jueves, 3 de septiembre de 2015

ANTONIO MARTÍN FALCÓN, EJERCIÓ LA POLÍTICA DURANTE 40 AÑOS.

Por Pedro José Franco López
Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.

Publicado en el Periódico “La Provincia”, el jueves, 3 de septiembre de 2015.

En los años setenta, con tan sólo veinticinco años, fue el Teniente de Alcalde más joven de España.

Su gran frustración fue ver cómo desaparecían todas y cada una de las viviendas rurales o labriegas de Maspalomas.



Martín Falcón, que es cómo se le conoce a lo largo y ancho del término municipal de San Bartolomé de Tirajana, ya jubilado y alejado del ruido político y social en el que estuvo inmerso durante casi cuatro décadas (37 años, para ser más exactos), con 70 años cumplidos el pasado mes de enero, disfruta en la actualidad del paso de la vida, rodeado de su numerosa familia. Amigos?, más bien pocos, aquellos que se contaban por cientos y que había que ir desalojando, porque interrumpían el paso, se han convertido en puro espejismo.

Nuestro personaje es de esos pocos que se dan en toda sociedad, en que valen más por lo que callan que por lo que dicen, no en vano tuvo el inmenso privilegio de vivir en primera línea y ser testigo de excepción, de la transformación social, cultural y económica de San Bartolomé de Tirajana en general y de Maspalomas en particular. Y es que, entre 1971 y 2007, época de transición y de cambio de régimen político a nivel nacional y de revueltas a nivel local (tres Mociones de Censura en cuatro legislaturas y un sinfín de turbulencias más), dan un bagaje personal que imprime carácter de por vida y que llenan una mochila muy difícil de descargar, por mucho que pase el tiempo.

Si echamos un vistazo atrás para analizar el cómo del asentamiento de la familia de Martín Falcón en Maspalomas, vemos cómo su padre, Ignacio Martín Monzón, procedente de Santa Brígida y conocido por todos como “Panchito el ranchero”, asume en los años 50 las responsabilidades como encargado de los aparceros del exportador Míster Pilcher, en Maspalomas.
La norma era que, terminada la zafra, aparceros y encargados volvieran a su pueblo de origen; Panchito no lo entendió así y decide que su lugar estaba en la tierra que le daba el sustento y, con su esposa María Falcón y sus hijos Antonio, Mary Carmen, Rafael y Tere se asientan en el Lomo de Maspalomas; lugar inhóspito, polvoriento e incómodo, que contrastaba en gran manera del vergel de Santa Brígida; tal como contaba Juan Francisco Naranjo en su trabajo periodístico de 1991, es así como esta familia se convierte en pionera en los asentamientos foráneos y se integran de lleno en la consolidación de Maspalomas, primero como pueblo y, después, como destino turístico de primer orden.

Terminada su formación académica, se inicia en el mundo laboral y, después de cumplir con el Servicio Militar -en la aviación-, contrae matrimonio con Carmencita Franco Hierro, hija del alcalde y mayordomo del Conde, Marcial Franco Jiménez y de Carmen Hierro, nieta de farero; por lo que, de alguna manera entra en un ambiente dónde toma conciencia de la realidad social del pueblo maspalomero y su gente y empieza a germinar en él la vocación de gestor vecinal.

Es así cómo empieza a formar parte de directivas de Asociaciones de Vecinos, de Padres de Alumnos, del club de Petanca, de Lucha Canaria, de Baloncesto, de Kárate, etc.; llegando a ser Presidente del Club Deportivo Maspalomas en su fase de transición. Pero dónde se integra de lleno es en la organización de las Fiestas Patronales de Maspalomas, en honor a San Fernando, dónde resultó elegido presidente por votación popular en varios años sucesivos; elecciones que se celebraban incluso antes de la llegada de la democracia y Fiestas que siempre defendió el que no se municipalizaran, porque perdían la frescura y la impronta popular.

