miércoles, 26 de agosto de 2020

BARRANCO HONDO: EL ARCO Y LAS TORRETAS DE LOS ALTOS DEL CORONADERO.

Por Pedro José Franco López.

Roque Nublo de Gran Canaria 2020

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Pido la complicidad de todos, para abogar a que, mejor hoy que mañana, el Macizo de Amurga, más concretamente Barranco Hondo, sea declarado Parque Nacional, y su estatus legal, proteja y conserve su riqueza y valores en flora, fauna, geología e historia.

 

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Nuestros antepasados aborígenes, en su afán de dejar constancia de su cultura, grabaron y moldearon un sinfín de restos arqueológicos, tan cautivadores como enigmáticos, cuyo rastro se dibuja en cada uno de esos lugares mágicos en los que han dejado su huella.


Cada día queda más de manifiesto que, todo el Macizo de Amurga, en San Bartolomé de Tirajana, contiene una alta cantidad de vestigios del pasado aborigen canario, que se esconde a lo largo, ancho y, sobretodo alto, de Barranco Hondo; y, lo mejor que podemos hacer, es simplemente mostrar y recordar su existencia, que es lo que tratamos de hacer con esta modesta aportación.

Desde que iniciamos el acceso al mítico Barranco Hondo, la aventura se convierte en interesante y enigmática, pues hemos de acceder a él atravesando una galería (túnel) de 250 mts. aproximadamente, con suelo algo irregular, algunos socavones, techo bajo, también irregular; se pasa en unos cinco-ocho minutos, pero sin sensación de agobio, ya que ambas bocas, de entrada y salida, son siempre visibles.

Barranco Hondo es uno de los barrancos más hermosos de la isla de Gran Canaria; se trata de un profundo tajo, hendidura o grieta, desgastado y erosionado por el paso del tiempo y que parte en dos el macizo de Amurga a lo largo de diez kilómetros; tiene su cabecera en las cimas de Amurga y Garita, a mil metros de altitud, y desemboca en la Playa del Cardón, cerca de la Punta y Playa de Tarajalillo y su recorrido no puede hacerse íntegro por el cauce, al existir un caidero imposible de superar en la cota aproximada de los cuatrocientos metros, debiéndose retornar nuevamente por el mismo camino hasta la entrada de la galería.

Es un lugar salvaje y virgen, de alto valor paisajístico y geomorfológico, enclavado en la zona más antigua de la isla y moldeado por el capricho de la naturaleza debido a millones de años de erosión, su orografía está encajonada en los laterales del cauce, dónde se levantan enormes paredes verticales traspasadas por cientos de cuevas, de todos los tamaños, formas y accesibilidades posibles.

 

Si, al visitarlo, ha llovido recientemente, se podrá disfrutar de un refrescante baño, pues habrá que sortear algunos caideros de 3 - 4 metros de altura, y algunas pocetas de mayor o menor tamaño y profundidad; de todas las maneras, lo mejor que te puede pasar, al visitar Barranco Hondo, es encontrarte con un ganado de cabras "garrapateando", por aquellas milenarias montañas; como me pasó a mí mismo, en visita guiada por el amigo Alby Mendoza.

En el sedimento de su desembocadura, formado de los materiales aluviales, vive una vegetación con predominio de salados, espinos y aulagas y surgen por doquier gran cantidad de tabaibas dulce y cardones, -de las mejores representaciones de Gran Canaria-, tajinastes, tasaigos, jarales, manchones de escobones, vinagreras, balos, romero marino, tomillo florido, ruda grancanaria, cornical; además de ejemplares aislados de sabinas, pinos canarios y palmeras de diversa entidad.

Por el margen izquierdo del barranco se sigue un antiguo camino que luego cruza varias veces a uno y otro lado, hasta llegar a dos puntones:

Uno de ellos "Los Salineros", -que da a la costa- coge su nombre del uso que hacían de él los empleados de Las Salinas de Juncalillo, ya que desde allí, se divisaba perfectamente la llegada de los barcos que pirateaban la zona.


El otro, "El Coronadero": es un impresionante farallón rocoso de 200 metros de altura, rodeado de imponentes precipicios, en un paisaje incomunicado, salvaje y peligroso, con abruptas paredes de roca que asemejan a arcos ojivales y torres de una catedral gótica, todo marcado por el color rojizo producido por la oxidación del hierro de las rocas fonolíticas.


