Por Pedro José Franco López.
Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.
Aquella
batalla (entre castellanos y aborígenes), convierte a Tunte en uno
de los escenarios más importantes de la conquista de Gran Canaria, pues aquí
fue dónde se desarrollaron los últimos episodios.
Se
entrecruzan y acumulan muchos aspectos a tener en cuenta al momento de escribir
por estas fechas una columna sobre San Bartolomé y, en la medida de lo posible
trataremos de no obviar ninguno de ellos, por lo que trataremos de la obra y
vida del propio santo; de la iglesia primitiva levantada en su nombre; del 540
aniversario de la “Derrota de San Bartolomé” y de los orígenes y autoría de la
imagen que se venera en su templo parroquial.
Hecho histórico
aborigen y castellano.
Para
empezar digamos que la iglesia suele ser el monumento arquitectónico más
importante de cada pueblo y en ellas se centran su historia y cultura: además,
en su entorno se construyen las casas, se perfilan plazas y alamedas, se
delinean calles y avenidas. La de San Bartolomé de Tirajana –Tunte- se
construye terminada la conquista y se le dedica a San Bartolomé en recuerdo a la
llamada “derrota de San Bartolomé”, de la que se cumple el 540 aniversario:
(1479/2019).
Aquella
batalla que tuvo lugar entre castellanos y aborígenes, convierte a Tunte en uno
de los escenarios más importantes de la conquista de Gran Canaria, pues aquí
fue dónde se desarrollaron los últimos episodios.
Nos paramos un poco a contar la versión
que nos deja de este hecho Pedro Agustín del Castillo en su “Descripción
histórica y geográfica de las Islas Canarias, 1737)”, que cuenta lo siguiente en cuanto a la
incursión por tierras tirajaneras que hizo el conquistador capitán Pedro
Fernández Cabrón, acompañado por el prelado Juan de Frías:
“…Hisose a la
vela Pedro Cabrón, a los Puertos de Maspaloma y Arganegín, hechando gente en
ello; y, solicitando penetrar a Tirajana, halló a
aquellos naturales tan promptos, que se encontró con el “Faycán” de aquella
Comarca; que sin aver menester más gente que otras, acometió a Pedro Cabrón.
Que poco baquiano en aquellos terrenos y asperesas, a los primeros abanses se
encontró con una de las muchas piedras que arrojaban los “Canarios” que le descompuso lo voca, dexóndole com mui pocos dientes; y
presissando volverse a los navíos, que logró con mucha pérdida de los suyos,
tubo a buena fortuna ponerse a salvo y volverse al Puerto del Real de Las Palmas…”
Se
cuentan muchas historias al respecto; unas con rigor histórico y otras que han
pasado de padres a hijos y han perdurado en el tiempo como aquella que nos dice
que, cuando los castellanos se introdujeron en la caldera de Tirajana, fueron
duramente atacados por los nativos, siendo consecuencia de ello que sus fuerzas
se vieron mermadas. De éstas, algo más de ochenta supervivientes fueron hechos
prisioneros y condenados al fuego votivo del Beñesmen, pero la intervención de
una anciana aborigen hizo que no se verificara el sacrificio. Esto acontecía la
noche del 24 de agosto de 1479, día en el que el santoral celebra la festividad
de San Bartolomé apóstol y mártir, por lo que en gratitud al santo, prometieron
elevar una ermita en su honor.

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