La remodelación del
Faro, a finales del siglo y milenio pasados, convirtió su entorno en un ejemplo
del futuro modelo urbanístico y turístico que se pretendía para Maspalomas y
Meloneras.
Por Pedro J. Franco López
Roque Nublo de Gran Canaria/2020
Durante la
década de los 90, cuando el Faro de Maspalomas se convertía en centenario y, junto
al monumento natural el Roque Nublo, se instituía en icono indiscutible de la
isla de Gran Canaria, su entorno era deprimente y, dejaba mucho que desear; por
supuesto, nada acorde para las previsiones que se tenían para con la urbanización
Meloneras, ahora mismo la más exclusiva de la isla de Gran Canaria y de
Canarias en general.
Largo fue el tiempo
de espera, pero al fin, se vio compensado cuando ya daba sus últimos coletazos
el siglo y milenio pasados (26 de mayo de 1999), cuando se inaugura la
remodelación del entorno del Faro y se le imprime una nueva fisonomía en
consonancia con la idea de configurar esta zona de Maspalomas en la nueva
ciudad turística del siglo XXI, ya en puertas.
Como no podía
ser menos, al acto inaugural asisten la flor y nata de la política y la
sociedad canaria encabezados por el alcalde José Juan Santana Quintana que, momentos
antes realizaron una visita al Palacio de Congresos, para comprobar el estado
de las obras y que se preveía inaugurar en noviembre de aquel mismo año.
La
transfiguración de este emblemático entorno consistió en una nueva Estación de
Guaguas, el embellecimiento de la Plaza del Faro, dónde se recrea un lago en el
que se reúnen elementos de la flora y fauna de la Charca y el Oasis y, el Paseo
de Colón, que se prolonga hasta su intersección con la calle Mar Mediterráneo y
la Avda. del Oasis; el arquitecto José Francisco Henríquez, coautor del
Proyecto, junto a Rafael González Jaraba, venía a decir que: "la síntesis de este nuevo espacio era aunar belleza natural
y arte", o sea, "la unión del arte del hombre a la
creación artística de la naturaleza".
Es por lo que
junto a la playa de Maspalomas, su Parque Natural Las Dunas y la Charca de
Maspalomas y, el Palmeral del Oasis, surgía junto al centenario Faro, una
pequeña galería de arte al aire libre para goce y disfrute de la ciudadanía
grancanaria y lo más selecto del turismo mundial: "porque así lo demanda este enclave de privilegio, como símbolo y
representación de un espacio singular e internacionalmente conocido".
Así tenemos
justo a la entrada del Paseo de Colón la escultura denominada "Pórtico", de Facundo Fierro,
que consiste en un espacio circular de siete metros y medio de diámetro,
compuesto por doce elementos de acero corten, que se entrelazan simulando las
hojas de la palmera o las ondas y perfiles de las dunas de Maspalomas,
enmarcando adecuadamente el acceso peatonal que se inicia (o culmina).
A continuación
tenemos un escultórico y gigantesco "Grano
de Arena", de los artistas Agustín Ibarrola, José Duarte, Juan Serrano,
Ángel Duarte y Juan Cuenca (Equipo'57);
sus perfiles y volúmenes semejan las líneas ondulantes de las dunas y fue
realizada en una sola pieza de piedra marmórea de Cabra (Córdoba), dándose la
circunstancia de que un ejemplar de esta obra, a pequeña escala, figura en el
Centro Cultural Reina Sofía, de Madrid.
En el Proyecto
inicial y, a propuesta de los autores, el Grano de Arena tendría que estar levitando
sobre una lámina de agua, lográndose la antigravedad, con un sistema de
empotrado de iluminación a través del agua. (Y, así fue durante diecisiete
años); ahora, su estanque figura rellenado de tierra y picón y, con una
plantación de cactus

En la entrada
al Paseo del Oasis y, entre el Hotel Maspalomas Oasis y el Hotel Faro, tenemos
la obra escultórica "4
Ramsés" ó "Ramsés
II", de Andreu Alfaro. Cuatro
elementos de mármol de Carrara, tratados de manera artesanal y que lucieron en
el patio de entrada del pabellón español de la Bienal de Venecia de 1995. A
decir del autor, la hizo pensando en los hombres que hicieron posible la
estatuaria egipcia, sintetizándolos a través de un testigo único: Ramsés. Un
grupo de testigos eternos de dioses que nos observan y nos observarán durante
siglos: "una de las civilizaciones
más importantes del mundo, la egipcia, de África, ahora representada en Gran
Canaria-Maspalomas, que también es Europa, y que también es África",
manifiesta Alfaro.
Finalmente, tenemos
a "La Fuente de la Morena"
ó "La Noche" -Homenaje a
Néstor-; con autoría artística del escultor Benito Valladares atribuyéndosele
la ideología de la obra a la escultora vasca Virginia Quevedo, del equipo
"Eztandart".
Patrocinada
por la entidad Lopesan, es con diferencia, la escultura más mediática de la
zona, por su situación junto al Faro y por hacer de punto de inflexión entre
las urbanizaciones turísticas de Maspalomas y Meloneras; a la vez que queda
unida por un paseo de esbeltas palmeras a la "Fuente de Los Dragones", situada en las mismas
entrañas del hotel Lopesan Costa Meloneras.
Basada en la
obra "La Noche",
que forma parte de la serie "El
Poema del Mar", de Néstor Martín-Fernández de la Torre, las
similitudes son tan evidentes que nos atrevemos a hacer comparativas con la "Chica con Delfín",
que está junto al puente de la Torre de Londres, y con "Eros cabalgando a un delfín", del surtidor de
fuente del yacimiento arqueológico de la mítica ciudad de Éfeso.
De todas las
maneras, añadir a lo expuesto que, la ostentosidad de la obra de arte y la
sinuosidad de la morena, con su cuerpo erguido musculoso y anguiliforme, con sus afilados y poderosos
dientes que hacen de surtidor, ha logrado lo que toda escultura aspira: que el
público la haga suya.
Quiero
manifestar en este punto que las definiciones y datos que se acompañan,
respecto a la obra "Homenaje a
Néstor", están basadas en los datos que tuvo a bien enviarme,
personalmente, el propio escultor "BENITO
VALLADARES"; todo un honor y, todo mi agradecimiento.
También, en el arranque del Paseo Meloneras, tenemos una Placa que lo nomina como: "Paseo Príncipe de Asturias", obra del escultor teldense Máximo Riol.
Finalmente y,
volviendo a la plaza del Faro y el Paseo de Colón, llamar la atención sobre la
magnífica columnata apergolada que la recorre casi de un extremo a otro y,
sobre todo, al entrañable rincón con escalinatas y en semicírculo, especie de
Tagoror, a la espera siempre de un encuentro de poetas, pensadores o,
cuentacuentos e historietas, sin ir más lejos.