Cuando le proponen ser concejal del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, lo acepta a condición de que su elección fuera por voto directo, como así fue; se celebraron elecciones el 17 de noviembre de 1970 y, de entre seis candidatos, Antonio Martín Falcón y Manuel Cabrera Hidalgo, quedan entre los dos más votados y se cubren las dos plazas vacantes en la corporación. Es así cómo se convierte en el primer teniente de alcalde más joven de España, con tan sólo veinticinco años de edad.

Para los más jóvenes, aclarar que en la organización municipal de España durante el régimen franquista, también existían las elecciones; muy “sui géneris” y sometidas a un férreo control, pero urnas y papeletas había. Martín Falcón tiene a gala el que, aunque sus inicios políticos se iniciaron durante el régimen franquista, (ésta fue la época que le tocó vivir y no otra), fue elegido por voto directo entre los vecinos Cabezas de Familia, lo que venía en denominarse “tercio familiar”.

Ya en la era democrática, Martín Falcón va revalidando cada cuatro años su acta de Concejal, de la mano de UCD en 1979; y, en las sucesivas legislaturas, (salvo algunos escarceos en Coalición Canaria y Partido Popular), la mayor parte de las veces, formando parte del grupo independiente “Agrupación de Vecinos -AV-“. En el transcurso de su etapa política coexiste con los alcaldes: Enrique Jorge García, José Macías del Toro, Enrique Velando Casteleiro, Francisco-Santiago Araña del Toro, Marcial Franco Vega, José Juan Santana Quintana y Marco Aurelio Pérez Sánchez.

De las distintas tareas que se le encomendaron o cargos y delegaciones que ostentó durante casi cuarenta años, nos atrevemos a destacar como una de sus principales singularidades, la de un gran hombre conciliador; motivo por el cual, siempre era el que hacía de bombero o apagafuegos en toda clase de conflictos, ya fueran éstos entre los propios concejales, los sindicatos y el personal municipal o, entre Asociaciones de Vecinos, Clubs de Pensionistas y Comisiones de Fiestas.

Evidentemente tendrá Antonio muchos sinsabores y frustraciones, sobretodo, por lo que quiso y no pudo hacer por su pueblo y su gente; pero le queda la satisfacción de ver cómo nació y creció el municipio de San Bartolomé de Tirajana en infraestructuras sociales, culturales, deportivas y, en primerísima línea ver también como tomaba forma una zona turística de primer orden internacional: Maspalomas Costa Canaria.

Además, durante su tiempo como concejal, vio también como se implantaban y se consolidaban para el futuro, iniciativas o actividades como: El Rallye de Maspalomas, el Carnaval de Maspalomas, el Torneo Internacional de Fútbol; y otras que no han corrido la misma suerte, como: el Festival Regional de Folklore, el Festival de Cine, los Conciertos “Atlántica” o los conciertos de la Fundación Justus Frantz en San Fernando de Maspalomas.


Apasionado del Tiro al Plato, intentó por todos los medios construir un Campo de Tiro municipal; la primera intentona -fallida a su pesar-, fue en 1975 y, su ubicación iba a ser por encima del Lomo de Maspalomas y antes de la Degollada de la Yegua. Además, Antonio Martín nos cuenta que le causó bastante tristeza ver cómo desaparecían todas y cada una de las viviendas rurales o labriegas de Maspalomas; “fue una gran torpeza por parte de todos, hoy hubieran podido ser un casco antiguo con enorme valor histórico y etnográfico”; y también la causa algo de frustración el no haber podido lograr para Maspalomas aquel dorado sueño de un circuito de Fórmula 1 que, para no variar, se malogró por la sobrevaloración de los terrenos.


En lo turístico, aún tiene enquistado el que la CUMAC no accediera a que el cantante Julio Iglesias construyera el hotel de gran lujo que proponía en el Oasis, dónde hoy en día,  sí que se hubiera permitido.

De todas las maneras le queda la satisfacción de que en la década de los 80, San Bartolomé de Tirajana y Maspalomas en particular se convirtiera en referente y pioneros en toda Canarias, con las mejores instalaciones deportivas de carácter municipal, como: el Polideportivo de Maspalomas, con pistas de atletismo y Terrero de Lucha Canaria y el Pabellón Cubierto de Usos Múltiples de Maspalomas.

