lunes, 23 de agosto de 2021

EL CRUEL MARTIRIO DE SAN BARTOLOMÉ

 Por Pedro José Franco López
Roque Nublo de Gran Canaria/2020

 

El martirio de San Bartolomé y, en concreto, la escena de su despellejamiento fueron motivos de inspiración para Miguel Ángel, que decidió incluir la tortura que sufrió antes de ser decapitado en el fresco monumental del Juicio Final que hoy en día se puede admirar en la Capilla Sixtina. En el fresco, San Bartolomé aparece sujetando con las manos su propia piel, en la que aparece un autorretrato del propio Miguel Ángel.

El santo apóstol.

San Bartolomé; que fue uno de los doce apóstoles de Jesús, es venerado en la Iglesia católica, en la ortodoxa e incluso en las Iglesias no calcedónicas ( Iglesias orientales que sólo aceptan los tres primeros Concilios del Vaticano).

Su martirio y muerte se atribuyen a Astiages, rey de Armenia que mandó llamarlo y le ordenó que adorara a sus ídolos. Ante la negativa de Bartolomé, el rey ordenó que fuera desollado vivo en su presencia hasta que renunciase a su Dios o muriese. Fue tan larga su agonía que, al día siguiente al ver que no hubiera muerto, ordenó que se le degollase. En la Capilla Sixtina, Miguel Ángel le representa con la piel en su mano y en la misma, un autorretrato suyo.


Bartolomé Cairasco de Figueroa (LPGC 8 de octubre de 1538-1610), poeta, dramaturgo y músico canario, en la página 244 de la “Tercera Parte del Templo Militante” hace una bella y trágica referencia al martirio de San Bartolomé, dice así, en castellano antiguo:

Fue el martirio cruel tan importuno,

Que no puede acabarse en sólo un día,

Que, como cuero y carne todo es uno,

Quitarse fácilmente no podía;

Deténgase en lugar tan oportuno

A contemplar un poco el alma pía

Del pérfido tirano la inclemencia

Y del sagrado apóstol la paciencia.

En fin, toda la piel del pié a la frente,

Se le quitó como si fuera un manto;

Y viéndole con vida al día siguiente,

No sin piedad el Pueblo, horror y espanto,

Mandóle degollar el insolente.

Y el alma bella de su albergo santo,

Viendo tiempo y lugar por la herida,

Salió a gozar de la perpetua vida.

Celebrase su fiesta en Roma en veinte

Y cinco días del mes de Agosto, y fuera

A veynte y quatro, que la diligente

Yglesia lo ordenó de esta manera.

La causa como dice docta gente,

Fue dilatarse así pena tan fiera,

Y celebrando Roma el degollarle,

Celebran los demás el deffollarle.

 

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