jueves, 23 de abril de 2020

El Caserío de BUENAVISTA, "despensa humana" del Sur grancanario.


Por Pedro José Franco López

EL CASERÍO "BUENAVISTA" LLEGÓ A SER UNA ESPECIE DE "DESPENSA HUMANA" DE CASI TODO EL SUR GRAN CANARIO.

Si con Berriel exaltábamos su condición Aparcera del monocultivo del Tomate y en las Burras lo hacíamos en su condición Pesquera, en Buenavista, vamos a poner el foco en la parte humana, sus hombres y mujeres y aquellos que la vivieron, y disfrutaron en los últimos años del s.XIX y principios del s.XX y que convirtieron a Buenavista en una especie de "despensa humana" para gran parte del sur grancanario.

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En aras de un supuesto progreso y porvenir, en Maspalomas hemos podido comprobar cómo desaparecen de la faz de la tierra tres núcleos de población y, en la práctica, desaparecidos también sus topónimos; por casualidad los tres empiezan (empezaban) por la letra “B” y ellos son: Burras, Berriel y Buenavista. Y se nos ocurrió confeccionar una trilogía llamada: "B.B.B."

En la primera entrega hablábamos del Pueblo "Las Burras", que abarcaba toda la zona de costa del Paseo Costa Canaria, y la calle Hamburgo, de la zona turística “El Veril”, hasta llegar al hotel Dunas Don Gregory. 

En la segunda entrega nos centramos en Berriel, pueblo (hay que llamarlo así, por su envergadura, cantidad de vecinos y autosuficiencia demostrada), que estaba situado frente mismo a dónde se ubica el Aeroclub Gran Canaria y poco antes de llegar a la urbanización Bahía Feliz, en Maspalomas, dirección Las Palmas-Sur.

Esta tercera entrega que nos ocupa es la dedicada al Caserío "Buenavista", topónimo que, además de la tradición oral de muchísimos años atrás, figura en la "Toponimia en Gran Canaria" (1997), del Cabildo de Gran Canaria, con significado Geográfico de: "Panorámica" y, se especifican sus coordenadas en la Ficha Técnica del trabajo con el núm. 1378.

Desde hace unos años, este espacio geográfico ha pasado a "mal llamarse": "Bellavista" por razones no entendidas por nadie. Dicho queda y no entramos a valorar esta cuestión, porque a estas alturas resulta una lucha baldía.

Si con Berriel exaltábamos su condición Aparcera del monocultivo del Tomate y en las Burras lo hacíamos en su condición Pesquera, en Buenavista, vamos a poner el foco en la parte humana, sus hombres y mujeres y aquellos que la vivieron, y disfrutaron en los últimos años del s.XIX y principios del s.XX.

Se trataba de un caserío formado por no más de treinta -30- viviendas, de arquitectura tradicional canaria y, la gran mayoría de ellas construidas al modo ancestral de piedra seca y barro, con sus tejados a dos aguas, patios enlajados, su latada de parras, su bernegal, y horno exterior, dónde se hacía el pan para consumo propio o bien, para la venta por los alrededores.

También hoy en día, curiosamente todo el espacio que ocupaba el caserío "Buenavista" está "escoltado" por dos viviendas originarias y que, milagrosamente, han supervivido al agresivo acoso, literalmente dicho, que se han visto sometidos sus moradores a lo largo de muchos años.

Ellas son, por la parte oeste y, junto a la autopista GC-1, la casa de Mariquita García y, por el extremo este, muy cerca de los restos del Canódromo Gran Canaria, la conocida como la casa  de Miguelito Rguez. Ramírez.

Si toda Maspalomas, hasta los años sesenta del s.XX se dedicó a las labores propias del sector primario, no exageramos nada si decimos que, gracias al saber, maña y maestría de  sus hombres y mujeres, Buenavista fue la "cuna" y sostén de toda Maspalomas y, diríamos que de gran parte del sur grancanario.

Así, en tan corto espacio, teníamos: Pastores, Guardianes de la Era, Aparceros del tomate y las plataneras, Mayordomos, Maquinistas de pozos, Carpinteros -incluso de cajas de muertos-; maestros en Hornos de Cal y Tejas.

