domingo, 5 de abril de 2020

(11 de 17).- LOS TENDERETES. LA VIDA SOCIAL


Por Pedro José Franco López.

 

LOS TENDERETES: LA VIDA SOCIAL



De entre los Tenderetes y Fiestas de los años 50 y 60 del s.XX, predominaban, como muestran las fotos, los que se hacían en la playa, el “Bosque”, bajo el “Árbol Bonito” o, incluso, en el "Patio interior del Faro", en los que nunca faltaban el timple y la guitarra.

También estaban las celebraciones de bodas, a las que todo el pueblo estaba invitado, un momento especial para inmortalizar en las fotos los grupos de familiares y amigos.

Después vinieron las «reuniones», en casas particulares que, al igual que a la antigua usanza, se apartaban muebles y aparecía una "espléndida" pista de baile; alrededor de un modesto tocadiscos y, como siempre, el patoso, que no ligaba, hacía de "DJ".
Uno de los documentos gráficos importante que ilustran este capítulo, aparece un grupo de personas en animado jolgorio en el "Árbol Bonito" y, en el dorso puede leerse: “La Peña de Maspalomas”, fechada en los años cincuenta.

Nos da cuenta de que los maspalomeros tenían lugares que muchos aun rememoran y añoran, para la convivencia y el esparcimiento: “La Prensa” era sitio que había que frecuentar asiduamente por quien quisiera estar al día de los últimos acontecimientos. “La Pared”, que bordeaba y limitaba prácticamente el perímetro del pueblo, era el punto de referencia de situación para todo. Junto a ellos no pueden olvidarse el cine de lata “Tripita Seca”, espacio de encuentro de los jóvenes en dónde el acomodador imponía el orden y el silencio amparado en una vara de caña; mención aparte merece “El Paseo” de la juventud (en edad de noviazgo), los domingos por la tarde, a lo largo de un tramo de la carretera y que propició tantos noviazgos y matrimonios, que aún hoy en día viven y rememoran muchas anécdotas.

Destacar también: “La Tienda y Patio de Juanito Artiles”, “La Fonda”, “La Cantina”, el “Bar de Antonio Franco” y, especialmente la "Tienda de Agustín Rivero y Pino Rodríguez", que por tener cinco -5- hijos, se convertía en punto de encuentro de la chiquillería y juventud de un pueblo que, antes del Poblado de San Fernando, tenía tan sólo unas cien viviendas.

miércoles, 1 de abril de 2020

(10 de 17).- LOS NIÑOS


Por Pedro José Franco López.

 

LOS NIÑOS

 


Seguramente, es en las fotos de los niños en las que mejor se aprecian la espontaneidad, la simpatía y la humildad de la gente del pueblo de Maspalomas. Niños que sabían hacer los juguetes más imaginativos, compensando los que no podían tener por las acusadas carencias del presupuesto familiar.

Niñas que dominaban el salto de la soga y que conocían infinidad de canciones infantiles. Noches de Reyes llenas de magia e ilusión, a principio de los años sesenta del s.XX, satisfechas por los americanos de la NASA.

Y en las fotos de la escuela, a la que los pequeños acudían con su uniforme o su babi siempre inmaculado, se palpa la pulcritud y la dedicación de la madre maspalomera. La primera escuela se estableció en los años cincuenta y se dice que antes no se quiso abrir para que la gente no dejara el trabajo de las plataneras.

Por aquella primera escuela pasaron grandes y recordados maestros, aunque alguno llego a penar a los niños a estar de rodillas en medio de una carretera por la que, obviamente, no transitaban vehículos. Juegos infantiles, escenas familiares, miradas de niños, en fin, aires de alegría e ilusión.

(9 de 17).- LOS TRABAJOS DEL CAMPO


Por Pedro José Franco López.

 

LOS TRABAJOS DEL CAMPO


La Pesca, el Pastoreo y la Agricultura tradicional fueron los recursos ancestrales del pueblo de Maspalomas, que constituían un gran latifundio. El ganado, el beletén, el queso recién hecho, el suero con gofio, representan hoy resonancias de viejas formas de vida.
 
Aún permanece en el recuerdo de muchos maspalomeros la estampa de las mujeres aventando el trigo, como también la imagen de los caballos trillando en la Era. Los campos plantados de papas, los trigales, los cultivos hortícolas de autoconsumo forman parte de un pasado de siglos en la comarca.

Después se extendieron los monocultivos de exportación, las plataneras y los tomateros, en el ámbito de un régimen feudal de la propiedad de la tierra y de la distribución de la cosecha entre el amo y el aparcero.

A la zafra del tomate del sudeste y sur de Gran Canaria se desplazaban temporalmente numerosos trabajadores de distintos lugares de la isla, albergados en las cuarterías, soportando lamentables condiciones de existencia.Los terrenos se preparaban en verano y la zafra duraba todo el otoño e invierno, con el trabajo de toda la familia, y el criar los hijos en cajas de coñac, como cuna, en medio de los surcos.

El trabajo consistía en despedregar y armar la tierra, sembrar y plantar los "jorcones"; estar al pie del cultivo todas las horas del día y todos los días de la semana. Luego lidiar con el implacable capataz, entregar la cosecha al amo y estar sometido a la racanearía y el abuso del cosechero. En el presente, la actividad turística y de servicios ha desterrado casi enteramente la labranza de la tierra, de la que en Maspalomas sólo quedan escasos y reducidos vestigios.

Son imágenes que aún perviven en la memoria de muchos maspalomeros y que quedan como documento antropológico, cuando el turismo ha barrido las actividades tradicionales de la zona.