Por Pedro José Franco López
En los años 60, el Belén Viviente de Maspalomas
aglutinaba en cada representación a la casi totalidad de los jóvenes del
pueblo.
Los ensayos, en el
interior de la propia Iglesia de San Fernando, era la gran diversión de los
jóvenes de octubre a diciembre.
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Vaya este artículo en homenaje a las dos intérpretes del papel de Virgen María
en las representaciones del Belén Viviente de Maspalomas, en los años 1967 y
1968: Carmencita Miranda y Cándida
Martel, respectivamente; y, de todos y todas que nos han dejado en estos 55 de historia
maspalomera; que Descansen en Paz.
Las fechas mandan y nos brinda la oportunidad de poner
en valor aquellas obras de teatro navideñas que se celebraban en Maspalomas
finalizando la década de los sesenta del siglo pasado. Ahora se llaman “Belenes
Vivientes”, en el mundo del teatro se les denomina “Autos Sacramentales”, pero
por aquella época las llamábamos “Comedias de Navidad”, con el nombre
específico de “Divino Acontecimiento”.

La iniciativa que surge del párroco de entonces, el Rvdo.
Don Manuel Montesdeoca en octubre de 1967, llega a congregar en cada
representación a más de un centenar de “actores”,
lo que quiere decir que, teniendo en cuenta la población maspalomera de la época, era la práctica
totalidad de la población juvenil y bastantes mayores, que se sumaban
interpretando a posaderas y pastores; recitando poesías y cánticos que
proponían los maestros en la Escuela; los ensayos tenían lugar en el interior
de la propia Iglesia de San Fernando, de octubre a diciembre de cada año y así
hasta iniciada la década de los setenta.
Como la experiencia era nula en estos menesteres, todo
era innovación, sin referencias a las que recurrir, los textos eran extraídos
de Libros de Misa y el resto pura invención colectiva; el lugar de las
representaciones era el patio de recreo, anexo a la Escuela y la propia Iglesia
del Poblado de San Fernando y, como escenario de las distintas secuencias, una
sucesión de montículos y pasillos fabricados con cajas de tomates, que nos
prestaban los encargados de zona de los exportadores: Míster Pilcher y Juliano
Bonny -hasta 10 camiones de cajas llegaron a necesitarse en alguna ocasión-.

Los papeles se repartían al azar y según peticiones; puestos a
repartir, el de coordinador y director, se lo atribuyó, éste que suscribe, y,
ahondando en el atrevimiento, le indicaba a Josefita López -mi madre-, cómo
debían ser los trajes que debían lucir cada uno de los personajes. El “taller
de costura” era el inmenso patio de lajas de nuestra casa de labranza y los
“costureros” eran los propios “actores”, todos ellos coordinados por mi madre,
que hacía un hueco en sus clases de costura, a las jóvenes aparceras de las
cuarterías.
Los “actores” del Belén Viviente que hacían de Reyes
Magos, tenían asumido que el día de Reyes debían asistir, con el vestuario a
Misa, la “presidían” en un lugar privilegiado y, hacían el besapiés al Niño
Jesús, como todos los asistentes.
Como época en que los trabajos de aparcería estaban en
pleno apogeo era bastante numeroso el grupo de vecinos que se congregaba a
contemplar estos Belenes Vivientes, tal es así que en más de una ocasión, el
párroco Don Manuel celebraba la Misa del Gallo en el exterior de la Iglesia, en
la mismísima cueva que hacía de Portal de Belén, junto a la Virgen María, San
José, el Niño y los Reyes Magos y sus Pajes.
En las distintas ediciones, se alternaban los
personajes y el que fue San José pudo llegar a ser Rey y que el que hizo de
Herodes, pudo llegar a ser apuntador y la que atendía una posada en el 67, pudo
llegar a ser el mismísimo demonio en el 68.
Con el tiempo, la vestimenta y accesorios se fueron aumentando y complementando; tanto es
así que en el verano del 68 se recaudaba dinero para sufragar gastos a la
salida de las Misas, que era cuando los turistas de Las Palmas llenaban el
templo y la plaza del Poblado de San Fernando.
Como no se recaudaba lo suficiente, un grupo de
jóvenes, encabezados por Chana Franco, fuimos a la casa del Conde de la Vega
Grande (en aquel tiempo Alejandro del Castillo y del Castillo, para pedirle
colaboración y éste nos entregó una tarjeta suya, en la que nos autorizaba a ir
al Kilo de San Bernardo a comprar telas, complementos y artilugios de atrezo de
toda clase.
Esta iniciativa y muchas otras que se fueron
sucediendo durante varios años, hicieron que Maspalomas, un pueblo que veía
despegar su zona turística allá por San Agustín, tuviera también su vida social
y cultural como cualquier otro pueblo de la geografía grancanaria.
Desde los años 80 y hasta la actualidad, han surgido
varias iniciativas, respecto a la actividad teatral navideña, por ejemplo, la
de hace ya algunos años, en que pudimos disfrutar de una especie de macro Auto
Sacramental llamado “De Belén vino la Luz” que, coordinado y dirigido por el
inquieto Adán Verde Ojeda; se basaba, principalmente, en el trabajo y el
desarrollo comunitario de colectivos de mayores y jóvenes, así como también de
carácter solidario, ya que participaban ONGs radicadas en Maspalomas y resto
del municipio de San Bartolomé de Tirajana.
Todas aquellas iniciativas que emanaban del propio
pueblo, enriquecían moral y socialmente a sus ciudadanos, a la vez que se tejía
la sociedad y la convivencia vecinal; ahora las sustituyen un aluvión de
Producciones artísticas externas, de toda índole y variedad; en que luce de
manera ostentosa, la bonanza económica de las arcas de todas nuestras
instituciones.