Camelleros, como Juanito García, con su camello llamado  "Moreno", cuya misión era transportar lo necesario para la labranza y la comida de las vacas y, además iba al barranco a recopilar y transportar "terrumbe" o tierra, para echar debajo a las vacas, incluso transportar el material para la restauración de las viviendas de Buenavista y, por supuesto, las cajas de tomates en los trabajos de aparcería.

Una Maestra -muy sui generis-, Carmita Pérez, que le enseñó las primeras letras y las cuatro reglas a personajes populares maspalomeros, como: Juanito Pérez Sánchez, Antonio Pérez Sánchez, Antonio Miranda, Justiniano Rguez., Daniel Rguez. Sánchez; Domingo, Jorge, Pepe, Agustín,  Felipe y Severiana Monzón, etc.

También habían en Buenavista Panaderos, vendedores de pescado que hacían trueques de pescado a cambio de productos agrícolas, carnes, etc.; cosechadores de trigo y cebada en Amurga, con era propia; Arrieros y, hasta Santiguadoras y, hasta uno de los pioneros de las Fiestas Patronales de Maspalomas en honor a San Fernando, como Antoñito Pérez.

Incluso en Buenavista vivieron viajeros de la última travesía del "Valvanera", como Cándido y Pancho Hermenegildo, que cambiaron de idea y no siguieron hacia La Habana, quedándose en Santiago de Cuba; por lo que, cuando la noticia de la tragedia llega a Maspalomas, todos piensan que estos hermanos fallecieron y su familia guarda once días de luto. 

Y, como no podía ser de otra manera, también estaba la "Cueva de las Cajas", dónde se guardaban dos cajas una grande y otra pequeña, para cuando falleciera un niño o un adulto. Estos entierros, como sabemos, se realizaban con la caja en burro y, barranco arriba, hasta el Cementerio de Fataga o Tunte.

Esta Cueva estaba -y está-, en el lugar llamado "Mesa de la Avejarilla", muy cerca de dónde están hoy los torreones eléctricos de Unelco. (frente a la salida a la Autopista GC-1, por Buenavista).

Las mujeres, muchas de ellas queseras, vendían el queso por Maspalomas y alrededores; plantaban algunos canteros o celeminos de tomateros con el Conde; trabajaban en los almacenes de empaquetado y, cuidaban, en la mayor parte de los casos de una casa y un rancho de chiquillos.

Dos hijos de Antoñito-Ramón y Pinito Sánchez, pasaron gran parte de su vida en Las Palmas de Gran Canaria, trabajando de mozos del Sr. Conde. 

Cuando hablamos de familias que tenían hasta once hijos, hay que aclarar que, cada uno de estos hijos y sus esposas, son historia pura de todo el sur grancanario y, que de cada uno de ellos se puede escribir largo y tendido.

Por lo que, la fecundidad de sus mujeres hizo que los pueblos de los alrededores, se vieran densamente poblados durante todo el s.XX, pues rara era la unidad familiar que bajara de 13, 10 ú 8 hijos. 

Las casas de Buenavista, adquieren nombre y, hasta apellidos, siempre los de la matrona de la casa, así pasamos a relacionar algunas de las más conocidas, como:




Casa de Mariquita García Perera (1915), que la habitaron en principio Panchito Perera y Carmen Pérez y, cuando ésta fallece, Panchito se casa en segundas nupcias con una prima hermana: Mariquita García.

Casa de Carmelita Miranda Pérez. (1913) y Pedro Afonso Artiles (1907); "maestro Pedro" fue albañil y maquinista en el Pozo de la Sepultura, luego pasa a ser mayordomo de la Srta. Candelaria.  

Casa de Clementinita Rodríguez Franco (1900) y Antoñito Mariano Santana (1890). Clementinita era familia de José Rodríguez, famoso Luchador y conocido como "El Faro de Maspalomas".

Casa de Cándido Pérez Suárez (1872) y Lolita Sánchez Santana 1880). Hacían amasijos en su casa y lo llevaban al horno del vecino más cercano, para luego venderlo por Maspalomas y alrededores. Lolita ve cómo en corto espacio de tiempo fallece su marido y cinco de sus hijos (tuvo once), además era "Santiguadora" y hacía "rezaos", para quitar "maldeojos" a niños, cabras y vacas.

