"El Miano" (variante de la palabra "médano"), era una enorme duna que había frente mismo al Poblado de San Fernando, aislada totalmente del campo dunar, dónde el chiquillerío del pueblo se divertía y daba interminables volteretas desde la cima a la base. Era una gran diversión.
lunes, 24 de marzo de 2014
viernes, 21 de marzo de 2014
ADOLFO SUÁREZ, DE CAMPAÑA ELECTORAL EN MASPALOMAS.
Por
Pedro José Franco López.
Técnico
en Patrimonio Histórico y Cultural.
Es momento de recordar
la memoria histórica y la trayectoria personal, profesional y política del
ex-presidente del Gobierno español Don Adolfo Suárez González, duque de Suárez,
con grandeza de España y caballero del Toisón de Oro, por concesión del S.M. El
Rey Juan Carlos I y Premio Príncipe de Asturias/1996, por su importante
contribución a la Transición Española a la Democracia, de la que fue gran
artífice y glosaran su figura y trayectoria por estos días infinidad de
profesionales a nivel local, nacional e internacional.
Esta modesta aportación
viene a recordar y dar a conocer a las nuevas generaciones que, tal eminente
personaje estuvo en San Bartolomé de Tirajana (Maspalomas), ya como
ex-presidente del Gobierno y en calidad de diputado por Madrid, con motivo de
la Campaña electoral de las Municipales de 1983. Lo hacía para apoyar la
candidatura del CDS -Centro Democrático y Social-.
El Mítin electoral tuvo
lugar en el Parque de San Fernando de Maspalomas –antes de su remodelación- y
tuvo una gran acogida popular, dónde muchísimos vecinos se dieron cita para ver
en persona al ex–presidente.
El Partido Centro
Democrático y Social –CDS- fundado por Adolfo Suárez, estaba liderado en San
Bartolomé de Tirajana por el abogado Don Domingo Guillén Reyes que, a su vez,
fue Secretario General del CDS en la Provincia de Las Palmas, siendo también
concejal del Iltre. Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana y consejero del
Excmo. Cabildo de Gran Canaria.
Se dio una anécdota
curiosa en esta Campaña Electoral -que muchos recuerdan- y es que Domingo
Guillén –con la ayuda de sus hijos-, como me recordaba hace un tiempo Carlos-,
plagó el municipio de huellas de pié y como lema: “Domingo Guillén, el hombre
que camina”.
Sus adversarios
políticos contrarrestaban el efecto con múltiples mofas hacia la iniciativa y
Adolfo Suárez y el mismísimo Domingo Guillén hubieron de emplearse a fondo en
este Mítin Electoral para explicar el verdadero sentido de esas huellas y el
lema que, según nos cuenta su hija Laura, no era otro que el de: Caminar
erguidos, con la cabeza alta, hacia adelante, avanzando hacia la prosperidad y
la riqueza social y cultural de las personas, partiendo de la base de que los
ciudadanos son el principal e indiscutible Patrimonio de un pueblo.
Así era Domingo Guillén
Reyes, así era Adolfo Suárez González.
Foto: Franco.
domingo, 9 de marzo de 2014
MASPALOMAS. ¡¡¡NUNCA MAS!!!
No es agradable estar todo el santo día "erre que erre" dando la paliza con lo de que "lo que pudo haber sido y no fué"..., con los disparates que se cometieron y lo que se hizo rematadamente mal; pero si es bueno recordarlo de vez en cuando para evitar que se repita.
También que sepamos todos, la nueva generación sobre todo, que para tener lo que hoy supuestamente disfrutamos, hubo que hacer grandes sacrificios, muchos de ellos perfectamente evitables.
viernes, 28 de febrero de 2014
FOTO BESTIAL DE TEODORO MAISCH
Foto bestial y no lo digo por la burra y, mucho menos por el buen señor. No hay duda, Teodoro Maisch supo, como pocos, retratar el "alma canaria".
domingo, 23 de febrero de 2014
PLATAFORMAS DE OFERTA EN EL MERCADILLO DE 2ª MANO DE SAN FERNANDO, EN MASPALOMAS
martes, 18 de febrero de 2014
´Maspalomas debe dar más calidad y sonrisas, playas hay en muchos sitios´
Entrevista que me hicieron para "La Provincia", el día 18 de septiembre de 2012 y, que quiero volver a compartir con tod@s, pués la considero totalmente vigente y por mucho tiempo.
Pedro José Franco (San Fernando de Maspalomas, 1949), es Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana
M. PINO PÉREZ
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
¿Qué recuerdos le han quedado de lo que fueron Maspalomas y Playa del Inglés hace 50 años?