Cuando le tocamos el tema de las segregaciones o cambios de la capitalidad del municipio de San Bartolomé de Tirajana, Antonio, muy discreto y prudente, manifiesta que, por razones obvias es mucho más devoto de San Fernando que de Santiago apóstol.

ANTONIO MARTÍN FALCON. También tuvo una vida laboral arraigada al despegue turístico de “Maspalomas Costa Canaria”. 

Como no podía ser de otra manera, Martín Falcón se curtió laboral y profesionalmente en los inicios de la zona turística “Maspalomas Costa Canaria”; así, en 1964, trabaja de administrativo con la empresa “Amurga”; en 1969, en el “Hotel Maspalomas Oasis” y, durante 13 años con la entidad “Sun Club”, siempre ejerciendo las labores de administración y con el privilegio de haber tenido como jefes a los míticos Guillermo Olózaga, Alberto Isasi y Sven Nordlander, respectivamente. 

De su experiencia en la empresa Amurga, que explotaba los primeros Bungalows y el primer restaurante de la zona turística; hablamos de “Los Caracoles” y “La Rotonda”, manifiesta que: “aquello fue como volver a la escuela. Éramos muy jovencitos, con muchas ganas de aprender y, en cierto modo, lo turístico era una novedad para todos”. 

Casi al final de dejar la actividad política se inmiscuye en el negocio de la restauración y, con su esposa y alguno de sus hijos, montan los restaurantes “La Casa Vieja”, el “Rincón de la Casa Vieja” y explotan en concesión por un tiempo, el Restaurante del Jardín Canario “Viera y Clavijo”.

Sus hijos: Almudena, Marcial, Marcos, Francisco, Antonio, Fernando y Alejandro, se desenvuelven en distintos campos profesionales y Martín Falcón hace especial hincapié en dejar muy claro, que no les piensa inculcar el gusanillo de la política y que no le gustaría que alguno de ellos la ejerciera.


LA FOTO NECESARIA.

LA FOTO NECESARIA. Unos dicen que la foto no debía haberse publicado... Y yo pregunto: ¿Porqué?: Porque molesta a la vista?..., Porque remueve conciencias?...

Ya dió la vuelta al mundo y, ojalá la dé mil veces más.

Ni me paro a pensar si debo o no pronunciarme y manifestarme públicamente, lo hago por impulso y ahí queda:

"Considero que esta foto es un "Compendio" de todo; de todo lo social y político que está sucediendo a escala universal y a escala individual de cada uno de nosotros. Creo que deberíamos analizarnos, echando una mirada hacia dentro y pensar que hemos hecho para consentirlo y qué podemos hacer para que no vuelva a suceder.

No hablo de política, ni políticos. Ellos y ellas están ahí porque, entre todos, los hemos puesto.

domingo, 23 de agosto de 2015

TUNTE, EL HOMENAJE A LOS CARBONEROS, RINDE TRIBUTO A UN OFICIO INGRATO Y FURTIVO.

Publicado en el Periódico “La Provincia”, el domingo, día 23 de agosto de 2015

Por Pedro José Franco López.
Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.



Con una gran fiesta denominada “Día del Carbonero”, también conocida por “La Bajá del Carbonero”, es la manera en que la gente de Tunte homenajea a este noble oficio tradicional y a los que lo practicaron, de manera furtiva, hace ya más de medio siglo. Este año toca en domingo y es que últimamente se hace coincidir con la víspera del 24 de agosto, festividad de San Bartolomé, copatrono del municipio.