Su hijo Antonio (Antoñito Pérez Sánchez), fué muy popular, ya que era un avanzado en aquello de las letras y las cuatro reglas, fué encargado de don Bruno, trabajó durante muchos años para el Condado de la Vega Grande y, fué junto a Alfredito Sánchez el fundador de las Fiestas Patronales de Maspalomas en honor a San Fernando y, fué Pregonero de estas Fiestas el año 1.983.

Casa de Josefa Perera (1890) y Panchito García Rodríguez (1890). Panchito fue pastor en el s.XIX en la zona de Amurga, ganado que era de su propiedad y, al pasar muchas temporadas en Amurga y habitar siempre en la misma cueva, ésta tiene su nombre "Cueva García".
 
Casa de Mariquita Antonia Sánchez López y José Fabelo López "Chó Fabelo" (1872). Chó Fabelo trabajaba en la labranza, para el Conde a las órdenes del mayordomo Marcialito Franco Jiménez.

Casa de Juanito Rodríguez Sánchez y Anita Rivero Sánchez. Juanito era hijo de Juanito Rodríguez y Pepita Maximina, a los 20 años se fue a Cuba, se dedica a cortar caña, cuando regresa a Maspalomas trabaja de jornalero, echa una mano en el ganado de su padre y planta tomateros a medias con el conde.. No tuvieron hijos.

Casa de Pepito Perera (casado con la hija de Chó Fabelo): Pepita-Dolores Fabelo Rodríguez, Pepito Perera estaba dedicado plenamente a cortar hulagas para el horno de cal situado dónde hoy el Ibarra Don Miguel; también se dedicaba a trabajar el horno de tejas del Lomo de Maspalomas.

Casa de Jesusita Brito Alberto (1917), majorera y Pablito Gil Artiles (1913). Jesusita vino desde Lanzarote a Maspalomas a trabajar en las Almacenes de empaquetado y conoció y se enamoró de Pablito Gil.

Casa de Cándido Santana Pérez (1893) y Eugenia Pérez Santana (1892), Cándido, junto con su hermano Panchito-Hermenegildo se marchan a Cuba, a trabajar cortando caña; el viaje lo hacen en el vapor "Valvanera", en su última y mortal travesía; por lo que, cuando la noticia de la tragedia llega a Maspalomas, todos piensan que estos hermanos fallecieron y su familia guarda once días de luto.

Casa de Marcialito Perera Afonso (1915) y Antoñita Cabrera Sánchez (1918), Marcialito era hijo de Panchito Perera -el pastor- y Mariquita Afonso, y fue maquinista del pozo situado en el Charco.

Casa de Candelaria Fabelo Sánchez (1898) y Juanito García Rodríguez (1901). Juanito García es el popular camellero que tiene calle a su nombre en el Poblado de San Fernando y dedicó su vida a trabajar con el camello "el moreno" y su esposa era  hija de Chó Fabelo -el viejo-; y, con su camello, termina realizando excursiones para turistas por las inmediaciones de las Dunas de Maspalomas.

Casa de Antoñita Díaz Cabrera (1913) y Fernandito Gil Artiles (1910). Fernandito fue albañil (de los de piedra seca) y construyó muchas casas en Maspalomas, de tierra, barro y piedras, y acaba trabajando en la constructora Maspalomas Costa Canaria.

Casa de Antoñito Ramón Santana Pérez y Pinito Sánchez Cabrera, Antoñito fue Arriero y siembra en Amurga, asignándosele una Era con su nombre. Dos de sus hijos (Juan y Domingo) trabajaron en la casa Condal de LPGC de "mozos".

Casa de Jeromito-Roque Sánchez y Dolores Cabrera Sánchez y, Casa de Leonor Sánchez Cabrera -Partera Leonorita- (1905) y Dámaso Romano Gil (1904); mención especial merece por su popularidad el que Jeromito-Roque (conocido como "tío Jeromo") fuera el primer partero conocido, labor que ejercía por toda Maspalomas y alrededores, la labor de Partera y, muy conocida y reconocida hasta hoy en día, la hereda su hija Leonorita; otro de sus hijos -Dámaso- también arriero, ejercía en ratos libres de artesano, elaborando cestas de pírgano y se ganaba unas perrillas, a la vez que hacía trueque a cambio de alimentos.


