sábado, 28 de marzo de 2020

(4 de 17).- DÍA DE PLAYA


Por Pedro José Franco López.

 

DÍA DE PLAYA

 

La paradisíacas Playas de Maspalomas eran entonces un espacio virgen para el esparcimiento y para pasar el día de descanso. Podemos imaginarnos hoy el disfrute de los grupos de maspalomeros que iban de excursión a estas playas hermosas, inmensas y enteramente solitarias.

El día de playa tenía mucho más el sentido de una excursión dominguera que el carácter lúdico que hoy tenemos del disfrute del mar. Era, sobre todo, un día de esparcimiento y de alegría, de descanso y de comunicación vecinal. Es decir, predominaba enteramente el carácter de convivencia familiar y de vecindad de los escasos habitantes que por entonces moraban en Maspalomas.

Había que ir a caballo o en burro, a través de la carretera de La Charca, a la Playa de Maspalomas o la pista de tierra de la Cantina de "Los Artiles" en Playa del Inglés y, con el permiso previo del mayordomo del Conde. Más tarde, se iba en moto o en la furgoneta que llevaba a toda la familia.

A partir de aquí comenzaba la fiesta. Era un día de excursión de la familia o de los grupos de amigos. Una tienda de lona, instalada junto a la orilla, protegía de los rayos del sol y permitía contar con los elementos domésticos que proporcionaban las mínimas comodidades.

Las familias de campesinos de Maspalomas que accedían a las inmensas superficies de la playa gozaban de ésta en una privilegiada soledad. No había turistas, ni otros visitantes. Las mujeres mantenían su vestimenta habitual, que no se distinguía entre el estar en la orilla del mar o el vivir tierra adentro.

Nadie iba a tomar el sol, sino a pasar un día de ocio y diversión. Ya soportaban demasiado los intensos rayos del sol en sus tareas de labranza a lo largo de la semana.


Agridulce "privilegio".


Cuando chiquillos, los que ahora peinamos canas, o no peinamos nada, ibamos a la playa (en mi caso, a la del Inglés), corriendo por pista de tierra o saltando de surco en surco ó (de camella en camella), hasta llegar al mismo borde del risco, para después bajar a la playa, zinzageando por un estrecha y accidentada vereda.

Y nos encontrabamos con playas desiertas que nos parecían enormemente largas (se hablaba incluso de brujas en las inmediaciones de las Dunas) y bebíamos agua fresca del Chorro.

Después vinieron las casetas de lona (blancas y/o a rayas) y, más después vino todo lo demás.

Pero seguíamos bajando a la playa, pero nos quedábamos al borde del risco, algún turista, bien extranjero o de Las Palmas, nos dejaba algunas monedas por ayudarles a bajar la carga hasta la playa; cuando medio duro -2,50 ptas.-, era todo un dineral.

Ahora vemos como un agridulce "privilegio" el volver a verlas igual de vacías, pero eso sí, las mantendremos en nuestra retina a todo color.

(2 de 17).- EL BOSQUE, EL FARO, LA CHARCA


Por Pedro José Franco López.

 

EL BOSQUE, EL FARO, LA CHARCA

 

Son las imágenes del paraíso: el palmeral umbroso, la laguna de infinitas aves, las dunas moldeadas por las brisas milenarias y el obelisco del Faro, marcando desde su ápice las rutas del sol. La Charca bebía de las cristalinas aguas cumbreras, que afluían por el barranco de Fataga, y de las suaves olas de la pleamar, formando un ecosistema único en el archipiélago.


Verdes exuberantes, azules de ensueño y luminosas superficies de oro, tocadas cada atardecer por los celajes del ocaso. Y el universo sinfónico de las aves canoras que dieron nombre al lugar.

Hernando, el hijo del Almirante Cristóbal Colón fue, en el año 1502, el ilustre notario que registró en su diario de navegante el topónimo "Maspalomas" y, a quién le debemos el que este hito histórico y universal quedara registrado en los anales de la Historia.


A la silueta esbelta de la palmera canaria se añadió en el siglo XIX la pétrea eminencia de El Faro de Maspalomas, un incomparable punto de luz que orientaba por entonces a la navegación, desde la punta meridional de Gran Canaria.

Hoy, el gran centro turístico de Maspalomas es un intenso foco luminoso que proyecta sus atractivos hasta las latitudes polares, pero el Faro continua siendo un hito insoslayable y familiar en el horizonte costero de Maspalomas.

(5 de 17).- EL CAMELLO - EL CAMELLERO


Por Pedro José Franco López.

 

EL CAMELLO, EL CAMELLERO





Durante siglos el Camello fue en las Islas Canarias una herramienta imprescindible en las tareas del campo y en el transporte. Animal de gran fortaleza, paciente y con evidente carácter de sacrificio; el dromedario (Camello),  fue un auxiliar fundamental en la labranza y en todas las labores agrícolas, especialmente en las zonas costeras y mas llanas del archipiélago.

También en Maspalomas el Camello y su Camellero ofrecieron una estampo tradicional y muy característica. Hubo un tiempo en que el Camello resultó ser un auténtico problema para los agricultores maspalomeros y es que pastaban a sus anchas y de forma descontrolada por todo el territorio, causando destrozos en la cosecha.

Para los más pequeños, el Camello era un animal que imponía respeto. Pero, entre el temor y el amor por la aventura, a todos los niños les gustaba que les subieran a la albarda de madera o a pelo.... Un breve paseo en camello era una de las ilusiones mas ansiadas por la chiquillería.

Los Camelleros llegaron a convertirse en personajes entrañables de la historiografía maspalomera: Juanito García, Fernando Franco, Juanito Miranda, Toto Sánchez, Luis Artiles......

Después, cuando el turismo le ganó la batalla a la agricultura y aparcería, fueron ellos mismos los que convirtieron al Camello en incuestionable icono de Maspalomas y en singular atractivo turístico, guiando las caravanas que paseaban -y pasean-  a los visitantes por las dunas de Maspalomas.