Por Pedro José Franco López.
LOS NIÑOS
Seguramente,
es en las fotos de los niños en las que mejor se aprecian la espontaneidad, la
simpatía y la humildad de la gente del pueblo de Maspalomas. Niños que sabían
hacer los juguetes más imaginativos, compensando los que no podían tener por
las acusadas carencias del presupuesto familiar.
Niñas
que dominaban el salto de la soga y que conocían infinidad de canciones
infantiles. Noches de Reyes llenas de magia e ilusión, a principio de los años
sesenta del s.XX, satisfechas por los americanos de la NASA.
Y
en las fotos de la escuela, a la que los pequeños acudían con su uniforme o su
babi siempre inmaculado, se palpa la pulcritud y la dedicación de la madre
maspalomera. La primera escuela se estableció en los años cincuenta y se dice
que antes no se quiso abrir para que la gente no dejara el trabajo de las
plataneras.
Por
aquella primera escuela pasaron grandes y recordados maestros, aunque alguno
llego a penar a los niños a estar de rodillas en medio de una carretera por la
que, obviamente, no transitaban vehículos. Juegos infantiles, escenas
familiares, miradas de niños, en fin, aires de alegría e ilusión.




