Publicado en el Periódico “La Provincia”, el domingo, día 23 de agosto de
2015
Por Pedro José Franco López.
Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.
Con una gran fiesta denominada “Día del Carbonero”,
también conocida por “La Bajá del Carbonero”, es la manera en que la gente de
Tunte homenajea a este noble oficio tradicional y a los que lo practicaron, de
manera furtiva, hace ya más de medio siglo. Este año toca en domingo y es que
últimamente se hace coincidir con la víspera del 24 de agosto, festividad de
San Bartolomé, copatrono del municipio.
Los antiguos carboneros se reunían en La Laguna para
descansar, poco antes de entrar al pueblo con su preciado cargamento. Allí se
les ha homenajeado dedicándoles la “Plaza del Carbonero” y, desde ahí mismo, el
domingo 23 de agosto, a las 19,- horas, será desde dónde arranque una comitiva,
sobretodo de niños y jóvenes, ataviados
con las ropas más viejas del cuarto trastero y con las caras tiznadas de carbón
y, visto los días de calor que nos está tocando vivir, de seguro que también se
teñirán las manos, los pies y, toda aquella carne que las buenas maneras
permiten dejar a la vista; acompañados de Charanga y Papagüevos, el jolgorio terminará
en la plaza del pueblo, dónde llegarán casi limpios de hollín, pues los vecinos
se habrán encargado de rociarles baldes y manguerazos de agua desde las azoteas
y balcones.
Es una manera lúdica de rendir homenaje al oficio
tradicional del Carbonero y a los que lo practicaron con tanto esfuerzo y
sacrificio para sacar adelante a su familia, en aquellos años de posguerra y,
para colmo de males, dando con sus maltrechos cuerpos en el cuartelillo o la
mismísima cárcel, muchos de ellos.
Esta fiesta, a poquito que se ponga en valor y le
cuiden algún que otro detalle y se le dote de ciertos condimentos, está llamada
a convertirse en el transcurrir del tiempo en todo un gran evento al estilo de
“La Rama” en Agaete o “El Charco” en La Aldea. No es exagerar, si tenemos en
cuenta que la “Bajá del Carbonero” cuenta con el perfil propio para ello y que,
todo gran evento de hoy en día, tuvo sus inicios, más o menos, de la misma
manera.
Para empezar, habría que intentar consolidarla cada
año más y no contrarrestar ningún logro obtenido; lo decimos porque esta fiesta
ya tuvo un precedente en que días antes de la bajada, se organizaba “La Subida
de la Leña a la Hoya del Carbón” -Plaza del Carbonero- y que ha desaparecido.
Por poner un ejemplo, al igual que otras celebraciones
análogas, la organización y autoridades, pudieran ir creando precedentes,
participando en la Bajada ataviados con la vestimenta característica del oficio
carbonero; tal como lo hicieron hace unos sesenta años: José Tejera Pino, José
Tejera Rodríguez (Pepe el negro), Lisandro Hernández Díaz, Pedro Mejías Ascario,
Julián Trujillo Rodríguez, Antonio Ferrer Monzón, Manuel Suárez López, Manuel
Montesdeoca López, Manuel y José Suárez López, José Herrera Santana, José
Hernández Hormiga, Francisco y Pedro Mejías Arbelo, Antonio Trujillo Rodríguez,
José Morales Hidalgo, Santiago López Araña, Antonio y Vicente Santana Medina y
Teodoro Pérez Pérez, Domingo Guerra, José Arbelo (el del Sequero) y tantos
otros que ejercieron este trabajo en la primera mitad del pasado siglo XX.
En el asesoramiento de la vestimenta adecuada, tendría
mucho que decir el grupo de mujeres que, ataviadas con vestimenta antigua
asisten a cada evento festivo de Tunte y, que a estas alturas, ya estarán
preparando los atarecos para su cita anual en la Romería del Pino. Otro ejemplo
también sería el de teatralizar el personaje de “Lolita la de la huerta” que,
según dicen, colocaba una sábana encima de la piedra rajá, para avisar a los
carboneros de que venía la Guardia Civil.
Para confeccionar esta modesta columna hemos recurrido
a los trabajos de investigación de Yuri Millares, con relatos de los maestros
del carbón: Nardo Jiménez y Juan Sarmiento que aparecen en las revistas “Ruta
Archipiélago” y “Pellagofio”; también nos ha ayudado el trabajo que aparece en
el Programa de las Fiestas de San Bartolomé Tunte-2008, dónde podemos ver los
nombres de hasta 18 carboneros y las fotos de ocho de ellos, con su año de
nacimiento (todos entre finales del s.XIX y primeros años del s.XX).