"Arco del Coronadero": es el topónimo con el que se conoce un impresionante doble arco natural de piedra, situado en el lomo homónimo junto al cauce del barranco; el llamativo hito geológico, adquiere su magia total con la Vía Láctea de fondo, obra del prestigioso fotógrafo César Kano, al que agradecemos su gentil cesión;  probablemente el topónimo tenga su origen en el llamado "Alto del Coronadero", situado en la rampa naciente del barranco, o en el llamado Morro del Coronadero en la rampa de poniente, donde se encuentra el Arco,  que parece estar "coronando" el referido morro.

Se trata del arco natural más grande de Gran Canaria, y está situado paralelamente a otro arco de piedra de menores dimensiones; en la perspectiva que se admira desde el Arco del Coronadero, cabe destacar la fuerte aridez del lugar y las tonalidades rojizas y ocres de las agujereadas laderas; tanto a un lado como a otro, una gran profusión de formas rocosas inimaginables aparecen ante nosotros, en un espectáculo verdaderamente gratificante a la vista y lo más parecido a una "tempestad petrificada", como bautizara Miguel de Unamuno a las cumbres grancanarias.


Este fenómeno natural está siendo en los últimos tiempos motivo de visitas y excursiones guiadas y no cabe duda, atraídos por las bellas fotografías que recorren las redes sociales, como la que reproducimos en este artículo, obra del prestigioso fotógrafo César Kano, al que agradecemos su gentil cesión.

Quizás fuera esta contemplación la que inspiró a los aborígenes canarios, para que, justo enfrente a tan singular Arco, crearan en lo alto de una imponente cresta que emerge de entre dos profundos barrancos un singular yacimiento arqueológico formado por 36 torretas de forma cilíndrica, muy bien conservado, gracias a su aislamiento, inaccesibilidad y por su mimetismo con el paisaje.

Hablamos de las "Torretas del Coronadero", construidas por apilamientos de lajas de fonolita; estas torretas están rematadas con piedras hincadas, cada una orientada en diferentes direcciones y que, entre sí, difieren en tamaño y diámetro; se alinean ocupando toda la superficie de la reducida plataforma en que termina dicho roque, al que conocemos como: "Altos del Coronadero". Felicitamos a "El Legado", por sus colecciones fotográficas, con tecnología de control remoto de las que hacemos uso en el presente..

En nuestra búsqueda bibliográfica, destacar lo que nos aporta los expertos Jorge Miranda y Rubén Naranjo, en la Revista "Aguayro", de mayo-junio de 1993, editada por la Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria y, por supuesto, los exhaustivos trabajos de investigación del bloguero Pablo Guedes González, al que felicitamos por su incansable labor y deseamos sea pronto del todo reconocida.


Cabe interpretar este lugar como un recinto sagrado, donde los aborígenes mantenían sus prácticas culturales y/o religiosas, o como construcciones de carácter arqueoastronómico, es decir, estructuras que reflejan los conocimientos de los astros de nuestros aborígenes, pues según las Crónicas "adoraban al sol, la luna y las estrellas". 

Para el comisario arqueológico Sebastián Jiménez Sánchez, los mojones grancanarios, tienen un carácter eminentemente cultural: “son tronos y soportes de las almas de los héroes, de los antepasados y de los jerarcas de los poblados cantorales pastoriles y tuvieron efectos ceremoniales de carácter astral.”

Y, describiendo a los "mojones" troncocónicos, continúa: “son un conjunto de piedras, por lo general lajas, maravillosamente dispuestas en ensamblamiento. Dichas construcciones denotan idealización y alto espíritu estético […] el color de las mismas es ocre rojizo. La masa rocosa de las montañas en las que suelen estar erigidas tienen también ese color”.

Por nuestra parte, abogar para que, mejor hoy que mañana, el Macizo de Amurga, más concretamente Barranco Hondo, sea declarado Parque Nacional, y su estatus legal, proteja y conserve su riqueza y valores en flora, fauna, geología e historia, no sin antes realizar los trabajos de investigación previos, que ubiquen estas también "Montañas Sagradas" en el reloj prehispánico del Carbono 14 grancanario.

Para finalizar y, por si este artículo supone un efecto llamada para curiosos y amigos del atrevido selfie, advertir sobre las precauciones que hay que tomar en el Arco del Coronadero, por su estado de erosión preocupante; el Colectivo Turcón, por ejemplo, ya ha dado la voz de alerta ante el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, para que se tomen medidas preventivas y urgentes que aminoren los riesgos sobre la formación geológica y las personas que frecuentan el lugar. 


