lunes, 6 de abril de 2020

(12 de 17).- LA BICICLETA, LA MOTO, EL COCHE...


Por Pedro José Franco López.


LA BICICLETA, LA MOTO, EL COCHE...



La bicicleta era el único medio de transporte mecánico que poseían algunos vecinos para su trabajo. Para trasladarse a Las Palmas o a otra parte de la isla había que esperar al «coche de hora», que comenzó a prestar sus servicios con el sur de Gran Canaria en fechas muy tardías. La bicicleta permitía, además, el paseo dominguero y los jóvenes llevaban a su novia sentada siempre de lado. También se podía ser generoso con un amigo y prestársela para «dar una vuelta».

En aquel tiempo tener una bicicleta era algo importante. Ya de más lujo fue la moto, que llego a ser símbolo de revalorización social, cuyo poseedor se autorrevestía en algunos casos de cierta preeminencia respecto a los demás.

Después del «coche de hora», llegaría la camioneta y, mas tarde, los primeros vehículos de transporte del turismo y los de uso particular, como la furgoneta de carrocería de madera de Marcialito.

Para los jóvenes maspalomeros ir a los cines o las Verbenas (bailes de Sociedades), de Arguineguín, El Tablero o El Vecindario, había que hacer turnos de espera y es que los coches de Agustín, Serafín y Enrique Rivero hacían de medio de transporte, dando varios viajes, mientras hubieran "clientes". Y, como es de suponer, como sardinas en lata y, asomando las cabezas por las ventanas, para que cupiéramos los más posibles. 

Porque, todavía en aquellos años, para ver coches en cantidad, había que esperar a los que acompañaban a la Carrera Ciclista del Condado o a la Excursión que organizaba los Taxistas de las Palmas, con todas las personas mayores de la capital, y eso era una vez al año.

Mi madre -Josefita López-, para saber cuántos coches pasaban en estos "acontecimientos", ponía un buen puñado de granos de millo en un lado y, cada vez que veía venir un coche, cogía un millo y se lo ponía en el bolsillo; y al final los contaba.

domingo, 5 de abril de 2020

(11 de 17).- LOS TENDERETES. LA VIDA SOCIAL


Por Pedro José Franco López.

 

LOS TENDERETES: LA VIDA SOCIAL



De entre los Tenderetes y Fiestas de los años 50 y 60 del s.XX, predominaban, como muestran las fotos, los que se hacían en la playa, el “Bosque”, bajo el “Árbol Bonito” o, incluso, en el "Patio interior del Faro", en los que nunca faltaban el timple y la guitarra.

También estaban las celebraciones de bodas, a las que todo el pueblo estaba invitado, un momento especial para inmortalizar en las fotos los grupos de familiares y amigos.

Después vinieron las «reuniones», en casas particulares que, al igual que a la antigua usanza, se apartaban muebles y aparecía una "espléndida" pista de baile; alrededor de un modesto tocadiscos y, como siempre, el patoso, que no ligaba, hacía de "DJ".
Uno de los documentos gráficos importante que ilustran este capítulo, aparece un grupo de personas en animado jolgorio en el "Árbol Bonito" y, en el dorso puede leerse: “La Peña de Maspalomas”, fechada en los años cincuenta.

Nos da cuenta de que los maspalomeros tenían lugares que muchos aun rememoran y añoran, para la convivencia y el esparcimiento: “La Prensa” era sitio que había que frecuentar asiduamente por quien quisiera estar al día de los últimos acontecimientos. “La Pared”, que bordeaba y limitaba prácticamente el perímetro del pueblo, era el punto de referencia de situación para todo. Junto a ellos no pueden olvidarse el cine de lata “Tripita Seca”, espacio de encuentro de los jóvenes en dónde el acomodador imponía el orden y el silencio amparado en una vara de caña; mención aparte merece “El Paseo” de la juventud (en edad de noviazgo), los domingos por la tarde, a lo largo de un tramo de la carretera y que propició tantos noviazgos y matrimonios, que aún hoy en día viven y rememoran muchas anécdotas.

Destacar también: “La Tienda y Patio de Juanito Artiles”, “La Fonda”, “La Cantina”, el “Bar de Antonio Franco” y, especialmente la "Tienda de Agustín Rivero y Pino Rodríguez", que por tener cinco -5- hijos, se convertía en punto de encuentro de la chiquillería y juventud de un pueblo que, antes del Poblado de San Fernando, tenía tan sólo unas cien viviendas.