Por Pedro José Franco López
Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.
Publicado por el periódico “La Provincia” el lunes,
día 22 de diciembre de 2014-12-22
En los años
60, el Belén Viviente de Maspalomas aglutinaba en cada representación a la casi
totalidad de los jóvenes del pueblo.
Las fechas mandan y nos brinda la
oportunidad de poner en valor aquellas obras de teatro navideñas que se
celebraban en Maspalomas finalizando la década de los sesenta del siglo pasado.
Ahora se llaman “Belenes Vivientes”, en el mundo del teatro se les denomina
“Autos Sacramentales”, pero por aquella época las llamábamos “Comedias de
Navidad”, con el nombre específico de “Divino Acontecimiento”.
La iniciativa que surge del párroco
de entonces, el Rvdo. Don Manuel Montesdeoca en octubre de 1967, llega a congregar
en cada representación a más de un centenar de “actores”, lo que quiere decir
que, teniendo en cuenta la población
maspalomera de la época, era la práctica totalidad de la población
juvenil y bastantes mayores que se sumaban interpretando a posaderas y pastores;
éstos últimos recitando poesías y cánticos que proponían los maestros en la
Escuela; los ensayos
tenían lugar en el interior de la propia Iglesia de San Fernando, de octubre a
diciembre de cada año y así hasta iniciada la década de los setenta.
Como la experiencia era nula en
estos menesteres, los textos eran extraídos de Libros de Misa y el resto pura
invención colectiva; el lugar de las representaciones era el patio de recreo, anexo
a la Escuela y la propia Iglesia del Poblado de San Fernando y, como escenario
de las distintas secuencias, una sucesión de montículos y pasillos fabricados
con cajas de tomates, que nos prestaban los encargados de zona de los
exportadores: Míster Pilcher y Juliano Bonny; hasta 10 camiones de cajas
llegaron a necesitarse en alguna ocasión.
Los papeles se repartían al azar y según peticiones; puestos a
repartir, el de coordinador y director, le tocó al que suscribe que, pecando de
atrevido, le indicaba a Josefita López, cómo debían ser los trajes que debían
lucir cada uno de los personajes. El “taller de costura” era el inmenso patio
de lajas de su casa de labranza y los “costureros” eran los propios “actores”,
todos ellos coordinados por mi madre, que hacía un hueco en sus clases de
costura.
Los “actores”
del Belén Viviente que hacían de Reyes Magos, tenían asumido que el día de
Reyes debían asistir, con el vestuario a Misa, la “presidían” en un lugar
privilegiado y, hacían el besapiés al Niño Jesús, como todos los asistentes.
Como época en que los trabajos de
aparcería estaban en pleno apogeo era bastante numeroso el grupo de vecinos que
se congregaba a contemplar estos Belenes Vivientes, tal es así que en más de
una ocasión, el párroco Don Manuel celebraba la Misa del Gallo en el exterior
de la Iglesia, en la mismísima cueva que hacía de Portal de Belén, junto a la
Virgen María, San José, el Niño y los Reyes Magos y sus Pajes.
En las distintas ediciones, se alternaban
los personajes y el que fue San José pudo llegar a ser Rey y que el que hizo de
Herodes, pudo llegar a ser apuntador y la que atendía una posada en el 67, pudo
llegar a ser el mismísimo demonio en el 68.
Con el tiempo, la
vestimenta y accesorios se fueron
aumentando y complementando; tanto es así que en el verano del 68 se recaudaba dinero
para sufragar gastos a la salida de de las Misas, que era cuando los turistas
de Las Palmas llenaban el templo y la plaza de San Fernando.
Como no se
recaudaba lo suficiente, un grupo de jóvenes, encabezados por Chana Franco, fuimos
a la casa del Conde de la Vega Grande, para pedirle colaboración y éste nos dió
una tarjeta para ir al Kilo de San Bernardo a comprar telas, complementos y
artilugios de atrezo de toda clase.
También se
celebró el Belén Viviente varios años en el pueblo de El Tablero, coordinado y
dirigido por el entusiasta Juan Vega; el párroco y un grupo de jóvenes nos
pidieron que hiciéramos la representación en el Tablero; pero en Maspalomas, no
quisimos que fuera así tal cual, por lo que se decidió hacer un reparto de
papeles entre jóvenes de los dos pueblos. Así fue como en 1970 se unieron y
convivieron durante dos meses los jóvenes del Tablero y Maspalomas, para
escenificar un Belén Viviente en el interior del templo parroquial de la Santísima
Trinidad.
La convivencia de
jóvenes y mayores durante más de dos meses, fue una experiencia muy válida que
bien pudiera repetirse hoy en día, afrontando juntos las comunidades de dos
pueblos vecinos proyectos de toda índole; ya sean éstos deportivos, solidarios
o culturales.
Esta iniciativa
y muchas otras que se fueron sucediendo durante varios años, hicieron que
Maspalomas, un pueblo que veía despegar su zona turística allá por San Agustín,
tuviera también su vida social y cultural como cualquier otro pueblo de la
geografía grancanaria.
Desde los años 80 y hasta la actualidad, han surgido
varias iniciativas, respecto a la actividad teatral navideña, hoy en día podemos
disfrutar de una especie de macro Auto Sacramental llamado “De Belén vino la
Luz” que, con periodicidad bianual y, por Navidad, coordina y dirige el
inquieto Adán Verde Ojeda; se basa, principalmente en el trabajo y el
desarrollo comunitario de colectivos de mayores y jóvenes, así como también de
carácter solidario, ya que participan ONGs radicadas en Maspalomas y resto del
municipio de San Bartolomé de Tirajana.














