domingo, 23 de abril de 2023

"LAS DESAPARECIDAS TIENDAS DE ACEITE Y VINAGRE, Y LOS PUNTOS DE ENCUENTRO E INTERCAMBIO GENERACIONAL".

 

Por Pedro José Franco López
ROQUE NUBLO DE GRAN CANARIA/2020
PREMIO RAÍCES/SBT-2019

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El Cuaderno Etnográfico "El Pajar", que edita la Asociación Cultural Pinolere, y que dirige don Rafael Gómez León, en su núm. 35 acoge mi artículo "LAS DESAPARECIDAS TIENDAS DE ACEITE Y VINAGRE, Y LOS PUNTOS DE ENCUENTRO E INTERCAMBIO GENERACIONAL".

Como cualquier otro pueblo o aldea de la geografía canaria, Maspalomas, al estar tan aislada, las relaciones sociales eran muy frecuentes e intensas en el marco de la familia, de la amistad y de la solidaridad vecinal; sentires profundamente arraigados entre sus gente que, tras la dura tarea de la labranza, buscaban el pretexto para el rato de tertulia y el esparcimiento y, para esto era una opción perfecta las desaparecidas Tiendas de Aceite y Vinagre.

En todos y cada uno de los pueblos y caseríos canarios y, no iba a ser menos el pueblo de Maspalomas, eran las Tiendas, los Bares y las Barberías los puntos de encuentro dónde la ciudadanía "mataba" el poquísimo tiempo de asueto que tenían, pues el trabajo que les ocupaba de sol a sol, les dejaba un corto resquicio al atardecer y, los sábados por la tarde, después de recoger el sobre con la paga salarial.

A la mujer -desafortunadamente- los cánones de la época le condicionaban a proseguir con las tareas cotidianas de la casa y el cuidado de los hijos, aunque siempre encontraba pretexto para iniciar la charla y la conversación más animada con amigas y vecinas.

Principalmente, en este artículo, nos centramos en las llamadas "Tiendas de Aceite y Vinagre", que en la mayor parte de los casos, adquirían el sobrenombre de la dueña o dueño que la regentaba; por ejemplo en el caso que nos ocupa, en Maspalomas, teníamos: la de Agustín Rivero, la de Rosita Sánchez, la de Juanito Artiles, la de Mateíto, etc.

Hablamos de aquellas Tiendas de "a fiao", dónde la vecindad derrochaba honradez y confianza, que no había mejor contrato que la palabra y podías realizar tu compra semanal o mensual y pagarla al final de la zafra o, cuando buenamente el bolsillo pudiese.


 

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