Los antiguos carboneros se reunían en La Laguna para descansar, poco antes de entrar al pueblo con su preciado cargamento. Allí se les ha homenajeado dedicándoles la “Plaza del Carbonero” y, desde ahí mismo, el domingo 23 de agosto, a las 19,- horas, será desde dónde arranque una comitiva, sobretodo de  niños y jóvenes, ataviados con las ropas más viejas del cuarto trastero y con las caras tiznadas de carbón y, visto los días de calor que nos está tocando vivir, de seguro que también se teñirán las manos, los pies y, toda aquella carne que las buenas maneras permiten dejar a la vista; acompañados de Charanga y Papagüevos, el jolgorio terminará en la plaza del pueblo, dónde llegarán casi limpios de hollín, pues los vecinos se habrán encargado de rociarles baldes y manguerazos de agua desde las azoteas y balcones.

Es una manera lúdica de rendir homenaje al oficio tradicional del Carbonero y a los que lo practicaron con tanto esfuerzo y sacrificio para sacar adelante a su familia, en aquellos años de posguerra y, para colmo de males, dando con sus maltrechos cuerpos en el cuartelillo o la mismísima cárcel, muchos de ellos.

Esta fiesta, a poquito que se ponga en valor y le cuiden algún que otro detalle y se le dote de ciertos condimentos, está llamada a convertirse en el transcurrir del tiempo en todo un gran evento al estilo de “La Rama” en Agaete o “El Charco” en La Aldea. No es exagerar, si tenemos en cuenta que la “Bajá del Carbonero” cuenta con el perfil propio para ello y que, todo gran evento de hoy en día, tuvo sus inicios, más o menos, de la misma manera.

Para empezar, habría que intentar consolidarla cada año más y no contrarrestar ningún logro obtenido; lo decimos porque esta fiesta ya tuvo un precedente en que días antes de la bajada, se organizaba “La Subida de la Leña a la Hoya del Carbón” -Plaza del Carbonero- y que ha desaparecido.

Por poner un ejemplo, al igual que otras celebraciones análogas, la organización y autoridades, pudieran ir creando precedentes, participando en la Bajada ataviados con la vestimenta característica del oficio carbonero; tal como lo hicieron hace unos sesenta años: José Tejera Pino, José Tejera Rodríguez (Pepe el negro), Lisandro Hernández Díaz, Pedro Mejías Ascario, Julián Trujillo Rodríguez, Antonio Ferrer Monzón, Manuel Suárez López, Manuel Montesdeoca López, Manuel y José Suárez López, José Herrera Santana, José Hernández Hormiga, Francisco y Pedro Mejías Arbelo, Antonio Trujillo Rodríguez, José Morales Hidalgo, Santiago López Araña, Antonio y Vicente Santana Medina y Teodoro Pérez Pérez, Domingo Guerra, José Arbelo (el del Sequero) y tantos otros que ejercieron este trabajo en la primera mitad del pasado siglo XX.

En el asesoramiento de la vestimenta adecuada, tendría mucho que decir el grupo de mujeres que, ataviadas con vestimenta antigua asisten a cada evento festivo de Tunte y, que a estas alturas, ya estarán preparando los atarecos para su cita anual en la Romería del Pino. Otro ejemplo también sería el de teatralizar el personaje de “Lolita la de la huerta” que, según dicen, colocaba una sábana encima de la piedra rajá, para avisar a los carboneros de que venía la Guardia Civil.

Para confeccionar esta modesta columna hemos recurrido a los trabajos de investigación de Yuri Millares, con relatos de los maestros del carbón: Nardo Jiménez y Juan Sarmiento que aparecen en las revistas “Ruta Archipiélago” y “Pellagofio”; también nos ha ayudado el trabajo que aparece en el Programa de las Fiestas de San Bartolomé Tunte-2008, dónde podemos ver los nombres de hasta 18 carboneros y las fotos de ocho de ellos, con su año de nacimiento (todos entre finales del s.XIX y primeros años del s.XX).

Existe una jerga específica y toda una cultura muy larga de contar en torno a este oficio; por ejemplo, como dice Nardo Jiménez: “El fuego allá dentro no camina como llama, sino un fuego lento, como el gas; por eso la construcción de las hoyas debían tener la orientación de mar a cumbre, porque por el día el aire corre para arriba y, por la noche al contrario”.

