Por Pedro José Franco López.
Esta columna es la segunda entrega de los "Apuntes" con los que contribuimos a la obra literaria "Hágase la Luz", del escritor e investigador galdense Ángel Ruiz Quesada.
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Es en 1961, a partir del mes de marzo, cuando podemos
disfrutar por primera vez de la luz eléctrica en Maspalomas y fue cuando se
inauguró el pequeño "Poblado de San
Fernando", que, con sucesivas ampliaciones, se ha convertido hoy en
día en todo un pueblo, casi contrarrestando protagonismo al topónimo: "Maspalomas".
Hasta ese día, sólo disponían de luz, algunos
privilegiados que tenían motor particular: el mayordomo del Conde, que daba
también iluminación a los alrededores de su domicilio, en lo que se llamaba el "Camino del
Conde", hoy: C/. Alcalde Marcial Franco. Se cuenta que existía otro motor en
el núcleo de población de "El Charco", muy posiblemente el mismo del
Faro de Maspalomas y, más tarde, a principio de los años 60 del s.XX, cuando la
NASA instala en Maspalomas la Estación de seguimiento de los Proyectos
"Mercury", "Gémini" y, poco después "Apolo", ésta
suministra electricidad a las viviendas de sus alrededores.
Pero la luz pública (propiamente dicha- se hizo esperar
algunos años más, y llama poderosamente la atención que aquel pueblecito (el
Poblado de San Fernando), de aspecto modernista, diseñado por la prestigiosa
mano del nunca suficientemente reconocido arquitecto Manuel de la Peña, no tuvo
inicialmente previsto la iluminación eléctrica y, durante unos cinco años hubo
que hacer uso de las tradicionales velas, quinqués o luces de carburo.
Y, si de día tenía un aspecto alegre y vanguardista, por
la noche aparentaba lúgubre con sus calles cubiertas de gruesos granos de picón
que, por supuesto, contrastaban en gran manera con las viviendas del resto del
pueblo maspalomero, salpicado de viviendas de arquitectura tradicional canaria;
-tejados a dos aguas- y generosos patios enlajados.
En las afueras del Poblado se instaló un motor que daba
luz desde el atardecer hasta medianoche y, cuando se procedió a abrir mil y una
ranuras, se instaló el cableado y las luminarias y, definitivamente se
iluminaron el interior y las calles de este entrañable núcleo urbano, aquello
fué una algarabía total.... los chiquillos no
paraban de correr gritando: ("la luuuú...,
la luuuú..., la luuuú...")
Y los vecinos se concentraban en los domicilios de los
que tenían televisión, (dos o tres en todo el pueblo), y en las noches
veraniegas se organizaban en las aceras multitudinarios Juegos de Lotería.
A partir de este momento es cuando el
pequeño Poblado de San Fernando se convierte en el punto de encuentro y
concentración de todos los vecinos de Maspalomas y, de las cercanas cuarterías
de aparceros.
Quede dicho que a partir de este
instante también, el Poblado de San Fernando pasa a ser el centro neurálgico de
toda la zona de costa del municipio de San Bartolomé de Tirajana, coexistiendo
en torno a su plaza central, (hermosamente empedrada con canto rodado de
colores, que formaban figuras geométricas): la Oficina Municipal –que por primera vez se descentraliza de
Tunte-; La Tienda de aceite y vinagre; el
Correo; La Farmacia y la Casa del
Guarda Jurado. Todo ello, además de: la
Iglesia y la Escuela que también
hacían de Casa de la Cultura o lugar
de encuentro y ocio de los jóvenes.
Así tenemos, en el Poblado de San
Fernando: el centro del poder político, social y religioso de casi toda la zona
de costa del municipio de San Bartolomé de Tirajana.
A este respecto: mil anécdotas que
contar que forman parte de la apasionante historiografía de un pequeño Pueblo,
en el que hoy conviven en feliz armonía, una sociedad
multicultural: abierta, tolerante, acogedora y solidaria.





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