Por Pedro José Franco López.
Roque Nublo de Gran Canaria 2020
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Pido la complicidad de todos, para abogar a que, mejor hoy que mañana, el Macizo de Amurga, más concretamente Barranco Hondo, sea declarado Parque Nacional, y su estatus legal, proteja y conserve su riqueza y valores en flora, fauna, geología e historia.
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Nuestros antepasados aborígenes, en su afán de dejar constancia de su cultura, grabaron y moldearon un sinfín de restos arqueológicos, tan cautivadores como enigmáticos, cuyo rastro se dibuja en cada uno de esos lugares mágicos en los que han dejado su huella.
Desde que iniciamos el acceso al mítico Barranco Hondo, la aventura se convierte en interesante y enigmática, pues hemos de acceder a él atravesando una galería (túnel) de 250 mts. aproximadamente, con suelo algo irregular, algunos socavones, techo bajo, también irregular; se pasa en unos cinco-ocho minutos, pero sin sensación de agobio, ya que ambas bocas, de entrada y salida, son siempre visibles.
Es un lugar salvaje y virgen, de alto valor paisajístico y geomorfológico, enclavado en la zona más antigua de la isla y moldeado por el capricho de la naturaleza debido a millones de años de erosión, su orografía está encajonada en los laterales del cauce, dónde se levantan enormes paredes verticales traspasadas por cientos de cuevas, de todos los tamaños, formas y accesibilidades posibles.
Si, al visitarlo, ha llovido recientemente, se podrá disfrutar de un refrescante baño, pues habrá que sortear algunos caideros de 3 - 4 metros de altura, y algunas pocetas de mayor o menor tamaño y profundidad; de todas las maneras, lo mejor que te puede pasar, al visitar Barranco Hondo, es encontrarte con un ganado de cabras "garrapateando", por aquellas milenarias montañas; como me pasó a mí mismo, en visita guiada por el amigo Alby Mendoza.
En el sedimento de su desembocadura, formado de los materiales aluviales, vive una vegetación con predominio de salados, espinos y aulagas y surgen por doquier gran cantidad de tabaibas dulce y cardones, -de las mejores representaciones de Gran Canaria-, tajinastes, tasaigos, jarales, manchones de escobones, vinagreras, balos, romero marino, tomillo florido, ruda grancanaria, cornical; además de ejemplares aislados de sabinas, pinos canarios y palmeras de diversa entidad.
Por el margen izquierdo del barranco se sigue un antiguo camino que luego cruza varias veces a uno y otro lado, hasta llegar a dos puntones:
Uno de ellos "Los Salineros", -que da a la costa- coge su nombre del uso que hacían de él los empleados de Las Salinas de Juncalillo, ya que desde allí, se divisaba perfectamente la llegada de los barcos que pirateaban la zona.
Se trata del arco natural más grande de Gran Canaria, y está situado paralelamente a otro arco de piedra de menores dimensiones; en la perspectiva que se admira desde el Arco del Coronadero, cabe destacar la fuerte aridez del lugar y las tonalidades rojizas y ocres de las agujereadas laderas; tanto a un lado como a otro, una gran profusión de formas rocosas inimaginables aparecen ante nosotros, en un espectáculo verdaderamente gratificante a la vista y lo más parecido a una "tempestad petrificada", como bautizara Miguel de Unamuno a las cumbres grancanarias.
Quizás fuera esta contemplación la que inspiró a los aborígenes canarios, para que, justo enfrente a tan singular Arco, crearan en lo alto de una imponente cresta que emerge de entre dos profundos barrancos un singular yacimiento arqueológico formado por 36 torretas de forma cilíndrica, muy bien conservado, gracias a su aislamiento, inaccesibilidad y por su mimetismo con el paisaje.
Hablamos de las "Torretas del Coronadero", construidas por apilamientos de lajas de fonolita; estas torretas están rematadas con piedras hincadas, cada una orientada en diferentes direcciones y que, entre sí, difieren en tamaño y diámetro; se alinean ocupando toda la superficie de la reducida plataforma en que termina dicho roque, al que conocemos como: "Altos del Coronadero". Felicitamos a "El Legado", por sus colecciones fotográficas, con tecnología de control remoto de las que hacemos uso en el presente..
En nuestra búsqueda bibliográfica, destacar lo que nos aporta los expertos Jorge Miranda y Rubén Naranjo, en la Revista "Aguayro", de mayo-junio de 1993, editada por la Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria y, por supuesto, los exhaustivos trabajos de investigación del bloguero Pablo Guedes González, al que felicitamos por su incansable labor y deseamos sea pronto del todo reconocida.
Para el comisario arqueológico Sebastián Jiménez Sánchez, los mojones grancanarios, tienen un carácter eminentemente cultural: “son tronos y soportes de las almas de los héroes, de los antepasados y de los jerarcas de los poblados cantorales pastoriles y tuvieron efectos ceremoniales de carácter astral.”
Y, describiendo a los "mojones" troncocónicos, continúa: “son un conjunto de piedras, por lo general lajas, maravillosamente dispuestas en ensamblamiento. Dichas construcciones denotan idealización y alto espíritu estético […] el color de las mismas es ocre rojizo. La masa rocosa de las montañas en las que suelen estar erigidas tienen también ese color”.
Por nuestra parte, abogar para que, mejor hoy que mañana, el Macizo de Amurga, más concretamente Barranco Hondo, sea declarado Parque Nacional, y su estatus legal, proteja y conserve su riqueza y valores en flora, fauna, geología e historia, no sin antes realizar los trabajos de investigación previos, que ubiquen estas también "Montañas Sagradas" en el reloj prehispánico del Carbono 14 grancanario.
Para finalizar y, por si este artículo supone un efecto llamada para curiosos y amigos del atrevido selfie, advertir sobre las precauciones que hay que tomar en el Arco del Coronadero, por su estado de erosión preocupante; el Colectivo Turcón, por ejemplo, ya ha dado la voz de alerta ante el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, para que se tomen medidas preventivas y urgentes que aminoren los riesgos sobre la formación geológica y las personas que frecuentan el lugar.