Valiosa también las aportaciones de Bernardino Guerra González, conocido por Tino que, por ejemplo, nos habla de los sacrificios de los carboneros de entonces que además del esfuerzo que conllevaba el oficio, lo tenían que hacer a escondidas de los Guardas forestales y de la Guardia Civil, pues estaba totalmente prohibido cortar leña y hacer carbón. Y pone especial hincapié en cómo se fabricaba el horno dónde se quemaban las maderas de las cumbres tirajaneras.

 Primero se cortaban los pinos, se pelaban y los troceaban antes de introducirlos en “La Hoya”. La “hoya tendida” era un hueco de un metro de profundidad y 3 ó 4 metros de diámetro; una vez llena de troncos, se cubría con tierra cernida, para que no quedaran grietas por ningún lado. A continuación se prendía con un trozo de carbón ardiendo y se cubrían todos los posibles coladeros de aire, aunque, estratégicamente, se podía dejar algún que otro “machinal”: “No le dejo más que humee un poquito”. Finalmente y, con toda la paciencia del mundo, esperar entre tres y cinco días a que ardiera la hoya; como dice Nardo Jiménez: “El fuego allá dentro camina lento”.

Las hoyas las preparaban en terreno semillano y en “fonducos”, para que no les diera el aire y, sobretodo, para que no estuvieran a la vista de los agentes forestales. Cuando más tenían que estar al acecho era en el momento de cortar, trocear y trasladar los pinos hasta la hoya (muchos fueron denunciados y encarcelados); el trabajo de la quema era de noche y no había peligro que les descubriesen, “el humo de noche no se ve y de día es como si fuera vapor”.

Cuando terminaban de prender los troncos, se desbarataba la hoya, se extendía el carbón y se le daban brochazos de agua para enfriarlo antes de meterlos en sacos: “ensaquilarlos” como algunos decían. Finalmente, se traían al pueblo para venderlos, bien a cambio de dinero o por sacos de papas; el reparto por los pueblos de los alrededores se hacía en burras y, para vender en Telde o Las Palmas, se aprovechaba alguna camioneta. 
 
Aunque en Tunte ya nadie ejerce esta actividad, la perpetuidad de la actividad parece garantizada. La asociación "Chamarusco Carboneros de la Cumbre”, se creó en el año 2004 y surgió a raíz de una serie de iniciativas de la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria.

Este grupo de carboneros, entre los que hay algunos del Término Municipal de San Bartolomé de Tirajana, ha logrado la creación de una marca comercial “Carbón de la Cumbre”, la cual se encuentra registrada en la oficina española de patentes y marcas como producto procedente de las cumbres de Gran Canaria y reseñando que es un producto y un oficio forestal tradicional de Gran Canaria que se viene realizando desde tiempo inmemorial y que, al mismo tiempo, destaca por unas prácticas sostenibles y ecológicas.

BERNARDINO
GUERRA GONZÁLEZ 
-TINO-, 

De los de Tunte de toda la vida, es un incondicional de la cultura popular, del folklore y de las tradiciones canarias. No hay romería que se precie dónde no esté su Carreta que capitanea su hijo Ismael Guerra.

Para esta columna y para la “Bajada del Carbonero Tunte-2015”, Tino se arranca por poesías y ha creado una con métrica y rima muy “sui géneris”, pero poesía al fin y al cabo. Es como sigue:



POESÍA AL
CARBONERO


Por los pinares de Tunte
bajaban los carboneros
con la mirada adelante,
mirando para los pueblos
y cambiaban el carbón
por: papas, carne, ajos o huevos.

En la Degollada de Rosiana
se paraban al acecho
a que pasara Manuel Reyes
y Talavera en sus bestias.

Bajaban por Pilancones
El Ventoso y las Tederas,
Subían por Gitagana, Arteara y Fataga
Camino del Lomo Vera.

En las “hoyas de carbón”
se tiznaban con el hollín
y parecían unos esclavo
que venían de otro país.

Así termina la historia
de los pobres carboneros,
que muchos dieron la vida
Por el hambre y la miseria de su pueblo.