Me
vienen a la memoria muchas vivencias. Recuerdo que iba a la playa con
mi padre, que era muy mayor, en burro y lo dejábamos en donde hoy está
el Templo Ecuménico y bajábamos serpenteando por unos riscos y bajo los
cinco tarajales que había nos pasábamos el día de playa. Además,
disfrutábamos de la playa vestidos y las mujeres, con sus ropas negras,
se cubrían del sol porque antes tener la piel bronceada era sinónimo de
trabajar en la tierra, no de estar de vacaciones.
¿Imaginó que de aquellas penurias de los sesenta el Sur iba a ser la fuente de ingresos de la Isla gracias al turismo?
En
el caso del Sur esas penurias no llegaron a ser como las que se
vivieron en otros pueblos. Al ser medianeros del Conde la mitad de la
zafra era para nosotros y la otra mitad para el Conde, con lo cual de
comer siempre había, porque queso, verduras y granos no faltaron nunca.
Con la llegada de turistas llegan a nuestras casas los sobrantes de
las neveras de los bungalows que dejaban los turistas a las camareras,
que acababan de dejar la aparcería. El ketchup no lo conocíamos, la
mostaza nos parecía muy ruin. Y todo lo que se va construyendo para
acoger a esos noruegos y suecos nos hace ver que el turismo generaba
negocio.
¿Cómo eran los turistas de los años 60 y 70?
Eran
muy cercanos y familiares. Hacían fotos y se quedaban con la dirección
de las camareras para luego enviárselas por correo. Recuerdo que mis
hermanas llevaron a casa a tomar café a suecos, que no era la primera
vez que venían.
De esa Maspalomas ¿qué le hubiera gustado que hoy aún se hubiera conservado?
Defiendo
el progreso, pero me gustaría que se rescataran cosas que se han
perdido como la filosofía del documento de la sociedad Fomento y Turismo
de Gran Canaria de 1915. El destino Maspalomas tiene playas y spas,
oferta deportiva y cultural, pero la personalidad del canario ha
decaído, el profesional no es tan afable, no sonríe como antes. No se
puede servir con la cara estirada porque al turista hay que enamorarlo.
Pero es que en 1935 Néstor Martín Fernández la Torre marcaba las pautas
de cómo enamorar al turista, y proponía que se arreglaran con árboles y
flores los riscos y linderos de las carreteras, azoteas y balcones, y
mire ahora cómo está la autopista. Tenemos que exaltar nuestro
patrimonio, nuestras costumbres para diferenciarnos de destinos con los
que competimos. En Turquía hablan al turista en inglés, aquí no
dominamos el idioma, además son simpáticos y quizás son más serviles en
el buen sentido, y hasta las colchonetas de la playa son tan cómodas
como mi cama. Es decir, que el destino Maspalomas tiene que ofertar más
calidad y sonrisas porque los turistas se van a gastar el dinero donde
hay más calidad y donde les traten mejor. Insisto en que hay que cuidar
el entorno, no se pueden tener las palmeras de la autopista
abandonadas, y en vez de tanto dinero en ferias hay que hacer más
promoción en la Isla para que el turista la conozca.
Pero es el
operador el que comercializa los paquetes donde el precio es lo que
prima y en ocasiones el turista no llega a salir del hotel. Así no es
fácil hacer que se enamore de la Isla.
Claro, es que en el
operador no tenemos a un amigo, y por eso al que tenemos que cuidar es
al turista. En Gran Canaria, en Maspalomas, tenemos que saber que al
operador le gusta que los destinos sean impersonales porque así mueven a
los turistas de un sitio a otro cuando les viene en gana. Si el
turista se enamora de Gran Canaria pide venir a Gran Canaria y esta es
la forma de lograr que sigan visitándonos porque entre los amigos
también van a contar lo bien que los trataron.
Como vecino de San
Fernando que ha seguido el desarrollo turístico del Sur ¿qué errores
entiende que hay que evitar en los años venideros?
Creo que hay
que cuidar el territorio. Estamos quemando suelo para después irnos a
otro lado. Se quemó San Agustín y nos fuimos a Playa del Inglés, y
después se hizo lo mismo con Maspalomas. Y... ¿Qué va a pasar? Que nos
vamos a ir a Santa Águeda y quemamos Meloneras. Hay que mejorar y cuidar
lo que se ha hecho, porque no todo es hacer cosas nuevas para que los
turistas vayan a esa zona, pues se corre el riesgo de que no haya tierra
que ocupar y por eso es preciso cuidar esos lugares que han gustado
tanto a los turistas.
