesenta se abrió al culto una nueva iglesia, desde
entonces escenario de los principales acontecimientos religiosos, además de los
Sociales y Culturales. Y, en el marco de los recuerdos gráficos, sobresalen las
hermosas fotos de los niños en su Primera Comunión, hermosa expresión de una
espontánea y elegante inocencia.
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