Por Pedro José Franco López.
Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.
El
próximo año será cuando se cumplan cuarenta años de la Inauguración de la
Guardería Infantil “Los Dados” pero, visto el lamentable deterioro que tuvo en
los últimos años y el cambio de destino que ha tenido recientemente, acogiendo
en sus instalaciones la sede y los servicios de la delegación para San
Bartolomé de Tirajana de Cruz Roja Española, valga el que dediquemos un espacio
a la exaltación de este edificio.
Antes
que nada manifestemos el que, si gracias a que Cruz Roja Española ha cogido el
edificio de la Guardería Los Dados como sede, lo ha salvado de su total ruina
y, lo que es peor, de la pala del tractor: bienvenida sea. Sin entrar a valorar
en si es el mejor de los usos o destinos.
Lo
que si nos va a ocupar en este espacio es el exaltar y elogiar una de las más
originales obras del Arquitecto Manuel de la Peña (1922-2008), que dejó en
Maspalomas una imborrable huella que, junto a otras muchas en el resto de la
isla, marcó decididamente la evolución de la historia de la arquitectura local.
Así tenemos: el Templo Ecuménico, Bungalows Los Caracoles, el Hotel Folías, el
Poblado de San Fernando (que nada le queda de su idea original), la propia
Guardería Infantil “Los Dados” y, las
lamentables e inexplicables pérdidas de la Iglesia de San Fernando y el
restaurante La Rotonda.
Capítulo aparte merece el tratar
la obra de Manuel de la Peña, con el que Maspalomas (el Municipio de San
Bartolomé de Tirajana) tiene una gran deuda pendiente -ahora, a título póstumo,
claro-. Por expertos en la materia, en su día fue considerado el arquitecto que
representó un hito en la cultura nacional y, desde que firma su primer
proyecto, en 1958, sacude las estructuras estéticas de los principales estudios
de los arquitectos locales.
El
arquitecto Manuel de la Peña concibe el proyecto de la Guardería que le
encargara el conde Alejandro del Castillo, como un ejercicio de puesta en
escala de la arquitectura al tamaño y categorías de los niños, con estos
prerrequisitos bordea el solar con 12 pequeñas arquitecturas y en el interior
coloca dispersas otras cuatro, todas ellas basadas en formas cúbicas de 3,20 m. de lado y alturas variables. Cada
edificio es resultado de adosar de dos a siete cubos dependiendo de los
requerimientos espaciales de cada uso.

El carácter liliputiense de tales
construcciones se enfatiza al establecer como regla que la conexión entre los
cubos se hace siempre desplazándolos a la mitad de cada lado del siguiente, lo
que crea una espacialidad interior con
escalones visuales o fragmentos en los que cabe el juego de desaparecer de la
atención de los otros. Las aulas adoptan todas las posiciones posibles en
planta con los dos o tres cubos de que consta.
En
particular se conciben dos edificios distintos: el de multiusos, en que se
encuentran las dependencias de los profesores, la biblioteca, almacenes, aseos
y dos aulas monopiezas; y el comedor con planta cruciforme. Por último hay tres
pequeños aseos aislados, de forma octogonal, en los tres vértices del patio y
una pieza especial para formar la entrada al recinto.
Pero
lo que siempre llamó poderosamente la atención es la originalidad y arte
arquitectónico del propio edificio. Siempre se consideró una solución
sorprendente por el dispar tratamiento de los volúmenes y la fantasía que
estimulaba en los niños, ya que el arquitecto asocia la irregularidad a la
imagen de los cubos transformados en dados, cada uno de un color y con las
caras cubiertas de puntos y cuyos círculos son ventanas. El efecto buscado es
el de dados caídos aleatoriamente en el tablero en posiciones y asociaciones
debidas al azar. Los tres aseos del patio tienen la forma de un lápiz, con sus
puntas afiladas y completan el particular paisaje infantil el particular acceso
en forma de afilador.
Huelga
decir que la iniciativa de la construcción de esta Guardería la toma el Conde
de la Vega Grande, a la vez que hace de mecenas cediendo el solar y costeando
la construcción. Y, la inauguración como todo por aquellas fechas –a lo grande-
(ver foto), bendecida por el Obispo de la diócesis de Canarias Monseñor José
Antonio Infantes Florido, la asistencia del Gobernador civil de la época Gerona
de la Figuera y, entre varias autoridades, la presencia del conde de la Vega
Grande Don Alejandro del Castillo y del Castillo, acompañado por su hijo Don
Alejandro del Castillo y Bravo de Laguna y de la esposa de éste último Sra.
María del Carmen Benítez de Lugo, acompañados todos ellos por varias
autoridades religiosas, civiles y militares.
La
parte humana y el anecdotario a esta columna deberían ponerla las
Profesoras-Educadoras y personal de Cocina que desfilaron por la Guardería Los
Dados a lo largo de toda su historia. Muchos son los niños y niñas, ahora
adultos, que se criaron e hicieron sus primeros garabatos entre las paredes
fantásticas y mágicas de estos Dados que, independientemente del uso que se le
dé en el futuro, deberían pervivir en el tiempo. Por si hubiera que
sacrificarse también esta obra –algunos ven en este espacio hasta un edificio
que albergue y concentre los Servicios Municipales y las Oficinas Municipales
de Maspalomas-, al menos que sirva esta nuestra aportación, para que quede en
la memoria de los contemporáneos y para conocimiento de generaciones futuras.
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