 

lunes, 24 de agosto de 2020

Barranco Hondo: Arco y Torretas del Coronadero

 

LoComo cada semana en la sección "DESDE LA TRONERA" en la edición dominical del decano de la prensa de Canarias, DIARIO DE AVISOS, coordinada por Rafael C. Gómez León-Asociación Cultural Pinolere nos hacemos eco de noticias, trabajos de investigación, estudios de la cultura popular, efemérides y fiestas populares... relacionados con nuestro Patrimonio Cultural Canario. Esta semana fue protagonista de nuestra página "Barranco Hondo, El Arco y las Torretas de los Altos del Coronadero"" de Pedro José Franco López. Roque Nublo de Honor 2020 y que hoy compartimos con ustedes. ¡Ya saben, cada domingo en D.A.!!!!

domingo, 23 de agosto de 2020

REFLEXIONES SOBRE SAN BARTOLOMÉ, PATRÓN DE TUNTE Y DEL MUNICIPIO TIRAJANERO.



Por Pedro José Franco López
Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.


La “derrota de San Bartolomé”, de la que se cumple este año 2020 el 541 aniversario, convierte a Tunte en uno de los escenarios más importantes de la conquista de Gran Canaria.


Se entrecruzan y acumulan muchos aspectos a tener en cuenta al momento de escribir por estas fechas una columna sobre San Bartolomé y, en la medida de lo posible trataremos de no obviar ninguno de ellos, por lo que trataremos de la obra y vida del propio santo; de la iglesia primitiva levantada en su nombre; del 541 aniversario de la “Derrota de San Bartolomé” y de los orígenes y autoría de la imagen que se venera en su templo parroquial.

Hecho histórico aborigen y castellano.

Para empezar digamos que la iglesia suele ser el monumento arquitectónico más importante de cada pueblo y en ellas se centran su historia y cultura: además, en su entorno se construyen las casas, se perfilan plazas y alamedas, se delinean calles y avenidas. La de San Bartolomé de Tirajana –Tunte- se construye terminada la conquista y se le dedica a San Bartolomé en recuerdo a la llamada “derrota de San Bartolomé”, (1479/2020).

Aquella batalla que tuvo lugar entre castellanos y aborígenes, convierte a Tunte en uno de los escenarios más importantes de la conquista de Gran Canaria, pues aquí fue dónde se desarrollaron los últimos episodios.

Nos paramos un poco a contar la versión que nos deja de este hecho Pedro Agustín del Castillo en su “Descripción histórica y geográfica de las Islas Canarias, 1737)”, que cuenta lo siguiente en cuanto a la incursión por tierras tirajaneras que hizo el conquistador capitán Pedro Fernández Cabrón, acompañado por el prelado Juan de Frías:

“…Hisose a la vela Pedro Cabrón, a los Puertos de Maspaloma y Arganegín, hechando gente en ello; y, solicitando penetrar a Tirajana, halló a aquellos naturales tan promptos, que se encontró con el “Faycán” de aquella Comarca; que sin aver menester más gente que otras, acometió a Pedro Cabrón. Que poco baquiano en aquellos terrenos y asperesas, a los primeros abanses se encontró con una de las muchas piedras que arrojaban los “Canarios” que le descompuso lo voca, dexóndole com mui pocos dientes; y presissando volverse a los navíos, que logró con mucha pérdida de los suyos, tubo a buena fortuna ponerse a salvo y volverse al Puerto del Real de Las Palmas…”

Se cuentan muchas historias al respecto; unas con rigor histórico y otras que han pasado de padres a hijos y han perdurado en el tiempo como aquella que nos dice que, cuando los castellanos se introdujeron en la caldera de Tirajana, fueron duramente atacados por los nativos, siendo consecuencia de ello que sus fuerzas se vieron mermadas. De éstas, algo más de ochenta supervivientes fueron hechos prisioneros y condenados al fuego votivo del Beñesmen, pero la intervención de una anciana aborigen hizo que no se verificara el sacrificio. Esto acontecía la noche del 24 de agosto de 1479, día en el que el santoral celebra la festividad de San Bartolomé apóstol y mártir, por lo que en gratitud al santo, prometieron elevar una ermita en su honor.

La Iglesia de Tunte.


