337 ANIVERSARIO DE
LA ERMITA DE “MASPALOMA”
ó DE SAN
FERNANDO.
El
canónigo Cazorla León y prestigiosos investigadores,
sitúan
su construcción en 1681.
Además de las dos efemérides señaladas, Maspalomas-Pueblo cuenta
en su haber muchas más y de índole totalmente diversas, que la engrandece; e incluso
la zona turística "Maspalomas Costa Canaria", con tan sólo cincuenta
y cinco años de historia, ya tiene mucho que contar, pues en cuanto hurgas un
poco, te encuentras con historias verdaderamente apasionantes.
Viene todo esto a cuento porque, desde siempre y por parte de muchos, ha sido motivo de
curiosidad para unos y de estudio para otros, el conjunto arquitectónico que
forma la Casa de Srta. Candelaria (conocida como Casa Condal y declarada Bien
de Interés Cultural en 1995); y la Ermita anexa a la misma, que responde a
las características de una capilla familiar de estilo franciscano; y, la
pregunta “del millón", -la incógnita que todos han querido
despejar-: su antigüedad aproximada.
No
es desacertado el dato sobre la antigüedad de la Casa de Srta. Candelaria que se
estima en la segunda mitad del s. XVIII, pues viene a coincidir con la fecha
del matrimonio entre Luisa Antonia Amoreto y Fernando del Castillo, primer
Conde de la Vega Grande
de Guadalupe (1777). Pero el dato erróneo, a nuestro modesto entender, es el de
datar a la Ermita de “Maspaloma” (sin la “s” final, que
es cómo se recoge en los documentos de la época) en la misma fecha.
Según
la “biblia” de los amantes y
estudiosos de la historia del Municipio de San Bartolomé de Tirajana: “Los Tirajanas de Gran Canaria”, del
Canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Canarias, escritor,
investigador y Cronista Oficial de San Bartolomé de Tirajana: Don Santiago
Cazorla León (1907/2002), cuya personalidad, credibilidad y prestigio está
suficientemente reconocida, sitúa la construcción de la “Ermita de Maspaloma”
en el s. XVII, más exactamente en el año 1681. Por lo que durante este año 2016,
estamos conmemorando (ó deberíamos conmemorar) el 337 aniversario de su
construcción.
Es
este un motivo más que suficiente para júbilo y orgullo; pues el pueblo y la
zona turística de Maspalomas consolida su entidad, identidad, relevancia y
trascendencia histórica, al mismo tiempo que refuerza sus raíces; con el
atractivo añadido del rango que le otorga las huellas dejadas a lo largo de
siglos de historia.
Profundizando
en el asunto que nos ocupa; el historiador Santiago Cazorla León, en la segunda
edición de "Los Tirajanas de Gran Canaria", del año 2000, corregida y
aumentada, hace la siguiente puntualización:
"En la primera edición de nuestra "Los Tirajanas de Gran Canaria" de 1995,
guardamos silencio acerca de la ermita de
San Fernando por carecer de
datos de su creación; pero en el libro editado por la Universidad de Las Palmas
de Gran Canaria titulado: "La Comarca de Tirajana en el Antiguo Régimen", de
Vicente Suárez, Benedicta Rivero, Manuel Lobo y Alejandro González, nos centramos en la siguiente
nota":
"(5). Página 113: Hasta febrero de
1681 se habían abierto dos acequias en el barranco de Maspalomas: una con su
madre en la boca de los Vicentes y la otra por debajo, en La Palma; asimismo,
se estaba abriendo otra por encima del "Almassigo", junto al Charco,
y una ermita que se acabaría entre (el capitán Gotardo) Calimano y (Mateo
Pérez) de Villanueva". Continúa Cazorla León: "Sin
duda alguna, la ermita que entonces estaban edificando no puede ser otra que la de San Fernando".
La
segunda prueba es la que distingue la Ermita de San Fernando de la de Juan
Grande, pues en el reparto de las capellanías que hace el obispo Tavira el 27
de junio de 1790 dice que: se entrega una capellanía a la Ermita de Juan Grande, y
otra a la Ermita
de Maspaloma, ( las dos del Conde); y una tercera a la Ermita de Arguineguín.
Y el tercer argumento que esgrime es que, en la carta del cura de Tunte al obispo Urquinaona del 28 de octubre de 1871, exponiéndole su proyecto de empezar a decir misa un domingo de cada mes en las ermitas de Maspaloma y de Arguineguin; cuando se refiere a la ermita de Maspaloma, se refiere a la de San Fernando y no a la de Juan Grande, donde la misa de los domingos nunca faltó.
Por
todo lo expuesto, hemos de agudizar la imaginación y pensar en una Ermita sola
y aislada, igual que tantísimas que están repartidas por las zonas rurales de
toda Canarias, a la que un siglo después se le acoplaría, en “L”, el edificio de
dos plantas de corte señorial, tal como la conocemos ahora.
Está
aún en la mente de todos el hecho de que, previa autorización de la propiedad
del inmueble, que ostentan los hermanos Alejandro, Pedro y Ana del Castillo y
Bravo de Laguna, la Asociación “Amigos de Maspalomas” hubo de hacer frente en
abril de 1998, a la restauración de la ermita que padecía un deterioro
considerable, ante la desidia de todos.
Los
trabajos estuvieron a cargo de los propios miembros de la Asociación, que se
las ingeniaron para sufragar los costes económicos; estuvieron asesorados por
el prestigioso arquitecto Luis Alemany y contaron con el apoyo logístico de la
entidad "Eléctrica Maspalomas (Elmasa)". Este gesto por parte de
"Amigos de Maspalomas" fue muy elogiado y puesto en valor por parte
de la población maspalomera y medios de comunicación en general.
Aquí
queda expuesto, para satisfacer la curiosidad de muchos, para el estudio de
otros, para posteriores investigaciones y, porque no?..., para la discusión.