Existe una jerga específica y toda una cultura muy
larga de contar en torno a este oficio; por ejemplo, como dice Nardo Jiménez: “El fuego allá dentro no camina como llama,
sino un fuego lento, como el gas; por eso la construcción de las hoyas debían
tener la orientación de mar a cumbre, porque por el día el aire corre para arriba
y, por la noche al contrario”.
Valiosa también las aportaciones de Bernardino Guerra
González, conocido por Tino que, por ejemplo, nos habla de los sacrificios de
los carboneros de entonces que además del esfuerzo que conllevaba el oficio, lo
tenían que hacer a escondidas de los Guardas forestales y de la Guardia Civil, pues
estaba totalmente prohibido cortar leña y hacer carbón. Y pone especial
hincapié en cómo se fabricaba el horno dónde se quemaban las maderas de las
cumbres tirajaneras.
Primero se cortaban los pinos, se pelaban y los
troceaban antes de introducirlos en “La Hoya”. La “hoya tendida” era un hueco
de un metro de profundidad y 3 ó 4 metros de diámetro; una vez llena de
troncos, se cubría con tierra cernida, para que no quedaran grietas por ningún
lado. A continuación se prendía con un trozo de carbón ardiendo y se cubrían todos
los posibles coladeros de aire, aunque, estratégicamente, se podía dejar algún
que otro “machinal”: “No le dejo más
que humee un poquito”. Finalmente y, con toda la paciencia del mundo,
esperar entre tres y cinco días a que ardiera la hoya; como dice Nardo Jiménez:
“El fuego allá dentro camina lento”.
Las hoyas las
preparaban en terreno semillano y en “fonducos”, para que no les diera el aire
y, sobretodo, para que no estuvieran a la vista de los agentes forestales.
Cuando más tenían que estar al acecho era en el momento de cortar, trocear y
trasladar los pinos hasta la hoya (muchos fueron denunciados y encarcelados);
el trabajo de la quema era de noche y no había peligro que les descubriesen, “el humo de noche no se ve y de día es como
si fuera vapor”.
Aunque en Tunte ya nadie ejerce esta
actividad, la
perpetuidad de la actividad parece garantizada. La asociación "Chamarusco
Carboneros de la Cumbre”, se creó en el año 2004 y surgió a raíz de una serie
de iniciativas de la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria.
Este grupo de carboneros, entre los que hay algunos
del Término Municipal de San Bartolomé de Tirajana, ha logrado la creación de
una marca comercial “Carbón de la Cumbre”, la cual se encuentra registrada en la oficina española
de patentes y marcas como producto procedente de las cumbres de Gran Canaria y
reseñando que es un producto y un oficio forestal tradicional de Gran Canaria
que se viene realizando desde tiempo inmemorial y que, al mismo tiempo, destaca
por unas prácticas sostenibles y ecológicas.
BERNARDINO
GUERRA GONZÁLEZ
-TINO-,
De los de Tunte
de toda la vida, es un incondicional de la cultura popular, del folklore y de
las tradiciones canarias. No hay romería que se precie dónde no esté su Carreta
que capitanea su hijo Ismael Guerra.
Para esta
columna y para la “Bajada del Carbonero Tunte-2015”, Tino se arranca por
poesías y ha creado una con métrica y rima muy “sui géneris”, pero poesía al fin
y al cabo. Es como sigue:
POESÍA AL
CARBONERO
Por los pinares
de Tunte
bajaban los
carboneros
con la mirada
adelante,
mirando para los
pueblos
y cambiaban el
carbón
por: papas,
carne, ajos o huevos.
En la Degollada
de Rosiana
se paraban al
acecho
a que pasara
Manuel Reyes
y Talavera en
sus bestias.
Bajaban por
Pilancones
El Ventoso y las
Tederas,
Subían por
Gitagana, Arteara y Fataga
Camino del Lomo
Vera.
En las “hoyas de
carbón”
se tiznaban con
el hollín
y parecían unos
esclavo
que venían de
otro país.
Así termina la
historia
de los pobres
carboneros,
que muchos
dieron la vida
Por el hambre y
la miseria de su pueblo.



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