Según Santiago Cazorla León, esta derrota tuvo lugar en el camino de Risco Blanco, dónde habían destruido el “templo aborigen”. Terminada la conquista se levanta la primitiva Iglesia de San Bartolomé en Tunte, posiblemente hecha de piedras y barro que, a menudo tenía que ser reparada y en la que casi no cabían fieles y, con un gran problema, las misas eran de cuando en cuando, pues no tenían asignado sacerdote.

El 27 de noviembre de 1534 los vecinos de Tunte se dirigen al Cabildo Catedral pidiendo ayuda y en diciembre de ese mismo año les da ocho doblas de oro cada año, para ayudar a pagar los servicios de un cura que ellos mismos elegirían.

La actual Iglesia Parroquial de San Bartolomé como tal, se comienza a construir en 1680 y en 1692 se termina de techar. Durante el tiempo ha sido sometida a sucesivas reformas que le dan la esbeltez de hoy en día en que preside solemnemente el propio pueblo y la vida local y ganándose por derecho propio la categoría de Bien de Interés Cultural.

El santo apóstol.

San Bartolomé; que fue uno de los doce apóstoles de Jesús, es venerado en la Iglesia católica, en la ortodoxa e incluso en las Iglesias no calcedónicas ( Iglesias orientales que sólo aceptan los tres primeros Concilios del Vaticano).

Su martirio y muerte se atribuyen a Astiages, rey de Armenia que mandó llamarlo y le ordenó que adorara a sus ídolos. Ante la negativa de Bartolomé, el rey ordenó que fuera desollado vivo en su presencia hasta que renunciase a su Dios o muriese. Fue tan larga su agonía que, al día siguiente al ver que no hubiera muerto, ordenó que se le degollase. En la Capilla Sixtina, Miguel Ángel le representa con la piel en su mano y en la misma, un autorretrato suyo.

Bartolomé Cairasco de Figueroa (LPGC 8 de octubre de 1538-1610), poeta, dramaturgo y músico canario, en la página 244 de la “Tercera Parte del Templo Militante” hace una bella y trágica referencia al martirio de San Bartolomé, dice así, en castellano antiguo:

Fue el martirio cruel tan importuno,
Que no puede acabarse en sólo un día,
Que, como cuero y carne todo es uno,
Quitarse fácilmente no podía;
Deténgase en lugar tan oportuno
A contemplar un poco el alma pía
Del pérfido tirano la inclemencia
Y del sagrado apóstol la paciencia.

En fin, toda la piel del pié a la frente,
Se le quitó como si fuera un manto;
Y viéndole con vida al día siguiente,
No sin piedad el Pueblo, horror y espanto,
Mandóle degollar el insolente.
Y el alma bella de su albergo santo,
Viendo tiempo y lugar por la herida,
Salió a gozar de la perpetua vida.

Celebrase su fiesta en Roma en veinte
Y cinco días del mes de Agosto, y fuera
A veynte y quatro, que la diligente
Yglesia lo ordenó de esta manera.
La causa como dice docta gente,
Fue dilatarse así pena tan fiera,
Y celebrando Roma el degollarle,
Celebran los demás el deffollarle.

La imagen de San Bartolomé

De la primera imagen de San Bartolomé no se tiene conocimiento, pero se deduce que podría ser una “imagen de bulto” –de las de vestir-, ya que existen inventarios de túnicas y capas para el ropaje de las procesiones, como es el caso de la Virgen del Pino, por ejemplo.

La gente de Tunte da por sentado que la nueva imagen de San Bartolomé obedeció a la gubia de Luján Pérez (1756/1815), aunque ninguno de los historiadores que han estudiado a este imaginero la incluye en el catálogo de su producción. No es desacertada la suposición pues, según expertos, el estilo y la impronta de Luján Pérez (que por aquel entonces contaba con 27 años) se hacen presentes en la talla; si no fuera así, de seguro que debió ser algún aventajado discípulo del artista.

La esbelta imagen que, como patrón de Tunte y del municipio tirajanero preside la hornacina central del retablo mayor de la Iglesia Parroquial de San Bartolomé de Tirajana –Tunte-, está tallada en madera y policromada, luce sus atributos oficiales: el Libro de las Sagradas Escrituras y el cuchillo en referencia al que se usó para desollarle.

Para terminar, el nombre “Bartolomé” que procede del patronímico arameo y que etimológicamente significa: (Bar/Hijo y Tolomé/Cultivador y Luchador), viene a decir mucho también de la impronta, la idiosincrasia y personalidad de la gente tirajanera.