El
canónigo Cazorla León y prestigiosos investigadores,
sitúan su
construcción en 1681.
Por Pedro J. Franco López
Desde siempre y por parte de muchos,
ha sido motivo de curiosidad para unos y de estudio para otros, el conjunto
arquitectónico que forma la Casa de Srta. Candelaria (conocida como Casa Condal
y declarada Bien de Interés Cultural en 1995); y la Ermita anexa a la misma, que responde a las
características de una capilla familiar (un oratorio) de estilo franciscano; y,
la pregunta “del millón", -la incógnita que todos han querido
despejar-: su antigüedad aproximada.
No es desacertado el dato sobre la antigüedad de la
Casa de Srta. Candelaria que se estima en la segunda mitad del s. XVIII, pues
viene a coincidir con la fecha del matrimonio entre Luisa Antonia Amoreto y
Fernando del Castillo, primer Conde de la Vega Grande de Guadalupe (1777). Pero
el dato erróneo, a nuestro modesto entender, es el de datar igualmente a la Ermita
de “Maspaloma” (sin la “s” final, que es cómo se recoge en los
documentos de la época) en la misma fecha.
Según la “biblia” de los amantes y estudiosos
de la historia del Municipio de San Bartolomé de Tirajana: “Los Tirajanas de
Gran Canaria”, del Canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de
Canarias, escritor, investigador y Cronista Oficial de San Bartolomé de
Tirajana: Don Santiago Cazorla León (1907/2002), cuya personalidad,
credibilidad y prestigio está suficientemente reconocida, sitúa la construcción
de la “Ermita de Maspaloma” en el s. XVII, más exactamente en el año 1681. Por
lo que durante este año 2018, estamos conmemorando (ó deberíamos conmemorar) el
337 aniversario de su construcción.
Es este un motivo más que suficiente para júbilo y
orgullo; pues el pueblo y la zona turística de Maspalomas consolida su entidad,
identidad, relevancia y trascendencia histórica, al mismo tiempo que refuerza
sus raíces; con el atractivo añadido del rango que le otorga las huellas
dejadas a lo largo de siglos de historia.
Profundizando en el asunto que nos ocupa; el
historiador Santiago Cazorla León, en la segunda edición de "Los Tirajanas
de Gran Canaria", del año 2000, corregida y aumentada, hace la siguiente
puntualización:
"En la primera edición
de nuestra "Los Tirajanas de Gran Canaria" de 1995, guardamos
silencio acerca de la ermita de San Fernando por carecer de datos de su
creación; pero en el libro editado por la Universidad de Las Palmas de Gran
Canaria titulado: "La Comarca de Tirajana en el Antiguo Régimen", de
Vicente Suárez, Benedicta Rivero, Manuel Lobo y Alejandro González, nos
centramos en la siguiente nota":
"(5). Página 113: Hasta febrero de
1681 se habían abierto dos acequias en el barranco de Maspalomas: una con su
madre en la boca de los Vicentes y la otra por debajo, en La Palma; asimismo,
se estaba abriendo otra por encima del "Almassigo", junto al Charco,
y una ermita que se acabaría entre (el capitán Gotardo) Calimano y (Mateo
Pérez) de Villanueva". Continúa Cazorla León: "Sin duda alguna, la ermita que
entonces estaban edificando no puede ser otra que la de San Fernando".
La segunda prueba es la que distingue la Ermita de San
Fernando de la de Juan Grande, pues en el reparto de las capellanías que hace
el obispo Tavira el 27 de junio de 1790 dice que: se entrega una capellanía a
la Ermita de Juan Grande, y otra a la Ermita de "Maspaloma", (las
dos del Conde); y una tercera a la Ermita de Arguineguín.
Por lógica evidente, esta Ermita de Maspaloma no puede
ser otra que la de San Fernando.
Y el tercer argumento que esgrime es que, en la
carta del cura de Tunte al obispo Urquinaona del 28 de octubre de 1871,
exponiéndole su proyecto de empezar a decir misa un domingo de cada mes en las
ermitas de "Maspaloma" y de Arguineguin; cuando se refiere a la
ermita de Maspaloma, se refiere a la de San Fernando y no a la de Juan Grande,
donde la misa de los domingos nunca faltó.
Por todo lo expuesto, hemos de agudizar la imaginación
y pensar en una Ermita sola y aislada, igual que tantísimas que están
repartidas por las zonas rurales de toda Canarias, a la que un siglo después se
le acoplaría, en “L”, el edificio de dos plantas de corte señorial, tal como la
conocemos ahora.
Está aún en la mente de todos el hecho de que, previa
autorización de la propiedad del inmueble, que ostentan los hermanos Alejandro,
Pedro y Ana del Castillo y Bravo de Laguna, la Asociación “Amigos de
Maspalomas” hubo de hacer frente en abril de 1998, a la restauración de la
ermita que padecía un deterioro considerable, ante la desidia de todos.
Los trabajos estuvieron a cargo de los propios
miembros de la Asociación, que se las ingeniaron para sufragar los costes
económicos; estuvieron asesorados por el prestigioso arquitecto Luis Alemany y
contaron con el apoyo logístico de la entidad "Eléctrica Maspalomas
(Elmasa)" (gracias a la gestión del Vice-Presidente de la Asociación
"Amigos de Maspalomas", el añorado y nunca debidamente
ponderado, Sebastián Ravelo Gutiérrez).
Este gesto por parte de "Amigos de
Maspalomas" fue muy elogiado y puesto en valor por parte de la población
maspalomera y medios de comunicación en general.
Aquí queda expuesto, para satisfacer la curiosidad de
muchos, para el estudio de otros, para posteriores.











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