Casa de Cándido Pérez Sánchez y Lolita Perera Sánchez; oficios casi comunes a todos los cabezas de familia de Buenavista eran los de arriero y sembrador en Amurga, por lo que Cándido Pérez también lo fue; incluso en Amurga tenía asignada una Era sólo para él. El transportar la cosecha hasta Maspalomas desde Amurga suponían atravesar unos 10 Kmts., para luego partir la cosecha en dos partes: una para el Conde y otra para la familia.

Casa de Juan Pérez Pérez (1890) y Angelina Sánchez Cabrera (1894). -hermana de la Partera Leonorita; "maestro Juan Pérez" casado con Angelina Sánchez Cabrera, fue albañil construyendo casas de piedra seca e interviene en la construcción de la Presa La Negra; incluso se marcha a trabajar con la viuda de Bonny y construye unas treinta casas en la Orilla de Sardina.

Una de sus hijas: Angelina Pérez Sánchez, se casa con Francisco Martel, y acaba convirtiéndose en una reconocida costurera, labor que desarrolla en su propia casa, convirtiéndose en un personaje muy popular y querido entre la vecindad.

Casa de Fernando Rodríguez Artiles -casado dos veces-. la primera, con Pinito Vega Santana y la segunda con Pino Santana Viera; habían en Buenavista, unas tres Tiendas, de las de Aceite y Vinagre, siendo la más popular, desde 1920, la "Tienda de Juanito Artiles", aunque su nombre real fuera Fernando Rodríguez Artiles, teniendo sede en esta Tienda el primer Correo de toda la zona.

Frente a esta Tienda, la de Fernandito Artiles, había un generoso espacio, dónde se celebraban los mejores "Bailes Caseros" de toda Maspalomas, al son de Laúdes, Timples y Guitarras; también fueron sonados los "Bailes caseros" de la Tienda de Mariquita Ramírez, llegando a celebrarse hasta uno por semana.

Fernando Rguez. Artiles y Pino Vega Santana son los padres de Verónica, que se casa con Jesús Guerra Perdomo, procedente de Aldea Blanca; al casarse se fueron a vivir a una choza de piedras y barro que construyó su suegro en el Matorral.
 
Casa de Mariquita Ramírez (1905) y Francisco Rodríguez Perera (1905). Jornalero y arriero, iba a las cuatro de la madrugada a coger lazos de leña por encima de la Cueva de las Margaritas y, junto con Juan Miranda Sánchez iban a recopilar terrumbe, para la "cama" de las vacas: dos viajes por la mañana y dos por la tarde.

Casa de Mariquita Ramírez. En su misma casa vivieron sus padres: Salvador Ramírez López (1870) y Faustina Rodríguez Rodríguez (1870); Además, en esta casa estuvo una de las primeras tiendas de Aceite y Vinagre de Maspalomas, que se cierra cuando muere Faustina Rodríguez y, quedó toda ella como vivienda. También eran famosos los Bailes Caseros, que celebraban en su patio, hasta uno por semana.


Finalmente, manifestar que, queda mucho por hablar sobre "Buenavista" y "Bellavista", sus problemas urbanísticos y el agresivo acoso al que se han visto sometidos dos de sus vecinos: Mariquita García (ahora sus hijos) y, Miguelito Rguez. Ramírez. Acoso que les viene por parte de propietarios de los terreno, inversores y promotores que les han llegado incluso a cortar agua y luz, a fín de aburrirles para que abandonen o malvendan su hogar.

No obviamos este particular, todo lo contrario, pero en este primer trabajo, se salía del contexto humano al que queríamos dedicar esta Entrada de blog.

Fuentes:
·       Apuntes extraídos de Textos de Juan Medina Sanabria.

