El Cuaderno Etnográfico "El Pajar", que edita la Asociación Cultural Pinolere, y que dirige don Rafael Gómez León, en su núm. 35 acoge mi artículo "LAS DESAPARECIDAS TIENDAS DE ACEITE Y VINAGRE, Y LOS PUNTOS DE ENCUENTRO E INTERCAMBIO GENERACIONAL".
Como cualquier otro pueblo o aldea de la geografía canaria, Maspalomas, al estar tan aislada, las relaciones sociales eran muy frecuentes e intensas en el marco de la familia, de la amistad y de la solidaridad vecinal; sentires profundamente arraigados entre sus gente que, tras la dura tarea de la labranza, buscaban el pretexto para el rato de tertulia y el esparcimiento y, para esto era una opción perfecta las desaparecidas Tiendas de Aceite y Vinagre.
En todos y cada uno de los pueblos y caseríos canarios y, no iba a ser menos el pueblo de Maspalomas, eran las Tiendas, los Bares y las Barberías los puntos de encuentro dónde la ciudadanía "mataba" el poquísimo tiempo de asueto que tenían, pues el trabajo que les ocupaba de sol a sol, les dejaba un corto resquicio al atardecer y, los sábados por la tarde, después de recoger el sobre con la paga salarial.
Principalmente, en este artículo, nos centramos en las llamadas "Tiendas de Aceite y Vinagre", que en la mayor parte de los casos, adquirían el sobrenombre de la dueña o dueño que la regentaba; por ejemplo en el caso que nos ocupa, en Maspalomas, teníamos: la de Agustín Rivero, la de Rosita Sánchez, la de Juanito Artiles, la de Mateíto, etc.
Hablamos de aquellas Tiendas de "a fiao", dónde la vecindad derrochaba honradez y confianza, que no había mejor contrato que la palabra y podías realizar tu compra semanal o mensual y pagarla al final de la zafra o, cuando buenamente el bolsillo pudiese.



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