Por
Pedro José Franco López
Roque
Nublo de Gran Canaria/2020
A nuestro entender, era la que más empleaba el sistema de ventas "de a fiao", por estar rodeada de cuarterías de aparceros.
La
Tienda de Mateíto,
en el Lomo de Maspalomas tenía en gran y variada clientela, no en vano, además
de la población de el caserío de El Lomo, estaba rodeada de Cuarterías de
Aparceros, como la de Míster Pilcher, la del Lomo Perera, don Juliano y otras.
También y por razones obvias, era la que más utilizaba en sistema de ventas "de
a fiao". O sea que, salvo algunas cantidades entregadas a cuenta,
Mateíto y su esposa Marcelita, cobraban la deuda una vez finalizada la zafra
tomatera.
Las
Tiendas de Aceite y Vinagre, adoptaban el nombre de el dueño o dueña, en este
caso era conocida como la "Tienda de Mateíto", aunque su verdadero
nombre era don Marcial Perera Artiles; de todas las maneras,
a quién te encontrabas detrás del mostrador era a su esposa, doña Marcela Ojeda.
La
historia de esta Tienda data de la década de los años 20, era de largo
mostrador y, también larga y alta estantería. Adjunta a la Tienda está la
vivienda familiar de Mateíto y Marcela, debidamente encalada y albeada, sus
habitaciones daban todas a un patio central, no muy grande, pero plagado, de
plantas y enredaderas.
Aclaramos
este punto, por que el gran conjunto de habitáculos se completaba, por
separado, con unas habitaciones construidas de piedra seca (que aún existen),
dedicados a: Pajar, Alpendre y Cocina.
De
esta Tienda tengo bastantes experiencias personales, pues mi madre, Josefita
López, hacía la compra en la Tienda de Mateíto y, es que, al estar mi casa en
medio de El Pueblo y El Lomo, íbamos a comprar al Lomo, pués también teníamos
que ir a por leche y suero al corral de Pinito Rodríguez "la besúa"
y, con la burra, a por agua limpia y potable (hay que decir que, cuando pasaba
el agua, por la acequia -junto a mi casa-, (junto al actual Cuartel de la
Guardia Civil), ya había pasado unos 3/4 lavaderos.
En
la tienda de Mateíto, no era necesario partir el mostrador en dos (uno para las
mujeres y niños hacer la compra y otra parta los hombres echarse unos pizcos);
pués anexo a la tienda disponía de un espacio con mesas para los juegos de
carta y dominó y, dónde desfilaban los rones, los vinos "abocaos" y,
el quesito semiduro y las sardinas ahumadas (aquellas que se vendían en cajas
redondas de madera). Este "casino", hacía que
convivieran en el verdadero sentido de la palabra los maspalomeros, vecinos de
el Lomo, con la variada vecindad que les ofrecía las Cuarterías cercanas.
Como
decíamos, yo frecuentaba muchísimo esta Tienda y, recuerdo el arte que tenía
Marcelita en hacer los envoltorios con papel-basto. Además, también tengo en la
mente cómo mi madre me decía: "Periquillo, vete a ver si las gallinas
ya pusieron, p'á que vayas a la tienda". Quería decir que, con los
huevos que habían, iba a la Tienda de Mateíto, a canjearlos por comida y otras
necesidades de la casa.
También
hay que decir que, a veces y por mi cuenta iba al gallinero, cogía huevos e iba
al Lomo a por "chistes", que era como le llamábamos a los comics de
"El Jabato", "El Capitán Trueno" y otros.
Hay
que destacar que, ciertos artículos de temporada, pendían de un hilo carreto a
un metro y medio sobre el mostrador: Muñecas y pistolas por Reyes, Caretas de
duro cartón, en Carnaval,. etc. Palas y cubitos de plástico en verano, etc.;
aunque lo más normal, y durante todo el año, eran las luces de carburo, alguna
cocinilla de fuelle y sus destupidores, ristras de estropajos, etc.
Sirva
esto tan sólo como una aportación a lo que la memoria popular debería ir
añadiendo sus experiencias y conocimientos al respecto.
Para
finalizar, es obligado hacer constar y poner en valor que, aquella
emprendeduría de Mateíto y Marcelita continúa en vigor a través de su hija
Otilia que tiene un Supermercado: "Supermercado Otilia", en los
bloques de la Urbanización San Fernando (junto al Bazar Ani) y, que cada
domingo, junto a su esposo, monta mesa y toldo en el Mercadillo Agrícola de San
Fernando, para ofrecer a turistas y lugareños los productos que cosecha en su
propia finca. ¡¡que sea por muchos años, Otilia!!.




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