·    Libro "Maspalomas: Nuestros abuelos", coordinado por Rafael González Ortega.
   Manifestaciones de Informantes de lujo: Miguelito Rodríguez Ramírez y Juan A. Franco López.
·       Prensa local: Canarias7 y La Provincia. 
         Documentación de la Asociación "Amigos de Maspalomas".
·       "Toponimia en Gran Canaria" (1997), del Cabildo de Gran Canaria

miércoles, 22 de abril de 2020

DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO/2020

Por Pedro José Franco López
Roque Nublo/2020 

DOS LIBROS -DE CABECERA- PARA LOS AMANTES DE LA HISTORIA DE SBT EN GENERAL Y, DE MASPALOMAS EN PARTICULAR.




"LOS TIRAJANAS DE GRAN CANARIA", de Santiago Cazorla León, nos viene a desvelar que, "a pesar de la mudanza de los tiempos y de la insistente presencia foránea, la fuerza del pasado persiste y se manifiesta a través de una Cultura Popular y de una historia de silencios que, a través de este libro comienza a encauzar su encuentro con el presente". 

SANTIAGO CAZORLA LEÓN, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral-Basílica de Canarias; Cronista e Hijo Predilecto de San Bartolomé de Tirajana, es también autor de numerables publicaciones.

 "MASPALOMAS, ESPACIO NATURAL", de Rubén Naranjo Rodríguez, fué declarado Libro de Interés Turístico Nacional en 2002 y, es una herramienta indiscutible, como vía de comunicación para entender mejor la Historia y la Naturaleza de Maspalomas, "que, con un carácter eminentemente divulgativo (Rubén es Profesor), no deja de estar impregnado de un  gran rigor científico".

RUBÉN NARANJO RODRÍGUEZ, Profesor y colaborador de Canarias7 con Columnas y reportajes de gran interés Etnográfico, es también autor de innumerables publicaciones, siempre relacionadas con la Cultura y la Etnografía canaria y, con la Arquelogía, la Ecología y la Educación Medioambiental.

domingo, 19 de abril de 2020

MASPALOMAS LIMITA AL ESTE CON BERRIEL

Por Pedro José Franco López.
Roque Nublo de Gran Canaria/2020.



En aras del progreso y el porvenir en Maspalomas hemos podido comprobar cómo desaparecen de la faz de la tierra tres núcleos de población y, en la práctica, desaparecidos también sus topónimos; por casualidad los tres empiezan por la letra “B” y ellos son: Burras, Berriel y Buenavista. En esta segunda entrega vamos a centrarnos en Berriel, todo un "pueblo" (lo llamamos así por su envergadura, cantidad de vecinos y autosuficiencia demostrada-), que estaba situado frente mismo al Aeroclub Gran Canaria y poco antes de llegar a la urbanización Bahía Feliz, en Maspalomas, dirección Las Palmas-Sur.

Oficialmente y acordado en Pleno corporativo del Iltre. Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, Maspalomas limita al Este con Berriel, esto es así –oficialmente-, desde hace algunos años pues, por diversas cuestiones se vio necesario el delimitar geográficamente el topónimo: Maspalomas.

El topónimo "Berriel" viene registrado en “La Toponimia de Gran Canaria”, como: Barranco de; Cuarterías ó Caserío de; Llanos de y Morro de. Y si seguimos indagando nos encontramos que el antro-topónimo se corresponde con un apellido francés cuya primera aparición en Canarias data de cuando el día primero de mayo de 1402: "Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle salieron de La Rochelle a conquistar las Canarias; viajando con ellos y como Cronista el clérigo o capellán Jean Le Verrier."

En el mapa de la isla de Gran Canaria realizado por Manuel Pérez y Rodríguez en 1896, menciona el topónimo como: "Barranco de Birriel", que terminaría por conocerse como Barranco de Berriel.

Este barranco es una de las rutas clásicas del senderismo por el Sur de la isla de Gran Canaria, que nos lleva hasta Barranco Hondo; que se ha definido como el Gran Cañón de Canarias y al Arco del Coronadero (arco natural de piedra más grande de la Isla). Estos parajes son de una naturaleza indescriptible y lugar de numerosos yacimientos e indicios de asentamientos aborígenes, entre los que cabe destacar los singulares y misteriosos mojones o torretas de piedra de Altos del Coronadero, colocados en un lugar inaccesible por los antiguos canarios y que según algunas teorías tenían la función de calendario solar; hablamos del perímetro de Amurga; dónde se encuentra una de las dos montañas sagradas de los antiguos canarios; la primera era Tirma y, la segunda, Montaña de las Tabaibas, situada frente a Arco del Coronadero.
 
