Por Pedro José Franco López.
Roque Nublo de Gran Canaria/2020.
Oficialmente
y acordado en Pleno corporativo del Iltre. Ayuntamiento de San Bartolomé de
Tirajana, Maspalomas limita al Este con Berriel, esto es así –oficialmente-,
desde hace algunos años pues, por diversas cuestiones se vio necesario el
delimitar geográficamente el topónimo: Maspalomas.
El topónimo "Berriel" viene registrado en “La Toponimia de Gran Canaria”, como: Barranco
de; Cuarterías ó Caserío de; Llanos de y Morro de. Y si seguimos indagando nos
encontramos que el antro-topónimo se corresponde con un apellido francés cuya
primera aparición en Canarias data de cuando el día primero de mayo de 1402: "Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle salieron de La Rochelle a conquistar
las Canarias; viajando con ellos y como Cronista el clérigo o capellán Jean Le
Verrier."
En el mapa de la isla de Gran Canaria realizado por Manuel Pérez y Rodríguez en
1896, menciona el topónimo como: "Barranco de Birriel", que terminaría por conocerse
como Barranco de Berriel.
Este
barranco es una de las rutas clásicas del senderismo por el Sur de la isla de
Gran Canaria, que nos lleva hasta Barranco
Hondo; que se ha definido como el Gran Cañón de Canarias y al Arco del Coronadero (arco natural de
piedra más grande de la Isla). Estos parajes son de una naturaleza
indescriptible y lugar de numerosos yacimientos e indicios de asentamientos
aborígenes, entre los que cabe destacar los singulares y misteriosos mojones o
torretas de piedra de Altos del
Coronadero, colocados en un lugar inaccesible por los antiguos canarios y
que según algunas teorías tenían la función de calendario solar; hablamos del
perímetro de Amurga; dónde se encuentra una de las dos montañas sagradas de los
antiguos canarios; la primera era Tirma y, la segunda, Montaña de las Tabaibas,
situada frente a Arco del Coronadero.
Pero
centrándonos en lo que de verdad queremos abordar, Berriel fue un asentamiento poblacional
con entidad de pueblo, en el que convivieron en su momento más álgido hasta
2.500 habitantes, según los informantes a los que hemos recurrido; la
procedencia de éstos fue desde distintos puntos de la isla, sobre todo del
Norte; incluso algunas casas de familia llegaron desde la isla de Lanzarote.
A
día de hoy, si queremos averiguar cuantas familias poblaban Berriel, tendríamos
que dividir para 3 o 4 esta cantidad, pero por aquellas fechas, según hemos
constatado, la media por familia venía a ser de 6, 9 ú 11 hijos por familia;
por lo que no exageramos si decimos que Berriel fue el núcleo urbano más
importante de la aparcería de todo el sur grancanario, pues ciento cincuenta
fanegadas de tomateros representaban el campo de acción de aquellos aparceros.
Es
fácil imaginar el atropello de conversación que se genera cuando cinco
personas, que pasaron juntos su niñez, juventud y primeras aventuras y
sacrificios juntos, se reúnen para revivirlas. Aún así, pudimos sonsacarles que
Berriel nunca fue una Cuartería al uso, sino todo un pueblo, en el verdadero sentido
del término. Según nos cuentan, más pueblo que Juan Grande, Castillo del Romeral
o Maspalomas.
Y
nos dicen que los muros de las cuarterías, el pozo y el propio Almacén de
empaquetado eran bastante sólidos, construidos con sillares de picón rojizo. Que
fueron testigos (Berriel quedaba como en primera línea de playa), como en 1954
les llegaba la invasión de una plaga de cigarras que arrasó por todos los
cultivos. Que los niños iban a la Escuela Nacional de Juan Grande y los mayores
aprendían a leer, escribir y las cuatro reglas con el maestro Rubén Darío, de
Berriel y procedente de Gáldar.
Contaban
con Tienda de comestibles, de las de “desde una alfiler hasta un elefante”, la
de Francisco Romano y Carmen Perera y el Economato de Berriel; Barbería, la de
Fernando García, aunque un tal Ceferino Espinosa pelaba gratis, para aprender.
Con partera propia: Lolita que, a su vez, era la Enfermera y casi médica del
pueblo.
A
la pregunta de si hacían vida comunitaria con pueblos vecinos, por ejemplo:
Juan Grande o Maspalomas, nos dicen que no;
que eran autosuficientes en Berriel, incluso con Misa todos los
domingos, a la que iban todos, para no trabajar. Cada domingo, tenían sesión de
cine, con las películas que les iba a proyectar Don Pedro Vega, el del Tablero
y que lo hacía en el Almacén de empaquetado. Y en el almacén también se
celebraban Bodas, Bautizos, Primeras Comuniones, así como Bailes, cada vez que
se reunían un par de cuerdas.
