Por Pedro José Franco
López
Técnico en Patrimonio
Histórico y Cultural.
En estos momento de "boom" turístico en los que se baten records cada mes, se nos viene a la memoria aquel entrañable programa del año 1.965, que constaba de tan sólo una cuartilla de color azul.
Pero, eso, sí con un
párrafo en inglés. Curiosamente, a tan sólo un año de inaugurarse las primeras
instalaciones turísticas en San Agustín y siete meses antes de inaugurarse el
primer hotel, el Folías, ya el programa venía con un texto en inglés: “May 30 th a nice holiday in Maspalomas
for the day of San Fernando”; escueto, pero un gran referente hoy en
día, pués desde ya se vislumbraba la vocación hospitalaria y turística del
pueblo de Maspalomas y su gente.
Ay que decir que, en
Maspalomas, se celebraban fiestas desde tiempos inmemoriales. Según informantes
ya desaparecidos, consistían tan sólo en sacar los santos a la Era, frente a la
Ermita de San Fernando y poco más; alguna carrera pedestre entre los mayores
del lugar y, según comentan vecinos del pueblo de Berriel, llegaron a ver
Luchadas frente la Ermita y, sin más terrero que el propio empedrado de la era.
Por supuesto, ni hablar de tirar voladores en las inmediaciones de la era y la
gañanía, por peligro de incendio en los pastos y cosechas de la labranza.
En aquellas fiestas, los actos eran de lo más sencillos y elementales, se pogramaban
en tan sólo dos días, el 29 y 30 de mayo: Rosario cantado, Misa armonizada, Carreras
de Cintas en bicicleta, Carreras pedestres, un partido de Fútbol y una velada
de Boxeo.
Ya en 1967, se puso una
pica en Flandes y se innovó con dos actos: Engalanamiento y embanderado de
calles y Paseo y Música. Lo del “paseo y música” era al mismo tiempo una fuente
de ingresos para la organización, pues, por cada “disco dedicado” que
encargaras, tenías que aportar cinco duros; la dedicatoria y la canción llegaba
a todos los rincones del pueblo mediante un amplificador, un tendido de cables
y bocinas instaladas en puntos estratégicos y, por llegar, nos llegaba también a
través de las bocinas, la Diana Floreada el día de la Fiesta principal.
A partir de la
inauguración del Poblado de San Fernando y del auge de la aparcería, la fiesta
adquiere otra dimensión…, pués coincidía con el fín de la zafra y, servían de
despedida de los aparceros, que volvían a sus pueblos de origen a pasar el
verano.
Ya en estas fiestas de
la “era moderna”, cómo se celebraban lejos de la Era y, todo hay que decirlo,
la cosecha no era como para subirse por las paredes, nos podíamos permitir el
lujo de exhibiciones pirotécnicas y, como las patrocinaba el Condado de la Vega
Grande, su encargado, José Antonio Borrego, con la factura del fueguista en la
mano, contaba los voladores –uno a uno-, por ver si le cuadraba.
Al ser San Fernando, (en
otros tiempos), patrón de la Juventud española en general y, de la
nacional-sindicalista en particular; en Maspalomas se daban cita cada 30 de
mayo organizaciones de la OJE de casi toda la isla, además de las del propio
pueblo de Maspalomas. Se organizaban desfiles ante el santo después de la
Procesión y, en la puerta de la Iglesia, tenía lugar la entrega de diplomas,
condecoraciones y la solemne Renovación de Promesas. Incluso la Diana Floreada
por el pueblo llegó a hacerse con Bandas de Cornetas y Tambores.
Bueno, con el tiempo y
obvias evoluciones se van quedando por camino eventos que se descolgaban por sí
solos y que no se echan a menos y otros que aún añoramos todos, por contar los
más sencillos: Los “Papagüebos” y el Toro de fuego.
En cuanto se reúnen un
grupo de maspalomeros de la época, inevitable comentar de cuando extendíamos
las “tongas” de picón que dejaba el camión, por las calles del poblado de San
Fernando; todo sea dicho, para fastidio de las chicas que, con los pedruscos
del picón se le pelaban los tacones de los zapatos. (Algunas llegaban a la
Iglesia con cholas y los zapatos en una bolsa).
Atrás queda por
ejemplo: las famosas Tiradas de soga entre Maspalomas y el Tablero y, el
secretismo que existía entre los dos pueblos por ver qué equipo se hacía con
los barqueros más fornidos de Las Burras, para que les hiciera de refuerzo en
el equipo. ¿El premio? Una caja de botellines de cerveza.
Ya se borran en el
recuerdo las populares Peleas de Carneros, que se eliminan de la programación a
partir de cuándo dos carneros prefirieron hacerse el amor y no la guerra. Y las
Peleas de Gallos, organizadas por un aficionado acérrimo: Salvadorito, guarda
jurado de las fincas del conde.
Y las Carreras de
Caballos que, para asombro de los lugareños, invadían el pueblo multitud de
aficionados de la ciudad de Telde. Espectaculares las Tiradas al Plato, que
llegaron a congregar en alguna ocasión hasta ciento cincuenta escopetas, por lo
que llegó a plantearse a la construcción de un campo de tiro; incluso con propuestas
de una espaciosa zona entre El Lomo de Maspalomas y la Degollada de la Yegua.
Era de prestigio
insular el Torneo de fútbol de San Fernando que nace por principio de los años
70 y el trofeo en disputa era donado por el cura del pueblo: Don Manuel Montesdeoca
Hernández. Y, pioneras en su género y modalidad, las “24 horas de Fútbol-Sala”,
por las que desfilaron los mejores equipos de la isla grancanaria.
No podemos terminar
esta columna sin nombrar a aquellos a los que se les debe, en gran manera, la
organización de aquellas fiestas de principio de la década de los sesenta: Antoñito
Pérez, Alfredito Sánchez; Rafael Rodríguez Perera; Antonio Miranda Pérez; Enrique
Rodríguez (Enrique Falange); Juan Sánchez; Juan Franco López; Roberto Quiroga; Pepe
Alemán; Maestro Lorenzo;etc.
Y los que cogieron el
testigo años después: Antonio Martín Falcón; Juana Delgado Pérez; Sebastián
Ravelo Gutiérrez; Pino y Chana Franco; Carmelo Fabelo; Juan D. Afonso; Gerardo
Perera; Francisco Santiago León y tantos y tantos otros.
Terminamos fardando de algo
que se consideraba insólito por aquellas épocas e incluso en las fechas de hoy
en día. En Maspalomas, aún en fechas contemporáneas con el Antiguo Régimen, la
presidencia de las Fiestas era elegida mediante votación popular. Tanto es así
que se llegó a insertar anuncios publicitarios en prensa escrita -de los de
pago- comunicando al pueblo la reunión que iba a tener lugar, con el siguiente
orden del día: 1º: dar cuenta del Estado de cuentas de las Fiestas del año
anterior. Y, 2º: elegir al Presidente y Comisión de Fiestas del próximo año.
Mucho hay que hablar y
tratar sobre el tema; cincuenta años da para mucho y, de la época reciente, la
de la era digital, tiempo habrá de contarla.