Pero centrándonos en lo que de verdad queremos abordar, Berriel fue un asentamiento poblacional con entidad de pueblo, en el que convivieron en su momento más álgido hasta 2.500 habitantes, según los informantes a los que hemos recurrido; la procedencia de éstos fue desde distintos puntos de la isla, sobre todo del Norte; incluso algunas casas de familia llegaron desde la isla de Lanzarote.

A día de hoy, si queremos averiguar cuantas familias poblaban Berriel, tendríamos que dividir para 3 o 4 esta cantidad, pero por aquellas fechas, según hemos constatado, la media por familia venía a ser de 6, 9 ú 11 hijos por familia; por lo que no exageramos si decimos que Berriel fue el núcleo urbano más importante de la aparcería de todo el sur grancanario, pues ciento cincuenta fanegadas de tomateros representaban el campo de acción de aquellos aparceros.

Es fácil imaginar el atropello de conversación que se genera cuando cinco personas, que pasaron juntos su niñez, juventud y primeras aventuras y sacrificios juntos, se reúnen para revivirlas. Aún así, pudimos sonsacarles que Berriel nunca fue una Cuartería al uso, sino todo un pueblo, en el verdadero sentido del término. Según nos cuentan, más pueblo que Juan Grande, Castillo del Romeral o Maspalomas.

Y nos dicen que los muros de las cuarterías, el pozo y el propio Almacén de empaquetado eran bastante sólidos, construidos con sillares de picón rojizo. Que fueron testigos (Berriel quedaba como en primera línea de playa), como en 1954 les llegaba la invasión de una plaga de cigarras que arrasó por todos los cultivos. Que los niños iban a la Escuela Nacional de Juan Grande y los mayores aprendían a leer, escribir y las cuatro reglas con el maestro Rubén Darío, de Berriel y procedente de Gáldar.

Contaban con Tienda de comestibles, de las de “desde una alfiler hasta un elefante”, la de Francisco Romano y Carmen Perera y el Economato de Berriel; Barbería, la de Fernando García, aunque un tal Ceferino Espinosa pelaba gratis, para aprender. Con partera propia: Lolita que, a su vez, era la Enfermera y casi médica del pueblo.

A la pregunta de si hacían vida comunitaria con pueblos vecinos, por ejemplo: Juan Grande o Maspalomas, nos dicen que no;  que eran autosuficientes en Berriel, incluso con Misa todos los domingos, a la que iban todos, para no trabajar. Cada domingo, tenían sesión de cine, con las películas que les iba a proyectar Don Pedro Vega, el del Tablero y que lo hacía en el Almacén de empaquetado. Y en el almacén también se celebraban Bodas, Bautizos, Primeras Comuniones, así como Bailes, cada vez que se reunían un par de cuerdas.
 
Recuerdan cuando con inusitada curiosidad contemplaban pasmados unas maniobras militares gigantescas en el año 1963, con tanques de guerra, con barcos e incluso portaviones de los que salían innumerables vehículos anfibios y que llegaban hasta la misma playa de Berriel.

Como no podía ser menos, tenían su propio equipo de fútbol, el C.F.Berriel y celebraban liguillas entre los equipos de los alrededores, como los de Juan Grande, el Castillo, Las Burras, Maspalomas y el Tablero. A este respecto, anécdotas para todos los gustos: desde que cuando se picaba el balón, se suspendía el partido; hasta cuando un balón cayó al agua (el campo estaba dónde hoy la pista de aterrizaje del Aeroclub), se lanzaron nadando a buscarlo, incluso con una barca y no hubo forma; mucho más tarde se enteraron que apareció por Veneguera. Y la de que cuando jugaban con Las Burras, siempre se disputaban la misma copa.

Hasta sus propias Fiestas llegaron a tener, en que sacaban en Procesión a la Virgen de la Milagrosa y, según nos cuenta Domingo Pérez, causó gran pesar cuando, extrañamente, desapareció esta imagen a principio de los setenta.