¿Espera que tras el Día Mundial del Turismo, que se centra en el cuidado al medio ambiente, se aprenda la lección?
Me preocupa si a partir del 27 de septiembre vamos a trabajar en serio
en favor del destino Maspalomas. Se ha elegido la palabra
sostenibilidad para festejar el Día del Turismo, una palabra con
catorce letras, que no entiende todo el mundo, y por eso insisto en que
tras cincuenta años dedicados al turismo debemos tener aprendida la
lección. El canario debe entender que depende del turismo y debe cuidar
por eso el entorno como a su propia casa.
¿Cree que ese mensaje se debía impartir en los colegios o ya ha calado entre los jóvenes?
Siempre
ha existido una barrera entre la zona turística y el pueblo de
Maspalomas, que es la autopista. En el Día Mundial del Turismo tampoco
se ha contado con los vecinos, se ha hecho todo desde las instituciones.
La crisis económica ha hecho que los jóvenes se hayan dado cuenta de
que si se preparan pueden tener empleo en los hoteles, pero deben
estudiar inglés y adquirir una formación.
martes, 11 de febrero de 2014
A ESCASOS DÍAS DEL 50 ANIVERSARIO DE LA INDUSTRIA Y LA PROFESIÓN DE HOSTELERÍA EN MASPALOMAS (Parte 2 de 2)
Por Pedro José Franco López
Técnico en Patrimonio Histórico y
Cultural.
Si acaso tenga mayor sentido la conmemoración de
estas Bodas de Oro, de este cincuentenario, por la carga humana que tiene
consigo; no en vano son 50 años de vida de la industria de la hostelería en
Maspalomas y, evidentemente también del nacimiento de la profesión de la hostelería.
Antes de continuar, rompamos una lanza por aquellos
verdaderos pioneros en las labores hosteleras, como: Carmen Afonso, dueña del
Restaurante “La Fonda de la Vda. de Franco”; La familia Moreno Zerpa (Bar el
Boya en el Pajar); Serafín Trujillo y Aurora, Bar de Finito, en Playa de
Meloneras; el Bar de Antonio Franco; la Cantina de los Artiles; las Tiendas de
Aceite y Vinagre de: Agustín Rivero, Glorita Monzón, Juanito Artiles, Rosita
Sánchez; Mateíto Perera, la de José Santana y Andrea Trujillo; especial mención
a las de los pueblecitos de Berriel, Buenavista y Las Burras, tres núcleos de
población totalmente erradicados de la faz de la tierra en aras del supuesto
progreso y el bienestar, etc.
Dicho esto, retomamos el asunto que nos ocupa para
manifestar que, si los profesionales que atendieron a los ilustres invitados en
la inauguración de “La Rotonda” y “Los Caracoles”, lo hacían en calidad de
alumnos de la Escuela Regional de Hostelería, la de San Cristóbal, en Las
Palmas de Gran Canaria; los que atendieron la Fiesta de Fin de Año de 1964, ya
lo eran como empleados de la empresa “Amurga, S.A.”: Camareros, Cocineros,
Barman, Camareras de Pisos, Botones, Conserjes, Facturistas, Telefonistas,
Porteros, Jardineros, en su gran mayoría vecinos de Maspalomas, de Vecindario,
del Tablero y otros pueblos grancanarios.
Recibieron los
conocimientos más elementales a marchas
forzadas, en la Escuela Regional de Hostelería, (se inauguró el 11 de enero de
1962), cuya sede, estaba ubicada en la Escuela de Capacitación Agrícola. Hecho
curioso, pués la gran mayoría de los jóvenes que allí se formaron provenían de
las labores del campo.
Por eso lo de que esta conmemoración contiene una
gran carga emotiva y humana, pués chicos que dejaron la yunta en el alpendre o
el cercado a medio despedregar, se
ponían una corbata pajarita, para atender a ilustres invitados, turistas de
alto standing, entre ellos: reyes, príncipes, ministros y, hasta la mismísima
Lola Flores y Antonio el pescaílla.
Mujeres jovencísimas, que se
despojaron de sombrero, pamela, manoplas y faltriqueras, para lucir un
impecable uniforme y una profesionalidad y amabilidad innatas; eran las
Camareras de pisos.