Recuerdan
cuando con inusitada curiosidad contemplaban pasmados unas maniobras militares
gigantescas en el año 1963, con tanques de guerra, con barcos e incluso
portaviones de los que salían innumerables vehículos anfibios y que llegaban hasta
la misma playa de Berriel.
Como
no podía ser menos, tenían su propio equipo de fútbol, el C.F.Berriel y
celebraban liguillas entre los equipos de los alrededores, como los de Juan
Grande, el Castillo, Las Burras, Maspalomas y el Tablero. A este respecto,
anécdotas para todos los gustos: desde que cuando se picaba el balón, se
suspendía el partido; hasta cuando un balón cayó al agua (el campo estaba dónde
hoy la pista de aterrizaje del Aeroclub), se lanzaron nadando a buscarlo,
incluso con una barca y no hubo forma; mucho más tarde se enteraron que
apareció por Veneguera. Y la de que cuando jugaban con Las Burras, siempre se
disputaban la misma copa.
Hasta
sus propias Fiestas llegaron a tener, en que sacaban en Procesión a la Virgen
de la Milagrosa y, según nos cuenta Domingo Pérez, causó gran pesar cuando,
extrañamente, desapareció esta imagen a principio de los setenta.
Por
estas fechas, cuando la industria turística empieza a afianzarse y los cultivos
de tomate a decaer, se van destruyendo las Cuarterías de Berriel y sólo queda
en pié el edificio del almacén de empaquetado, que convertido en soporte
publicitario de grupos políticos por campañas electorales, con siglas y Slogan
que se mantenían durante años. Finalmente, el 7 de agosto de 1998 es derribado
y desaparece así el último vestigio de lo que fue todo un pueblo y un referente
en los trabajos aparceros del Sur grancanario.
Atrás
quedan los sacrificios de tantos hombres y mujeres. Ellas nunca van a olvidar
los sacrificios para cuidar y alimentar familias tan numerosas. Ellos tampoco
olvidan aquellos veranos, de inclemente sol, despedregando laderas y que les
colgaron a los 15 años una máquina de sulfatar a la espalda. Pero nos quedamos con
aquello que también nos decían: que recuerdan haber pasado en Berriel los mejores
y más felices años de sus vidas.
LOS ÚLTIMOS DE BERRIEL:
Santiago Pérez: que se jubila después de estar 30 años de chófer con
Salcai. Ignacio Betancor: que
aprovecha el “boom” turístico, primero en la construcción y después como Servicio Técnico y mantenimiento de
Discotecas y Restaurantes. Juan
Cabeza: Que, cuando su familia abandona Berriel, ingresa en el Cuartel,
hace de chófer y se jubila siendo Policía Municipal. Anastasio Pérez: que después de la aparcería, se busca la
vida de chófer en los piratas y finalmente, de Taxista en Las Palmas de Gran
Canaria, durante 42 años. Y Domingo
Pérez: que, una vez se marcha de Berriel, pasa al mundo de la
hostelería como Servicio Técnico en los apartamentos Santa Mónica, durante 42
años.
Los hermanos Santiago, Anastasio y Domingo Pérez, llegan a Berriel
desde Haría –isla de Lanzarote-, en el año 1954 y cuentan que sus padres se
aventuraron a venirse a Gran Canaria, después de que les prometieran que en
Berriel iban a tener luz, agua corriente y baños en el domicilio. Nada de esto
vieron al llegar; pero aún así, se quedan y pasan a formar parte de la sociedad
grancanaria.
Todos ellos, una vez estalla el
“boom” turístico y se inicia el declive de la Aparcería, van abandonando
Berriel, la mayor parte de ellos con destino a la Barriada de Yeoward, otros a
Casa Pastores; algunas familias al Castillo del Romeral y, por ejemplo: los
Cabeza, lo hacen al Lomo Moral –Juan Grande).
Después de salir del Cuartel, es chófer en la Agencia de Viajes Insular
durante 9 años y, en el año 1974, gana la plaza de Policía Municipal en el
ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, dónde tuvo como Jefes a Antonio
Lindosa, Darío Hernández y Juan Campos.
Sus padres, que siempre cultivaron con Quintana Moreno, fueron José
Cabeza García y Esperanza López Carreño y formaron una familia de 11 hijos: 6
mujeres y 5 hombres.
Juan, en el transcurso de la reunión que mantuvimos, por momentos
repite una y otra vez lo gran mujer que fue su madre y todos sus recuerdos los
condensa en que “ha tenido una vida muy feliz”, a pesar de que, en una sóla
habitación pudieran pernoctar hasta 7 personas; que con sólo 11 años su salario
era de nueve pesetas a la semana y que en la época del Matorral, mientras su
madre lavaba la ropa de los más pequeños de la casa y ésta se secaba, tenían
que andar desnudos, porque no había otra muda.