Por estas fechas, cuando la industria turística empieza a afianzarse y los cultivos de tomate a decaer, se van destruyendo las Cuarterías de Berriel y sólo queda en pié el edificio del almacén de empaquetado, que convertido en soporte publicitario de grupos políticos por campañas electorales, con siglas y Slogan que se mantenían durante años. Finalmente, el 7 de agosto de 1998 es derribado y desaparece así el último vestigio de lo que fue todo un pueblo y un referente en los trabajos aparceros del Sur grancanario.

Atrás quedan los sacrificios de tantos hombres y mujeres. Ellas nunca van a olvidar los sacrificios para cuidar y alimentar familias tan numerosas. Ellos tampoco olvidan aquellos veranos, de inclemente sol, despedregando laderas y que les colgaron a los 15 años una máquina de sulfatar a la espalda. Pero nos quedamos con aquello que también nos decían: que recuerdan haber pasado en Berriel los mejores y más felices años de sus vidas.
 


LOS ÚLTIMOS DE BERRIEL:

“Los últimos de Berriel”. Quizá no fuera así exactamente, pero queremos parafrasear el título de aquella película de “Los últimos de Filipinas”, para presentar a los cinco contertulios que nos han hecho de informantes. Ellos son, de izquierda a derecha:

Santiago Pérez: que se jubila después de estar 30 años de chófer con Salcai. Ignacio Betancor: que aprovecha el “boom” turístico, primero en la construcción y después como  Servicio Técnico y mantenimiento de Discotecas y Restaurantes. Juan Cabeza: Que, cuando su familia abandona Berriel, ingresa en el Cuartel, hace de chófer y se jubila siendo Policía Municipal. Anastasio Pérez: que después de la aparcería, se busca la vida de chófer en los piratas y finalmente, de Taxista en Las Palmas de Gran Canaria, durante 42 años. Y Domingo Pérez: que, una vez se marcha de Berriel, pasa al mundo de la hostelería como Servicio Técnico en los apartamentos Santa Mónica, durante 42 años.

Los hermanos Santiago, Anastasio y Domingo Pérez, llegan a Berriel desde Haría –isla de Lanzarote-, en el año 1954 y cuentan que sus padres se aventuraron a venirse a Gran Canaria, después de que les prometieran que en Berriel iban a tener luz, agua corriente y baños en el domicilio. Nada de esto vieron al llegar; pero aún así, se quedan y pasan a formar parte de la sociedad grancanaria.

Todos ellos, una vez  estalla el “boom” turístico y se inicia el declive de la Aparcería, van abandonando Berriel, la mayor parte de ellos con destino a la Barriada de Yeoward, otros a Casa Pastores; algunas familias al Castillo del Romeral y, por ejemplo: los Cabeza, lo hacen al Lomo Moral –Juan Grande).
  
 JUAN CABEZA LÓPEZ. Que propició el encuentro de los cinco informantes que se han prestado a colaborar con esta columna sobre Berriel, cuenta con la edad de 75 años –muy bien llevados-, llegó a Berriel en el año 1952, pero antes ya había estado en Cuarterías del Matorral y el Salinero.

Después de salir del Cuartel, es chófer en la Agencia de Viajes Insular durante 9 años y, en el año 1974, gana la plaza de Policía Municipal en el ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, dónde tuvo como Jefes a Antonio Lindosa, Darío Hernández y Juan Campos.

Sus padres, que siempre cultivaron con Quintana Moreno, fueron José Cabeza García y Esperanza López Carreño y formaron una familia de 11 hijos: 6 mujeres y 5 hombres.

Juan, en el transcurso de la reunión que mantuvimos, por momentos repite una y otra vez lo gran mujer que fue su madre y todos sus recuerdos los condensa en que “ha tenido una vida muy feliz”, a pesar de que, en una sóla habitación pudieran pernoctar hasta 7 personas; que con sólo 11 años su salario era de nueve pesetas a la semana y que en la época del Matorral, mientras su madre lavaba la ropa de los más pequeños de la casa y ésta se secaba, tenían que andar desnudos, porque no había otra muda.