Todavía algunas
de ellas se emocionan al recordar los comentarios que circulaban por doquier,
cuando fueron a trabajar a la zona turística. Fueron momentos muy difíciles, de
enormes contrastes emocionales: por un lado contentas e ilusionadas con un
trabajo digno al fin, dónde se les miraba con
respeto y aprecio, valorándose su labor y, por otro, la incomprensión de
la sociedad de sus pueblos que no entendían que: “fueran a servir y a limpiar baños, dónde los turistas hacían sus
necesidades”, “Que entraban al “bungaló” y se los encontraban medio desnudos
(en bañador)“.
Estos son los profesionales
que hoy merecen que ahora se les rinda el más cálido de los homenajes. Hombres
y mujeres, auténticos pioneros de las labores
que vendrían a ser la primera fuente de ingresos, no sólo para los
grancanarios, sino para personas procedentes de tantos lugares de la geografía
española y de otros países.
Gente que trabajó con ilusión, porque se trataba de
unos oficios nuevos, que les aportaba una mayor calidad de vida en comparación
con las calamidades que se vivían trabajando en el pastoreo, las plataneras, la
ganadería, la labranza o la aparcería, que era de dónde provenían
profesionalmente la mayor parte de ellos.
Múltiples las anécdotas que nos cuentan. Por
ejemplo: como los domingos y fiestas de guardar era de precepto obligado
asistir a Misa, la empresa ponía a disposición del personal (sobre todo de las
mujeres), una furgoneta o guagua para asistir a Misa a la Iglesia de San
Fernando y, terminada ésta, de vuelta al trabajo.
Y que al dejar el bungalow, los clientes dejaban la
nevera cargada de alimentos que ellas aprovechaban llevándoselos para sus
casas. De esa forma fue cómo en muchos domicilios se conocieron el Kétchup, la
Mostaza o la mismísima lata de “Tulip”, como nos dice Ramona Santiago, que la
vio por primera vez en la Cesta de Navidad que recibieron en 1964.
Los turistas a veces ayudaban a “Mingolo”, en las
tareas de “jalar p’ol chinchorro”,
y organizaban asaderos en la orilla de la playa e invitaban a los empleados; en
cierta ocasión prohibieron a los empleados de “La Rotonda” y “Los Caracoles” ir
la Playa y mezclarse con los turistas, clientes en su gran mayoría, de esas dos
instalaciones hoteleras.
Pedro Pérez recalca que le llamaba mucho la
atención ver como cada día, antes de abrir el restaurante, todos los camareros
se tenían que poner en fila y era que el Maitre pasaba revista: Manos, uñas,
pelo, barba, uniforme y zapatos; y asegura que muchos días algunos no
trabajaban y tenían que irse a su casa por no estar en perfectas condiciones.
Agustín Curbelo comenta que fue el primer Enlace
Sindical del Sur y pidiéndosele que cuente anécdotas al respecto, con mucha,
muchísima diplomacia y elegancia, tan sólo dice que: “por aquellas fechas el cargo de
Enlace Sindical no daba mucho trabajo”.
Para dar cuenta de cómo se ven después de 50 años,
los adelantos de aquella época: el Teléfono que había en la Recepción de los
“Los Caracoles”, era tan sólo como intercomunicador entre los Bungalows y el
Restaurante “La Rotonda”, para comunicarse con el exterior había que pedir
línea al teléfono de la Tienda de Agustín Rivero (dónde hoy San Fernando), mediante
el de un abonado del Vecindario (el núm. 73)
y desde allí, solicitar línea a Las Palmas. No hubo comunicación
telefónica automática, hasta 1968. Luego sería a través de la central de San
Agustín (frente al actual Hotel Tamarindos).
Y hablando de
Don Guillermo Olózaga, el director, que también fue concejal de san Bartolomé
de Tirajana, todos coinciden que si era una persona excelente, también era el
profesional más recto que hubieran visto nunca, a tal fín nos cuenta Martín
Falcón que, si don Guillermo salía con
ellos de juerga por las noches y estaban hasta altas horas de la madrugada de
bailes y copas, si al día siguiente no estabas puntual en el puesto de trabajo,
por mucho que fueras su compañero de copas, te sancionaba igualmente con días
sin empleo y sueldo.
Hasta aquí, esta
columna que hacemos en homenaje a tantos hombres y mujeres, sobre todos a los
que ya no están, que fueron y son el mejor reflejo de lo que es
profesionalidad, compañerismo y dedicación al noble trabajo de la hostelería. Hay
que mirar cincuenta años atrás para entender del todo aquello de “fidelizar y
enamorar al turista” para que repita y así, convertirnos en un destino
competitivo. Tengamos en cuenta que esto, los profesionales y poco más, será lo
que nos quede cuando se terminen los conflictos bélicos y esta dichosa ola de
frío.
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